2 de Agosto de 2006
Mis Curiosidades Literarias: Chari
Siempre me apetece escribir en las noches de verano. Algo habrá en el aire, las estrellas, los árboles, no sé. Fue una noche de estas cuando escribí mi primer y único cuento en castellano: Chari. Un cuento corto en hipertexto.
No suelo usar las vidas de otras personas para inspirarme en mis cuentos, bastante tengo con mi imaginación y el hecho de que ya escribo sobre otra gente en el trabajo, ¡no haré lo mismo cuando escribo por gusto!
Pero esta vez fue diferente, porque me lo pusieron a huevo...
Estaba en un balcón, probando un portátil, cuando oí a una vecina hablar con otra, en una terraza cercana. Le explicaba una historia, nueva para ella y vieja para todas las mujeres. De verdad que no quería, pero estaba tan cerca que no pude evitar escuchar y, de verdad que no quería, pero mis dedos empezaron a volar por el teclado, tomando notas, como si estuviese en una rueda de prensa.
Justo aquellos días, acababa de leer un libro que me había impactado: "Mujeres que aman demasiado". Me había visto reflejada y, aunque el libro repetía que lo que contaba era algo que les pasaba a muchas, muchas mujeres, me sentía el único monstruo del universo. Chari vino a mi rescate para decirme que no estaba sola.
La tesis de "Mujeres que aman demasiado" es que hay mujeres que han nacido en familias disfuncionales (el 90% lo son) donde el padre está ausente, se escapa de sus responsabilidades y/o es un inválido emocional (muchos hombres lo son, producto de la educación, que no les permite mostrar las emociones). Estas mujeres, cuando son niñas y adolescentes perciben que su padre "no las quiere" porque no sabe demostrarles su amor, o no lo demuestra como ellas querrían, o como está estipulado socialmente que se demuestra el amor. En resumen, crecen sin el amor de su padre. Y pasan dos cosas, entrelazadas:
1. Al ser el padre la primera figura masculina y modelo de hombre y pareja con qué topa la niña, crece pensando que los hombres son así y, cuando le toca buscar pareja, "naturalmente" tiende a sentirse atraída por hombres como su padre: lejanos geográfica o emocionalmente, a veces maltratadores psicológicos o físicos. Hombres que no pueden o no quieren quererla. Por supuesto que esto crea dolor, pero mientras ella no sea consciente de que tiene su cable de la atracción conectado al sitio incorrecto, de que está programada de forma errónea, no puede hacer más que darse de cabeza, una y otra vez, contra la misma bombilla, cual mariposa nocturna.
2. Lo sepa conscientemente o no, la niña crece con un trauma: que su padre no la quiso (es discutible, pero a ella así se lo parece). En el mundo de los niños, las hadas, los dragones y la magia son lo más natural. Y, cuando la mujer intenta resolver su trauma infantil, lo hace usando las herramientas de la niñez, concretamente la magia simpática. Este tipo de magia dice que, haciendo una acción concreta, puedes provocar la misma acción a otro nivel. Por ejemplo: mojarle la cabeza a un muñeco, para provocar que caiga la lluvia sobre nuestras cabezas.
La magia simpática que intentan hacer muchas mujeres en todo el mundo es la siguiente: buscan a un hombre que sea como su padre, alguien que no pueda o no quiera amarlas. Lo encuentran fácilmente, pues están "programadas" para ser atraídas por ellos y, a su vez, atraerlos. Entonces, el toque mágico consiste en cambiar a este hombre, conseguir que las ame y, de esta forma, por simpatía, resuelven el trauma que empezó con su padre.
El error en esta solución es que la gente no suele cambiar. Y definitivamente no cambia porque otra persona la obligue. Por tanto, ya tenemos el drama: ella quiere que cambie, él no quiere, quizás se lo prometa o haga amagos para que se calle, pero no cambia, la cosa va subiendo de nivel, a veces decide tener hijos para, inconscientemente, intentar así convertirlo en un "buen" padre, entonces el lío es monumental, aunque soterrado, pues ambos han aprendido en sus respectivas familias disfuncionales a no admitir que tienen un problema. Si hay hijas de por medio, ya tenemos a nuevas niñas programadas. Y etc. Cuando la cosa va a mucho, la mujer puede acabar saliendo en las noticias, con el aséptico título de "víctima XX del maltrato doméstico".
Por supuesto, nadie va a preguntarse las causas.
