1 de Mayo de 2007
El río grande. Reflexiones sobre el copyright II
Para entender a dónde vamos hay que saber de dónde venimos. Así que procedo a describir cómo funciona la actual industrial cultural en relación a los autores (hasta donde sé). Sería el río grande del dibujo que presenté en la primera parte de esta serie de reflexiones:

Debería empezar remontando este río y analizando de qué han vivido los artistas a lo largo de la historia. Seguro que de soluciones anteriores se podrían encontrar ideas que rechazaron los sistemas que se implantaron después de ellos y que a lo mejor podrían servirnos. Pero lo dejo para más adelante porque no tengo conocimientos históricos sobre este tema, aparte de la ya conocida figura del mecenas del Renacimiento. Los buscaré y también agradeceré toda información histórica que queráis aportar.
En cuanto a la situación actual de la industria cultural en relación a los autores, dos precisiones. La primera es que mi análisis no pretende cargarse lo que ya existe sino observar qué no funciona, para tirarlo a la basura, y qué sí funciona, para conservarlo, pues ninguna revolución tira para adelante si niega la sabiduría de los abuelos.
La segunda precisión es que me baso en mi propia experiencia. Hay muchos tipos de artistas: pintores, escultores, escritores, músicos, actores, etc. Asimismo, generan muchos tipos de obras, algunas de fácil digitalización y copia y otras no, como puede ser una escultura. Asimismo, las soluciones para cada tipo de obra serán distintas pero la esencia, que es lo que estamos buscando, será la misma.
Mi experiencia es la escritura. Mi producto el libro. Y mi industria la editorial. En estos momentos, el libro está entre la escultura y la música: es posible su digitalización y la copia es más o menos fácil, pero a diferencia de la música o las películas no es cómodo aún consumir el producto en un ordenador o en fotocopias, sigue necesitando un soporte físico. Lo veo como un híbrido y ya me va bien, porque así la reflexión no se queda en los extremos.
Procedo pues a explicar cómo funciona el río grande con el ejemplo del mundo de los libros, que más o menos es el mismo de toda la industria cultural.
Para tener un libro que lleve tu nombre, puedes seguir dos caminos:
1. Hacerlo tú misma: pagar la impresión, los ejemplares, distribuirlos y recoger los beneficios. Esta solución se parece mucho a algunas propuestas de los navegantes del río pequeño y la analizaré en el próximo capítulo.
2. Dar tu obra a la industria cultural y dejar que siga los cauces tradicionales. Me centraré en esta opción.
Para acceder a la industria cultural primero debes, efectivamente, ACCEDER a ella. Se me ocurren diversas vías:
-Premios literarios. Lo bueno es que hay muchos para escoger y algunos con premios suculentos. Lo malo es que los hay que están amañados, que premian a autores que ya tienen un nombre y por tanto el premio deja de tener la función de descubrir nuevos talentos y que, en general, premian el continuismo y lo comercial. No difieren mucho de lo que es Operación Triunfo a la música. Los genios y el arte de verdad no ganan premios literarios. No al menos cuando están empezando.
-Hacerse un nombre por otras vías, normalmente el periodismo. Creo que era Truman Capote quien decía que todo periodista tiene una novela guardada en el cajón. El problema entonces es sobrevivir y conseguir hacerse ver en el mundo del periodismo. Toda una odisea que, muchas veces, no tiene nada que ver con que seas un genio de la literatura.
-Por enchufe. Sin comentarios.
-Enviar textos y más textos a las editoriales. Esto es parecido a los premios literarios: escogerán a quien sea comercial. El genio se queda en la puerta.
En resumen, el primer escollo para el autor es ACCEDER al consumidor de cultura. La mayoría de vías dependen de lo que interese a la industria, que ve el arte como un producto cultural. Debería haber otras vías de acceso y depurar las ya existentes que resistan una depuración.
Cuando el autor o autora ha conseguido acceder a la industria, el siguiente paso es PUBLICAR su obra. Para empezar, se firma un contrato que más o menos es siempre el mismo: el autor percibirá alrededor del 7%, a veces menos, a veces un poco más, de las ventas. Esto significa que, para la industria, LA CREACIÓN SIGNIFICA SÓLO EL 7%, mientras que poner el libro en papel, hacer las copias y distribuirlas significa el 93%. ¿Es sólo a mí que me parece raro?
Cualquier dinero que reciba el autor, para escribir el libro, editarlo, etc, será siempre en concepto de adelanto por este 7%. Las presentaciones del libro y el tiempo gastado con ellas van a cargo del autor. La editorial no paga absolutamente nada al autor. Repito: el 93% del precio del libro se dedica a ponerlo en papel y distribuirlo por las librerías.
Así, de un libro que le cueste al lector 20 euros, 18,6 euros son para la editorial y la librería y 1,4 euros son para el autor.
Queda claro para mí que la editorial es un vampiro. Un intermediario del que es precioso prescindir, a no ser que se recicle. La industria cultural es el enemigo, el único enemigo de verdad, la sombra que se oculta y realiza sus tejemanejes a través de todos los que creemos enemigos y no son más que sus marionetas. La industria cultural es el auténtico pirata y el auténtico responsable de la muerte de la cultura.
Pero también tiene cosas buenas y son las funciones que realiza: poner el libro en papel, centralizar su promoción y su distribución. Y, si estamos de acuerdo en que la industria debe desaparecer tal y como existe hoy, hay que pensar quién llevará a cabo estas funciones y cómo. Funciones que no son moco de pavo, aunque no cuesten ni de lejos el 93% del valor de la obra. Funciones que, digo ya de entrada y lo hablaré en el próximo capítulo, no estoy segura de que deba asumir el o la artista.
