26 de Agosto de 2005
La pesadilla de Darwin de Hubert Sauper (2004) por Albert Pons
Más allá de sus cualidades estéticas, narrativas o de coherencia y equilibrio entre ellas, la novena película del director austriaco Hubert Sauper, reluce y causa admiración por la capacidad de denuncia, de crítica y de indignación, que desprende en esta estremecedora cinta la mirada de su autor. Sin poseer ninguna sólida manifestación de intenciones plásticas, ni en el montaje, ni en la fotografía, Sauper introduce una mirada antropológica, humanista y de denuncia, donde deja latente que el cine no responde tan solo a finalidades educativas o de ocio.
En cierta medida, reutiliza la práctica documental utilizada en la posguerra de la segunda guerra mundial, periodo que el teórico Eric Barnouw describió como el documental fiscal acusador, refiriéndose a los cineastas que filmaron las ruinas, las muertes, los desfiles militares, los hospitales, el proceso de Nuremberg, (…) para más adelante poder mostrar e denunciar lo que pasó, delante de los ojos de incrédulos o conformistas. En este sentido, la riqueza narrativa o la calidad fotográfica, se mantienen al margen, ya que su valor recae en la representación fílmica de unos hechos, y conseguir desarticular y dar vida publica a tramas especulativas y subtramas políticas.
La pesadilla de Darwin, sitúa su acción en Tanzania, concretamente en la industria pesquera del Lago Victoria y los individuos que se articulan a través de esta. A medida que avanza el metraje, Sauper focaliza su atención en los aviones procedentes de Europa que se acercan para cargar pescado. A través de estos aviones descubrirá que la fabrica pesquera no es nada más que una tapadera para el trafico de armas destinadas a las guerras de los países vecinos.
Sin convertir su película en una fiesta videoclipera y de exaltación comercial como sucedió, con buenos resultados en taquilla, en Bowling for Columbine de Michael Moore, La pesadilla de Darwin, utiliza la sencillez y la austeridad narrativa, elección que juega a favor del film ya que visualmente establece una metáfora con la vida en Tanzania, desnudando el film de elementos gratuitos e incluso dando valor a lo que en occidente podríamos nombrar “antiestético”; y por otro lado, al tratar un tema tan indignante y capturar duros paisajes de crueldad, hambre, violencia y manipulación política, no merecen estar tratados con delicadeza visual ni cuidar los puntos de giro en las tramas. El juego sucio, la avaricia del capital, la lucha de poderes políticos, y todo lo que no sabemos porque los políticos esconden, hacen, y deshacen solo se puede servir con suciedad, desprecio, rabia e indignación.
La fuerte carga semántica y de denuncia que posee el film, la aparición del propio presidente de Tanzania y la exposición de todo el procedimiento seguido del trafico de armas de Europa a África, lo convierten en un documento visual, entendido como texto que documenta lo sucedido. De esta manera, se reafirmaría la idea del teórico Bill Nichols quien atribuía al género documental a la acción de documentar. Pero no nos engañemos (por lo menos no del todo), ya que Sauper ha editado el material de cuatro años de grabación en dos horas, suprimiendo secuencias y utilizando elementos de ficción. Además la voluntad de real que desprende el documental se convierte en falsa justo en el momento en que alguno de los entrevistados cobra algún dinero por explicar los hechos o cambia su expresión facial delante del impacto del objetivo de una cámara. Y que lógicamente, no todo lo que documenta es un documental.
Teniendo en cuenta alguna de estas observaciones y añadiendo la frase de Andre Bazin “la cámara oculta más que muestra”, se establece una mirada critica, que personalmente creo necesaria en la aptitud del espectador delante de una película de tal magnitud acusativa, de implicaciones sociales y políticas, que utiliza la magia, la alucinación de sombras y en cierta medida la mentira, que en definitiva es la verdadera identidad del cine.
La pesadilla de Darwin, se consolida como un recorrido por la indignación, la sorpresa, el impacto y la reflexión, a través de un duro acercamiento temático con reminiscencias a los documentales de Werner Herzog o a documentales como General Idi Amin Dada de Barbet Schroeder
Aunque no sea por meritos de su lenguaje cinematográfico es imprescindible que nos acerquemos a la sala de cine para ver este film, que traspasa el celuloide para entrar de lleno en el mundo de las ideas y que sin duda no dejara indiferente a nadie.
A mi me parece un gran documental, el otro dia lo dieron por TV2 y me quede sorprendidisimo del grado de implicacion del director en una trama tan eliptica como la que se encuentra la peli.
En mi opinión pelicula obligada de ver.
esteve | 30 de Diciembre de 2006 - 05:51 PM