Si consigue separarse, es muy probable que caiga en el mismo comportamiento con otro hombre. La autora lo califica de adicción y lo compara con las fases del alcoholismo. La mayoría de mujeres consiguen llevarlo de una forma más o menos estable, con pactos implícitos y enrevesados con sus parejas, convirtiendo sus vidas en desiertos emocionales, remedos de lo que es el amor auténtico. Algunas consiguen localizar el "bug" y salir del infierno, con una contraseña: Aceptar. A sus padres, a ellas mismas y a todo el marrón que tienen montado.
Chari no sabía nada de esto. Era su primer o segundo amor de juventud y no hay nada más trágico en este cuento que su corazón roto... Su fuerza reside en que es arquetípico.
Espero que os guste y que los señores tomen nota :)
Mercè a las 04:17 PM | Referencias 0Genial. Lo que siempre me temia, por fin tiene una respuesta clara. No me extraña pues ke los tios cabrones liguen....
;P
Si es ke se tiene programado...Pero....¿cual es la razon por la que los tios somos esteriles emocinalmente?
Con esa respuesta, tb los tios saldremos del "bug"
Saludos
Exivan | 2 de Agosto de 2006 - 06:56 PMPues no tengo una razón tan sistemática: la educación, la sociedad machista que no admite que el hombre pueda estar en un error y por tanto no le anima a admitir y buscar sus vulnerabilidades, el mito del macho sin sentimientos y dominante, el hombre ancestralmente cazador, que donde pone el ojo pone la bala, lo que significa una consciencia muy enfocada hacia sus objetivos personales, pasando sin darse cuenta de la gente que tiene a su alrededor...
Quizás si buscas la razón, te encuentras a ti mismo :)
Por cierto, que este bug femenino lo sufren también hombres, al revés: la madre no les presta atención y persiguen a mujeres que pasan de ellos.
Mercè | 3 de Agosto de 2006 - 11:41 AMAnotado.
La otra parte de la historia es cómo llegan (llegamos) los hombres a esa invalidez. De igual modo que en nuestra adolescencia y en nuestra juventud nos enfrentamos a nuestros padres para afirmarnos, acabamos repitiendo sus costumbres y emulando su forma de vida. Y de un inválido emocional -por herencia o por contagio- se derivan inválidos emocionales. Lo difícil es verlo a tiempo, y descubrir que justamente eso es lo que uno no quiere heredar de su padre.
Uno oyó cientos de veces aquello de que "los hombres no lloran". Pero lo oyó cuando aún era un niño.
Es necesario mucho esfuerzo para entender que uno puede ser tierno sin ser débil. Y que la mejor forma de acercarse a una mujer es mostrando esa capacidad de sentir cosas que no sean producto de las propias hormonas.
Y uno se enfrenta después a sus más profundas inhibiciones y muestra cariño y su ternura a sus hijos. Y se esfuerza para que sientan cuánto les quiere, y además de decírselo les besa y les abraza.
Veremos, con los años, el resultado...
neoGurb | 3 de Agosto de 2006 - 11:54 AMHola Mercé, hoy he leido en el Avui una entrevista que te han hecho en la que hablas de tu libro, y he pensado en comunicarme contigo pues creo que mi página web se complementa con él.
He creado una página web para explicar a las personas de mi edad que no han de tener miedo del ordenador y para hacérselo mas fácil he colgado tutoriales, con imágenes paso a paso, de las muchas cosas que se puede hacer con el Pc empezando por personalizarlo.
Aún está en sus inicios pero voy a ir agregando ideas, aunque no se como hacer que se sepa que existe esta página por eso he pensado en ti.
Está hecha sin ánimo de lucro y casi sin conocimientos de informática, solo con ánimo de ayudar, así que si se te ocurre alguna manera de darla a conocer te lo agradeceré infinitamente.
Te dejo mi mail y la url de la página por si te apetece echarle un vistazo.
Gracias por tu atención. Un afectuoso saludo.
Eulàlia
Interesante teoría, Mercè. Hay, sin embargo, otra posible reacción de la mujer.
En tu cuento se habla de una compensación: se intenta compensar con la pareja la carencia emocional provocada por el padre. En realidad, creo que en ese caso la carencia genera fustración. Pero puede producirse otra reacción: la negación. En este segundo caso, la carencia genera rechazo, por no decir odio, y entonces simplemente se extrapola la figura del padre a todos los demás hombres que en el mundo han sido.
