11 de Marzo de 2005
Kinsey de Bill Condon por Albert Pons
Si centramos la atención en las últimas producciones norte americanas que últimamente han llegado a las pantallas españolas, es inevitable establecer referencias y/o paralelismos entre el denso número que parten de la biografía como denominador común, y que ponen de manifiesto las intenciones de la industria hacia un acercamiento al género del biopic. Desde El aviador de Scorsese, con el productor y director Howard Hugues en el punto de mira, hasta Kinsey, han pasado Alejandro Magno en Alejandro Magno, J.M Barrie en Descubriendo Nunca Jamás y Ray Charles en Ray; en un periodo aproximado de tres meses. Este pequeño ciclo, que sigue los pasos de Freud de John Huston, Rembrand de Alexander Korda, (…), parte en su esencia, de un acercamiento al cine de la no ficción, teniendo en cuenta que se consolida como la reconstrucción de hechos reales y que a su vez, el espectador digiere la historia en un friso pseudo histórico a diferencia de cualquier obra de ficción respaldada en la fantasía o el imaginario ficticio.
Albert Pons Martinez
En consecuencia, en el caso de Kinsey, su director i guionista Bill Condon, realizó un inicial proceso de investigación sobre el zoólogo y biólogo norte americano, autor de varios tratados sobre sexología, Alfred Charles Kinsey. Esta, influyó directamente, condicionado la elección de su protagonista Liam Neeson hacia la búsqueda del máximo mimetismo posible y, a su vez, articular las tramas argumentales del guión, subordinado a cierto rigor de fidelidad con la vida del Dr. Kinsey. Así, parte del merito artístico del guión del film, surge en la elección de los momentos de la vida de Kinsey, que Condon articula, teniendo en cuenta la carga dramática y el filtraje de su mirada (aspecto más discutible debido a los pocos elementos autorales que posee). Estos, narran la evolución de un amante de la naturaleza que con el tiempo es contratado para dar clases de biología en la Universidad, allí se topa con una alumna Clara Mc Millen (Laura Linney) que juntos descubrirán los placeres del sexo en una etapa donde es concebido como tabú. Kinsey recibe una subvención de la Fundación Rockefeller que le convertirá en un científico del sexo y empezará a destapar tabúes.
Desde 1987 que Condon realizó su primer film Sister, sister, su trabajo ha estado vinculado principalmente a la televisión, donde ha realizado varias telemovies i episodios para series. En 1998 realiza Dioses y monstruos, un biopic, sobre el director James Whale, que tubo cierta aceptación en nuestro país.
El padre de Kinsey (John Litgow) quiere que su hijo sea predicador y deje las cuestiones científicas, y este es el principal obstáculo para los objetivos de libertad y compromiso de Kinsey, en realidad, el único punto de interés dramático del film, teniendo en cuenta que los siguientes obstáculos repercutirán en las dificultades para hacer el amor, debido a una inversión de tamaños genitales, y el menosprecio de la sociedad por su manera de afrontar el sexo, y como consecuencia, el fin de la subvención para su estudio. Estos, se solucionan sin mayor transcendencia que una visita al medico e ignorar la sociedad por convicciones personales. Como pasaba en Shine de Scott Hicks (1996), otro biopic sobre el pianista David Hasselhorf, la figura del padre supone una carga para Kinsey, aunque Condon centra el interés en sus hazañas científicas, elección que repercute en la idea final del film, ya que al no aclarar nada en relación al sexo, introduce con calzador un epilogo dedicado al amor, rompiendo el tono temático de la cinta. Este final, con pretensiones de contentar a todos, sin que Condon se posicione, es el que por si mismo destroza las aptitudes y objetivos del film, ya que el espectador no sufre una transformación o catarsis que le lleve al aprendizaje o a la moraleja. Por otra parte, el estilo conservador del film no coincide con el mensaje libertino y anárquico que Kinsey predica. Técnicamente se encuentra en un estado de neutralidad, cercano a la artesanía hollywoodiense, donde la fotografía y la dirección de arte firman un pacto clasicista sin muchas pretensiones, más que las de ambientar el film en determinada época y resaltar la pajarita característica de Kinsey. Debido a la concentración de tiempo de la trama del film, desde que Kinsey es pequeño hasta sus últimos años, el montaje luce más, subraya los momentos que sustentan la trama i agiliza cuestiones puramente ilustrativas, como las encuestas a los estudiantes, donde realiza sobreposiciones, …
Kinsey se muestra como un film para distraer, entretener con sutilidad y con toques de humor, pero no desarrolla su idea, ni consigue transmitir nada de nuevo al espectador. Da la sensación que sus autores se han aprovechado del sexo, como elemento comercial, utilizando la excusa de narrar la historia de un científico, con lo que contradicen el discurso sexual de Kinsey y el repaso por su vida se convierte en una gratuidad absoluta, para conseguir unos dineritos de los espectadores que indecisos se acerquen a la taquilla para ver Kinsey.
hola
existe algun libro publicado por ALBERT KENSEY aqui en Mexico mejor dicho en alguna libreria y que costo tiene
cindy heredia | 7 de Abril de 2005 - 05:03 AM