2 de Septiembre de 2005
Charlie y la fábrica de chocolate de Tim Burton (2005) por Albert Pons
La reivindicación del cuento
Seguramente motivado por ciertos aspectos sociales, más bien pesimistas, entre los que encontramos, la influencia de la televisión y las nuevas tecnologías en los niños, la sociedad del consumo y su vinculación con las clases sociales o la voluntad de superación por nunca ser superado, llevan al conocido director californiano Tim Burton ha utilizar el cine como medio catalizador e invita a los espectadores abrir las puertas a la fantasía y la imaginación.
Como sucede con la mayor parte de su filmografía (Big Fish, Eduardo Manoestijeras, Ed Wood, Sleepy Hollow, El planeta de los simios, …) Charlie y la fábrica de chocolate es una oportunidad más para convertir el celuloide en un paisaje irreal, de ilusiones y crear mundos nuevos fronterizos entre las imágenes fácticas y los sueños.
Muchos son los denominadores comunes que aparecen continuamente en su filmografía, la fábrica de chocolate, con el castillo de Eduardo Manoestijeras, con los mundos ocultos de Big Fish e incluso con los rodajes de Ed Wood; personajes excéntricos y estrambóticos, y quizás lo más importante, la estrecha vinculación de sus películas con los niños y adolescentes. Hay que tener en cuenta que el contacto permanente de Burton con los niños responde más bien a una elección temática personal, que ha una acotación o focalización del tarjet, ya que sus películas siempre se posicionan desde una perspectiva adulta. Como apunta el crítico Àngel Quintana, Burton no deja de ser un adulto que hecha de menos su infancia, por ese motivo sus films no poseen aspiraciones a problemas existenciales, ni un acercamiento poético entendido desde el cine de autor, sino que fusiona la mirada infantil con la rutina adulta para abrir las puertas a nuevos territorios ilusorios. Un rodaje de Burton equivale a la fabrica de chocolate, ya que tanto Willy Wonka como Burton moldean su realidad para crear mundos ficticios y convierten su espacio de trabajo en un mundo especial y mágico que mantiene la infancia en su modo de operar.
Charlie y la fabrica de chocolate es la búsqueda de la infancia de Willy Wonka, un magnate que posee una fabrica de las mejores chocolatinas del mundo, y así surge una interesante comparativa con Ciudadano Kane de Orson Welles, apunte que va como anillo al dedo ya que en síntesis podríamos tratar Charlie y la fabrica de chocolate como una renovación del primer film de Welles, en su búsqueda del trineo Roseboud y a su vez con el mito del país de Nunca Jamás de Peter Pan de Barrie.
Vale la pena resaltar la importancia de la música en este film, que con coros escondidos entre notas en vibrator de violines y sonidos cristalinos que evocan a la niñez y a sueños, su autor, el ya habitual en la filmografía de Burton, Danny Elfman consigue hacer creíble la historia y toma especial protagonismo dentro de la fabrica, ya que los Oompa Loompa, con sus canciones hacen evolucionar la trama del film. Las letras de sus canciones entrarían dentro del guión del film, por ese motivo el autor de Charlie y la fabrica de chocolate, Matilda, James y el melocotón gigante, … Roald Dahl ha colaborado en el film escribiendo las letras de las canciones.
Otros aspectos, como la dirección artística y la fotografía, se encuentran en un estado de brillantez que hablan por si mismos. Manteniéndose en una buena línea, Burton continua su carrera hacia la magnificencia de la imaginación y juzga la exaltación de formas y costumbres actuales que limitan el crecimiento de ella. Abrir la mente a los cuentos, y que cada uno encuentre dentro de su persona las ilusiones, metas y fantasías que le harán ser mejor persona, más tierno, más sencillo y mas querido. Para eso esta Burton, para recordarnos lo bien que lo pasábamos de pequeños cuando nos explicaban cuentos.
Roald Dahl murió en 1990, por tanto no ha podido colaborar en la película.
Burton cogió las letras directamente del libro original.
Nau | 7 de Octubre de 2005 - 05:04 PM