31 de Mayo de 2006
La ciudad de los pájaros
Este fin de semana, lo he hecho largo y he estado en Berlín, invitada por mi amigo del alma, Adrià. Si quiero saber cómo es un hacker, sólo tengo que mirar a Adrià. Si quiero saber cómo es un hombre bueno, igual. Me ha tratado como a una reina :) Preparó un ordenador, con Ubuntu, mi actual sistema operativo, todito a mi disposición. Esas son las cosas que llegan al corazón de una chica como yo.
A Berlín, la bauticé como la ciudad de los pájaros porque está llena de palomas, gorriones, cuervos y otros más que no sé nombrar. Cantan todo el día y en todas partes. Saltan de un árbol a otro y de éste al suelo, con muy poquito miedo de los humanos. La ciudad, especialmente el lado oeste, está llena de árboles y espacios verdes, en una preciosa mezcla de bosque-ciudad. Los parques no son parques, son bosques auténticos, alguno inmenso, justo en medio de Berlín, con sus arbustos, robles, ríos, ardillas... Un sueño para quien le gusten la naturaleza y pasear.
Pero hay más.
A Berlín, la bauticé también como la ciudad bipolar porque está llena de contrastes: los casi blancos alemanes y los casi negros turcos, iglesias centenarias junto a modernísimas torres de telecomunicaciones, el silencio, la puntualidad, la limpieza alemana, con ceniceros por todas partes, al lado de la invasión de graffitis más bestia que he visto. Y el contraste, la dualidad mayor del siglo XX, de la que Berlín es bandera y que ha convertido en atracción turística: el muro.
Bueno, lo de muro es un decir, más bien lo llamaría "el tabique de Berlín". Una muestra de como los símbolos pueden llegar a ser más fuertes que el objeto del que provienen. El muro es poquita cosa, lo imaginaba más ancho, más robusto. Lo importante estaba tras él: alambradas, guardias, pastores alemanes, minas, trampas... Pero, antes del muro, fuimos atrás en el tiempo y visitamos las catacumbas de la Gestapo, un edificio bombardeado durante la II Guerra Mundial y del que sólo quedan los calabozos, donde fue a parar toda la oposición a Hitler.
Berlín es la única ciudad en la que he estado donde sus atracciones turísticas me han hecho pensar. ¿Qué le pasó a Hitler? ¿Qué les pasó a sus acólitos? ¿Qué hicieron y por qué? Hay una exposición que lo muestra. Muestra los hechos, pero Adrià y yo estuvimos mucho rato hablando de cómo las personas pueden llegar a estos extremos. ¿Por qué? Hitler iba para artista y no le aceptaron, me contó Adrià. Aquí, respondí yo, su ego se separó de su alma, la mató, la mandó al rincón más recóndito de su sombra y todo el espacio que dejó fue ocupado por un ego cada vez más fuerte, duro, sin compasión por los otros ni por él mismo. Suelen pasarle estas cosas a la gente, pero Hitler tenía la fuerza de un mago negro, de un Saruman, y en su enfermedad se llevó por delante todo lo que encontró. Incluído él mismo.
Sus comandantes y generales, por supuesto, fueron hechizados por esta energía negra, a la que ayudó un comportamiento de secta, de sociedad secreta. Existía verdaderamente, leí en un libro, Tule.
A esa explosión de ego, que afectó a todo el continente, la siguió una separación brutal entre la sombra represora y reprimida y la consciencia loca de poder: el muro. Todos enfermaron, a uno y otro lado, incapaces de entenderse, de verse, de comprenderse, de hablarse. ¿Y quién paga la enfermedad de los que mandan? La gente. Siempre la gente.
A veces había oído decir, reprochar, que los alemanes sabían lo que hacía Hitler y no movieron un dedo. Ahora sé que no es cierto. Primeramente, no podían. La oposición fue brutalmente reprimida y asesinada, igual como Hitler había asesinado a su alma. Segundo, por la misma regla de tres nos podrían decir a nosotros que sabíamos lo que hacía Franco y no hicimos nada. O que sabíamos lo que hacía Aznar, o Zapatero, y no hicimos nada. ¿Sabemos qué hacen estos tíos? ¿Podemos, quizás, evitar de alguna forma que lo hagan, durante al menos sus 4 años de mandato? Pedir cuentas a los gobernados de lo que hacen los gobernantes no tiene sentido, tal como funciona este mundo. Ni que les hayan votado: el voto es producto de calculadas estrategias psicológicas y de propaganda. El voto, para mi, tal como está montado, no sirve ni significa nada.
Y así, llegó el muro. Y Adrià y yo nos metimos en el Museo del Muro. Fotos de miles de personas manifestándose porque no querían la separación y los tanques soviéticos metiéndoles miedo. Soldados que no querían disparar a la gente y eran fusilados, a cambio. Aviadores que hicieron miles de viajes para llevar comida a la ciudad sitiada. Y, lo más interesante para mí, fotos y explicaciones de las mil y una formas de escapar de Berlín este. Aquí descubrí que la imaginación y la pericia técnica son cruciales para los humanos en momentos de gran represión, para huir de ella. Que los escapistas eran hackers, vaya.
