6 de Mayo de 2007
Adiós, copia, adiós. Reflexiones sobre el copyright III
Antes que nada, quiero rectificar un adjetivo que usé para calificar a la industria de la cultura. La llamé el enemigo y no me gusta este adjetivo porque implica una confrontación. Más bien, es la responsable de lo que le está sucediendo no sólo a la cultura sino también a ella misma. Si de alguien es enemiga la industria es de sí misma.
Y ahora sí empiezo el post propiamente dicho, que podría haberse titulado: Ni copyright, ni copyleft. Adiós, copy, adiós.
Salimos de las aguas del gran río y nos metemos en el pequeño que, a pesar de su menor tamaño, está lleno de rápidos, diversidad biológica e increibles posibilidades que ahora mismo ni vemos. Lo alimentan múltiples arroyuelos que van a alimentar también unos cuantos posts. Entramos en el nuevo mundo, donde conseguir hacer surf sobre sus olas ya es de por sí un gran logro. Concentración, abrir la mente, poner en duda todo lo aprendido y aceptar cada una de las piedras de su lecho.
En la transición entre una corriente y la otra veo que se pierde algo: la copia.
Desde su nacimiento, allá en las montañas arquetípicas de la imprenta, el viejo río vive de vender las copias de las obras culturales (de más cosas, pero me ciño a esto). Hay unos señores y señoras que tienen las herramientas para hacer estas copias y venderlas a la gente, la gran mayoría, que no tiene acceso a estos canales. La tecnología, como ya se ha dicho muchas veces, democratiza la realización de las copias: puede hacerlas cualquiera, a un coste bajo y de forma rápida y anónima. Se rompe el monopolio.
Pero no es sólo eso. Ni tampoco la demostrada hasta el momento inutilidad de las tecnologías de protección de la copia (DRM). Es que, simplemente, desaparece el concepto de copia. Y desaparece por tanto el concepto de cobrar por copia. ¿Entonces, de qué van a vivir los y las autoras? Ya lo pensaremos. De momento, quiero explicar mejor eso de que desaparece la copia.
Cuanto tengo un CD, un vídeo, un libro, la reproducción de un cuadro de Van Gogh en las manos, sé, siento de alguna forma interna, que tengo en mis manos una copia, una de las más o menos copias que se han hecho de un original.
Cuando descargo un disco, una película, el .pdf de un libro por Internet, no tengo esta sensación. No siento que me he bajado una copia de tal canción. Siento que me he bajado la canción, la película, el libro. Desaparece la separación entre original y copia. Todo es el original, como si se tratase de una fuente, de un flujo del que tod@s bebemos, pero siempre el mismo flujo, la misma fuente.
Es algo cuántico.
La obra es como la partícula que puede estar a la vez en múltiples sitios.
No son copias de la partícula: es la misma partícula.
Desconozco si, aparte de ser una sensación, esto puede explicarse en términos técnicos. Quiero decir: si son los mismos bits o cómo funciona.
El dibujo que se me ocurre para explicarlo sería el siguiente:

Tu sensación es acertada. La explicación es que la cultura es un bien inmaterial, como la historia o la ciencia. Por eso es absurdo comparar el compartir música con robar un bolso. La señora se queda sin bolso, pero yo no me quedo sin música si la comparto contigo. Y menos todavía ahora, que tenemos conexiones wifi (y próximamente wimax) públicas.
La industria tradicional basa el negocio en el soporte físico, pero parece que las empresas que venden música online están teniendo éxito, como Apple, a pesar de que incluso ellas intentan restringir todo lo posible la inevitable difusión de la música (DRM).
Es como si no quisieran darse cuenta de que la difusión descentralizada es inevitable.
De todas formas, no me cuadran las quejas de la crisis y muerte del negocio (Bisbal diciendo que por favor compremos su disco para que no se muera la música) y el hecho objetivo de que las sociedades de gestión baten récord de beneficios año tras año.
Un intento similar de restringir la naturaleza libre de los bienes inmateriales son las patentes de software.
jose | 7 de Mayo de 2007 - 02:07 AMCuanto daño ha hecho operacion triunfo... y ademas de verdad.
pinger | 7 de Mayo de 2007 - 11:04 PM