Junio 03, 2009
Cambio de chip
He leído bastantes libros de psicología, de diversos autores y diversas corrientes. Y en todos o casi todos encuentro la misma coincidencia: el cerebro es un ordenador, super sofisticado pero ordenador al fin y al cabo, con sus programas, sus rutinas, sus aplicaciones que saltan cuando hay un suceso determinado, sus bugs... Y, como en un ordenador, es posible borrar programas e instalar otros.
La diferencia està en que no es tan fácil descubrir qué programas deben cambiarse, dónde encontrar los nuevos y cómo realizar el proceso. Según la Programación NeuroLingüística, se hace en un pis pas. Según otros, es más lento y requiere mucho voluntad. Pero, sea como sea, es posible.
La mayoría de los programas que tenemos en la cabecita son o se basan en creencias. Algunas de ellas son inhabilitadoras, lo que significa que nos bloquean en algunos aspectos de nuestra vida. La teoría es fácil: hay que detectarlas y cambiarlas por otras. ¿Pero cómo?
Imagina que un día descubres que tu yo es en gran parte asocial y que no te gusta tal como es. El siguiente paso será pensar en qué creencia se basa este comportamiento, que estará afectando posiblemente a buena parte de los programas de tu cerebro. La creencia puede ser: "El mundo es hostil". Ahora la tarea se divide en dos partes, que son complementarias:
1. Descubre, recordando, cuándo entró en tu computadora la creencia de que "El mundo es hostil". ¿Sucedió algo? ¿Fue una cadena de acontecimientos? ¿Dónde? ¿Cuándo? Rememora aquel día o momentos. ¿Quién estaba contigo? ¿Realmente todo el mundo es hostil o lo fueron en aquel instante preciso unas personas precisas de las que incluso puedes suponer el por qué de su comportamiento? En resumen: desfragmenta la creencia para que el frío análisis pueda poner las piezas en su sitio y restar potencia emotiva a la creencia.
2. Inventa una contra-creencia. Por ejemplo: "El mundo es acogedor". E instálala en tu ordenador. Puede ser mediante la repetición, con técnicas de meditación... Cada cual conoce qué le va mejor o encuentra en el camino sus métodos.
La mayoría de creencias que tenemos instaladas en el cerebro entraron en él cuando éramos niños, a través de los padres muchas de ellas (no critico con esto a los padres, que no hacían más que repetir lo que a ellos les habían instalado los suyos). Cuando las revisitamos ahora, de mayores, nos damos cuenta de que seguimos vistiendo con ropas talla 3 años, cuando tenemos 30. Que buena parte de nuestro mundo no es ni nuestro, sino de quienes nos inculcaron estas creencias. Y que vivimos, trabajamos y amamos en base a creencias adquiridas desde unas mentes infantiles.
Lo más difícil, para mí, no es cambiarlas sino detectarlas. Explorar cada uno de mis comportamientos y preguntarme el porqué, de dónde sale, de qué creencia. Requiere una atención y voluntad muy fuertes porque están tan imbuidas en mi día a día que se confunden, se esconden, es como mirarse a un espejo con los ojos cerrados.
Un truco para sacarlas a la luz es preguntarte: "¿Cuál es mi sueño incumplido?". Y acto seguido: "¿Cuál es la creencia que no me permite alcanzar mi sueño?". Y zas, la pillas. Puede ser algo que te parezca absurdo, como que en tu casa siempre se dio por hecho que quien ganaría mucho dinero sería tu hermano, y así lo acataste, creyendo que tú nunca sabrías ganar dinero y dedicando tus fuerzas a poner esta creencia en práctica. O que no está bien alzarle la voz a nadie y así estás, que jefe y amigos se chotean de tí. O que los hombres no lloran ni acceden a su zona de los sentimientos. O que las mujeres deben tener pareja para ser consideradas plenamente mujeres.
Si os gusta el juego, simplemente plantaros delante de los anuncios de la tele e id apuntando el montón de creencias, falsas creencias, destructivos virus que nos instalan o sincronizan con las que ya tenemos instaladas.