Las mujeres que así reaccionan no tratan de cambiar a su pareja. Ni siquiera buscan pareja. Ningún hombre en el mundo será de fiar ni suficientemente bueno. Se teme el mismo trato recibido del padre.
Esas mujeres terminan siendo las típicas solteronas (término injusto y machista donde los haya; lo sé, pero ilustra lo que hay). Consiguen un enorme desarrollo personal, aunque incompleto, creo yo, porque de alguna manera renuncian a explorar una parte de las posibilidades emotivas que se nos ofrecen en esta vida.
No será difícil, Mercè, que llegue a tus oídos una historia de una de estas otras Chari.
Conozco bien el sesgo educativo (soy uno de sus productos), la sociedad machista y todos los mitos. Por cierto, lo del hombre cazador no es un mito, es un atavismo, porque venimos de donde venimos y hay realidades que ni Internet puede cambiarlas. Esa es, entre otras, la razón de que a los hombres se nos dé tan mal hacer varias cosas a la vez (la concentración en la pieza, vaya).
No obstante, por encima de todas esas razones, está la de que no se nos enseña a pensar ni a sentir por nosotros mismos. No se nos educa para explorar nuestro mundo interior (en el caso de los hombres, y siento emplear otro término políticamente incorrecto, se nos inculca que eso son "mariconadas"). Y añado: no se nos educa para explorar. Punto. Nuestro más temprano aprendizaje se forja a golpe de máximas, de lugares comunes y de conformismo (donde fueres haz lo que vieres). Eso que se ha dado en llamar la inteligencia emocional no cuenta demasiado, pero es la base de el éxito y, lo que es más importante, de la felicidad. Vivimos en un mundo lleno de personas, cuyo bienestar debería ser una prioridad para nosotros: sean hijos, hijas, padres, madres, parejas de todo tipo y condición, desconocidos, compañeros de trabajo, etc. Y tratar bien a la genta pasa por una comunicación óptima (de ideas, de sentimientos, de lo que sea...) Es el networking humano, y debemos optimizarlo por nuestro bien. Pero los protocolos de comunicación que nos enseñan tienen carencias, y entonces sólo la inteligencia y la individualidad puede poner remedio.
Al final, lo que en mi modesta opinión subyace a problemas como éste y otros similares es que la sociedad nos programa en serie, cuando deberíamos ser únicos e irrepetibles. No hay ningún "bug": es un fallo de diseño.
Manu | 4 de Agosto de 2006 - 12:38 AMHola, Merce, he recibido tu mail, y me ha alegrado mucho tanto el que te haya gustado mi página como tu respuesta. Muchísimas gracias. De todo corazón.
Eulalia | 4 de Agosto de 2006 - 04:55 PMHay un grupo de google sobre ese tema:
http://groups.google.es/group/MUJERES-QUE-AMAN-DEMASIADO?lnk=gschg
The C1-B0rg | 16 de Agosto de 2006 - 06:19 PMla referencia a 'mujeres que hablan demasiado' es que te ha traicionado el subsconsciente... ¿no? ;-)
| 23 de Agosto de 2006 - 03:29 PM:)
ya está corregido
Mercè | 23 de Agosto de 2006 - 08:58 PMmuy bueno el texo ya lei el libro pero igual me interesa saber mas
annia | 6 de Marzo de 2007 - 02:44 AMHOLA ME PARECIO MUY BUENO EL LIBRO PARA REFLEXIONAE HACERCA DEL ROL DE LAS MUJERES EN UNA RELACION AMOROSA. ESTOY CONVENCIDA QUE SI NOSOTRAS NOS EMPEZAMOS A QUERERNOS NADIE NOS DARA EL SUFICIENTE AMOR Y ADEMAS NUNCA DBEMOS SUPLICAR AMOR A UN HOMBRE
LUCHY | 15 de Marzo de 2007 - 09:05 PMhola veo que no hay muchas mujeres que nos atrevamos a aceptar que somos mujeres que amamos demasiado, pues siempre el escuchar otras hisotrias, nos hace contestar que estamos mejor y asi vamos por la vida negando nuestra adiccion por los homres problematicos.
¡que nos pasa! ya no estamos en la epoca de la santa inquicicion ahora es el siglo 21 vasta de callar y de agachar la cabeza hay una y mil maneras de apoyarnos las mujeres y no de esconder nuestra verdad.