Coches escarabajos "tuneados", con el motor en otro sitio para que en el lugar del motor cupiese una persona. Con los asientos vaciados para que un niño pudiese esconderse en el agujero, bajo una tela negra. Gente saltando y arrojando a los niños de segundos y terceros pisos, en edificios que lindaban con el muro. O bajando de más altura, mediante correas hechas a mano. Los que escaparon bajo tierra, construyendo túneles, a los que se llama según el nombre de personas que pudieron escapar por ellos: Túnel 57, Túnel 29. Los que escaparon por aire, con globos, aeroplanos, planeadores, todos construidos artesanalmente. Y por agua, con kayaks cubiertos con tela metálica, para evitar ser descubiertos por los sónares, con pequeños submarinos creados por primera vez para la ocasión, o a nado, en las frías aguas de los mares del norte. Los que, sencillamente, corrieron, saltando alambradas, exponiéndose a los disparos. Los que exportaban máquinas industriales y algunas iban vacías por dentro, con un banco para dos personas. Los niños que escaparon metidos en carritos de la compra de sus madres.
La angustia que se siente, se comparte, se refleja de estos actos, nacidos de las fuertísimas ansias de libertad de unos seres humanos que vivieron sus odiseas hace cuatro días. Hace cuatro días, piensas, cuando los miras. Sólo hace 4 días de esta animalada. La fraternidad que sientes con ellos. Observas cómo lo hicieron porque algún día, quizás, sólo hace 4 días, tengas tú que hacerlo. La confianza renovada en el corazón salvaje y aguerrido del ser humano.
Hoy Berlín se recupera, poco a poco, de esta explosión bipolar. No la esconde. Ha aprendido a no esconder. Berlín es una fiera muy herida que vuelve lentamente, sin exigirse demasiado, se va curando. Sus bosques en la ciudad y sus contrastes suavizados le dan la energía para crearse otra vez, para re-crearse. Si Wagner o los contadores de mitos hubiesen vivido en el siglo XX habrían hecho una excelente ópera de la historia reciente de Berlín.
¿Se nota que me ha encantado? Empecé este viaje empezando un excelente libro, "El clan del oso cavernario", que es el primero de una saga de cinco, "Los hijos de la Tierra". Me lo recomendó Susanna, que lee el blog. Hola Susanna :) Jean M. Auel, su autora, escribe en este primer tomo que todos tenemos un tótem y que, cuando tomamos una buena decisión, nuestro tótem, nuestro espíritu protector, nos lo confirma mediante señales. Berlín ha estado lleno de buenas señales para mí, exterior e interiormente ha sido una buena decisión realizar, después de muuuchos años, un viaje de placer y aceptar la invitación de un hombre bueno.
Por cierto, colgué algunas fotos en Flickr.
Mercè a las 11:39 AM | Referencias 0Fué un placer tenerte aquí unos dias, rememorando viejos tiempos :)
Me alegro de que Berlín te haya gustado tanto como a mi. No vine aquí solo para trabajar, esta ciudad me enamoró desde el primer dia.
Adria | 31 de Mayo de 2006 - 07:14 PMBien, una vez ha contestado el aludido...qué tenemos que decir los demás???
jags | 31 de Mayo de 2006 - 08:16 PMDí lo que quieras, por supuesto. Dime que me quieres :) Que te gusta como escribo :) O como pienso :)
Para eso escribe el/la blogger, para que le llenen de amor y aceptación, para que le regaleis vuestra atención, para sentirse afirmad@s en su ser. Por eso engancha tanto: porque, especialmente si no lo tienes, quieres más y más amor. Y escribes más y más y te desnudas más, para conseguirlo. Léeme, mírame, quiéreme. Es casi sexual, verdad?
Mercè | 2 de Junio de 2006 - 08:22 PMes la ciudad de los pajaros kema marias o de los pajaros mea placas o de cuel por ke no mames eres un pendejo ok suerte con tu pendejismo y a chingar su madre todos los ke esten abajo de mi bye putos!
Neo | 2 de Junio de 2006 - 11:46 PMSIGUIENDO AL PUEBLO ALEMAN ,ESTUDIANDO SU HISTORIA HAY Q KITARSE EL SOMBRERO.HAY Q RECONOCER Q SON ESPECIALES UNIDOS Y HASTA ME TEMO Q SUPERIORES.ANALIZO EL EJERCITO ALEMAN SUS AVANCES EN COHETES ORGANIZACION Y DEMAS Y ES QUE EL ODIO Q EXISTE CONTRA ELLOS VIENE POR NO RECONOCER Q ERAN SUPERIORES.Q KISIERAN DOMINAR EL MUNDO COMO RAZA NO LO NIEGO PERO Q PUEBLO NO A KERIDO ESO ME PREGUNTO.YA ME LO DIJERON COMIDA MANDO Y SEXO LAS TRES PALABRAS Q SIEMPRE HAN REJIDO LA VIDA.Y VA SER VERDAD
alemania | 18 de Enero de 2007 - 02:53 AMyo creo que podeis poner algunas fotos sobre el tema para decorar
lucia | 5 de Marzo de 2007 - 07:13 PM