Por último, queda el tema del CANON. Para completar el círculo, el artista se apunta a su correspondiente entidad gestora de derechos de autor. En el caso de los libros es CEDRO, que funciona de forma más o menos decente, paga a todos sus asociados, quienes están contentos con ella, e incluso les da una especie de seguro médico que consiste en pagarles el 75% de los gastos médicos que no superen los 600 euros en un año. Parece genial y el artista piensa: -Pues que viva el canon.
Aquí, los problemas para el artista no son económicos sino de corte moral. Es buena la idea de que exista una especie de Monte de Piedad para artistas, pagada por los consumidores de su arte, sea a través de pagar un poco más por los reproductores que permiten hacer copias de las obras, sea como sea. Es buena si, después, el consumidor ya no tiene que pagar nunca más por la obra. Pero, en el río grande, las cosas no funcionan así.
Los problemas de las entidades que gestionan lo que pagan los consumidores por los derechos de copia privada son diversos:
1. La corrupción: hay entidades que pagan a sus asociados y son más o menos transparentes, pero otras no.
2. Sean corruptas o no, estas entidades adolecen de un importante defecto: la injusticia de cobrar a todos por la SUPOSICIÓN DE QUE HARÁN COPIAS con aquel reproductor. Ejemplo: una máquina de fotocopias en una facultad es muy posible que copie muchos libros. Una máquina de fotocopias en una oficina es muy posible que pase su vida útil fotocopiando de todo menos libros. Es, por tanto, un sistema basado en la injusticia.
3. Y es injusto también porque, para cobrar el canon, el autor o autora debe meterse en la piscina de esta industria cultural que se aprovecha de él o de ella. Que yo sepa, no puedes apuntarte a CEDRO porque publicas cuentos en tu página web. Debes haber publicado tu obra en una editorial. CEDRO es, pues, una parte de este engranaje que mata el arte.
4. Por último, es más que injusto lo que está pasando con el cobro del canon en las tiendas. Es impresionante y no puede cogerse por ningún lado que se les pida con carácter retroactivo un cánon que aún no está fijado. ¿Qué deben cobrar entonces? Es más surrealista de lo que cualquier artista surrealista jamás pudo soñar.
Acabo aquí el análisis del río grande. He tirado a la basura lo que creo que mejor no volver a verlo y rescatado algunas ideas que creo debemos conservar de los abuelos.
En el próximo capítulo haré lo mismo con el río pequeño, o sea copyleft y derivados adaptados a la cultura.
Mercè a las 02:11 PM | Referencias 0¿Leiste «Manual de uso del copyleft»? Yo lo he leído hace poco, es interesante si no los has leído aún (incluso si ya eres iniciada en la tarea). Como todo buen copyleft se puede descargar de su web, aunque si prefieres el papel lo puedes comprar en Traficantes de Sueños (yo lo hice, no soporto leer un libro en la pantalla).
No tengo mucho tiempo para comentar lo que dices, pero estoy de acuerdo en casi todo. La asunción de que unos pocos crean y los demás consumen es profundamente hiriente. Yo también soy autor, todos lo somos, tengamos o no tengamos un ISBN que nos respalde.
¡Saludos!
Versvs | 2 de Mayo de 2007 - 03:16 PMPensaré en ello. Gracias :)
Mercè | 2 de Mayo de 2007 - 05:13 PMRealmente ese libro es muy aclaratorio, por ejemplo en la duda que planteas sobre como se han financiado los artistas a lo largo de la historia.
No existen soluciones anteriores y nunca se ha rechazado ninguna idea anterior... En realidad los los artistas viven hoy en día de lo mismo que han vivido siempre.
El mas importante y mas extendido es la autofinanciación, pero por supuesto, no es el mas deseable.
Al papel de mecenas (que aún existe, no es solo renacentista), al que podemos añadir hoy en dia las instituciones públicas, a través de becas, concursos, encargos, etc...
Otro factor importante para un artista es "ser conocido", esto implica mas encargos, tus obras son mas valoradas, el artista es contratado para charlas , conferencias....
Por supuesto esta la venta de sus obras, directamente al público o a través de galerías o editoriales, Este medio de financiación depende mucho del anterior y del acuerdo con estos intermediarios que haga e lartista.
por último están las entidades de gestión pero ¿son realmente necesarias?
Yo digo que NO. Estoy totalmente a favor de que a los artistas se les compense con un Canon por copia privada, pero esta labor no debe ser llevada por una entidad privada de intereses poco claros, y los beneficios se deben repartir de manera justa y eguitativa.
Versvs: Sobre tu aseveración, muy extendida por cierto, de que todos somos autores, no la veo clara.
La red permite que haya más autores o que estos tengan más visibilidad, así como con la llegada de la imprenta debían decir "Ahora todos somos lectores, o todos podemos leer, por fin". Pero las cifras de lectores hoy en día, 600 años años, no son del 100% de la población ni de lejos.
Tampoco en el caso de los autores -ya no digo artistas- en Internet. La palabra "lurker" (mirón) no se inventó porqué sí. En los foros y listas de correo ya está asumido que la cantidad de gente que participa no sobrepasa el 15% de suscrito@s, como mucho. Algo parecido leí el otro día en Microsiervos, sobre la participación en la web 2.0:
"Se confirman los altos ratios de lurkers, gente que sólo mira pero no participa, en ocasiones hasta el 90% de los visitantes".
http://www.microsiervos.com/archivo/internet/usos-web-2-0.html
Mercè | 10 de Mayo de 2007 - 02:33 PM