20 de Mayo de 2008
La Sombra
Es bien, bien que de la Vida se puede aprovechar todo. Ando estos días leyendo un libro apasionante que me regaló un buen amigo, un clásico: "La enfermedad como camino".
No lo he acabado aún, es de esos libros que hay que leer despacio, pero más o menos va de lo siguiente: lo que llamamos enfermedades son en realidad síntomas de "enfermedades psicológicas", de que algo no está bien archivado en nuestro coco, de algo inconsciente que quiere salir a la luz y, como conscientemente no le dejamos, se manifiesta a través de lo que llamamos enfermedad. Sería, explicándolo a un nivel muy basto, lo que conocemos por enfermedades psicosomáticas.
Vivimos en un universo dual: luz-sombra, día-noche, sí-no. Cada vez que hacemos una elección, desechamos a su contrario. Por ejemplo, si decido que soy delgada, estoy desechando el "soy gorda". Pero lo desechado no desaparece sin más. Se va a la basura y se queda allí, en el inconsciente, hasta que no le demos al "Vaciar papelera". El problema es que no nos damos cuenta de que la papelera se va llenando y jamás le damos al Vaciar.
Todo lo allí acumulado sigue viviendo dentro de nuestro sistema, en nuestra sombra-basura, sin que seamos conscientes de ello. Y hay cosas que un día van, explotan y tenemos la enfermedad. Sé que puede ser difícil de creer a los ojos escépticos, que respeto. Pero tiene su lógica a los míos.
Por tanto, la forma de curarse en salud es saber qué anda por tu basura-sombra. Escanearlo, detectar los ficheros allí guardados y decidir cuáles queremos recuperar (porque las condiciones han cambiado respecto al día que los desechamos) y cuáles preferimos eliminar completamente.
Porque no todo lo que mandamos a la basura-sombra son cosas "malas". Pudimos mandar allí el instinto de matar, pero también cualidades "buenas" que, en su momento, no nos servían. Por ej: la sociabilidad, cuando no nos sentíamos a gusto con un grupo social determinado y lo mejor para nuestra supervivencia era ser a-sociales.
Ahora bien. El problema de la basura-sombra es que no es tan fácil ver lo que hay allí. No es suficiente con hacer un clic encima de un icono. O sí... si el icono son las otras personas. Me explico: sólo vemos nuestra sombra cuando se proyecta en las otras personas. Igual como sólo vemos nuestra cara cuando se proyecta en un espejo. ¿Y eso que significa?
Las personas que nos caen mal porque sí, sin que nos hayan hecho ningún daño, nos caen mal porque en ellas proyectamos algo que hemos mandado a la sombra. Ellas nos devuelven la imagen de aquello que nosotros, en su momento, decidimos que era malo. Esto funciona especialmente bien cuando tienes pareja, con tu familia o tus amigos, las personas más cercanas y a quienes conoces más.
Por ejemplo, odias a una persona que tiene un gran ego, sin darte cuenta de que te está devolviendo tu propia imagen, de alguien con un gran ego que no quiere reconocerlo y es, por tanto, un comportamiento inconsciente. O te cae mal alguien porque gana un pastón y tú "pasas de esto" pero, en realidad, te gustaría tenerlo.
De esta Vida se aprovecha todo, cada día me doy más cuenta, todo pueden servir para el aprendizaje. Incluso las personas que te caen mal. Así, cuando le tengas manía a alguien pregúntate qué te está mostrando de tí, que no ves.
Durante años, de modo periódico, me maltrataba una enfermedad que nadie sabía de dónde venía, ni qué podía causar aquellos síntomas. Bromeando, decía a mi mujer que notaba que me iba a venir la regla, porque solía atacarme aproximadamente cada mes. Me hicieron decenas de pruebas que no arrojaban resultado alguno. Me sometí a tratamientos muy desagradables y tuve que soportar la elocuente mirada de algunos grandes especialistas, que por educación no se atrevían a llamarme lo que pensaban de mí. Pero los dolores eran físicos y reales, muy reales. Tanto, que una médico (que fue quien únicamente se acercó al problema) con la que hablaba en una ocasión me llegó a decir que le resultaba llamativo lo bien que conocía y describía mi dolor.
Hasta que fui descubriendo una cierta pauta entre lo que me pasaba en mi día a día, las crisis y su intensidad. No fue sencillo descubrirlo, porque los dolores no desaparecían cuando esas causas externas no existían. Y no es sencillo describirlo, pero determinadas situaciones, cuando se acumulaban, desembocaban en un achuchón mayor de lo normal. Y además, había determinadas maneras de enfocar según qué cosas que me hacían daño o me agotaban; pero en lugar de lidiar con ellas, las dejaba en segundo plano y las ignoraba. Cuando había acumulado suficiente de ello, mi cuerpo me lo decía, y de qué modo.
Años después, aún tengo alguna pequeña crisis, nada comparado con aquello. Habrá quien me lo discuta -y no se lo discutiré yo-, pero tengo claro que nuestro organismo se ve influido por nuestra mente de modos que a nuestros médicos se les escapan, y que somos bastante más cosas que células y fluídos. Y que es importante saber que los pensamientos se solidifican, pesan y se vuelven físicos, aunque los únicos que podamos notar ese peso y sus efectos seamos nosotros mismos.
Saludos, perdón por la extensión.
neogurb | 20 de Mayo de 2008 - 07:50 PM