23 de Abril de 2006
Sant Jordi: ese hombre
Tengo un encantador sobrinito que no llega a los 3 años. Está en el momento de la hiper imaginación y jugar con él es un reto de mente abierta y continuo cambio de máscaras: "Ahora, tieta, harás de abuela. Ahora, de Gina (la perra de mis padres) que se había perdido y yo era el abuelo que te busca. Ahora venías a comprar a mi tienda. ¿Qué quieres? Un quilo de garbanzos. Toma (un puñado de hojas)".
La última vez que le ví, corría con una espada y un escudo de madera fina, con el emblema de Sant Jordi, y mataba dragones imaginarios. A la hora de darle la cena, mientras yo le hacía rabiar, jugando a meterle la comida por la nariz y las orejas, pidió a mi madre que le explicase, por enésima vez, el cuento de Sant Jordi.
Mi madre abrió un cuadernillo de esos que sólo tienen un cuento, con más imágenes que letra, que ni tan sólo son rectangulares como un libro sinó cortados a partir de la imagen de la portada y, usándolo de guión, le contó el cuento, más o menos así:
"Había una vez, en un lejano país, un dragón que los tenía a todos aterrorizados. Para calmarlo, tenían que darle de comer todos sus animales: cerditos, vacas, pollos... Hasta que se quedaron sin animales, pero el dragón pedía más. Decidieron mandarle una doncella, que escogerían a suertes. ¿Y a quién le tocó la primera? ¡A la princesa! Oh, qué desgracia, qué tristeza. El día señalado, abrieron las puertas de la ciudad, de donde salió la princesa, compungida, acompañada de sus llorosos padres y súbditos. Allí la dejarían a la espera de que el dragón fuese a cobrar su presa.
Pero, cuando se acercaba el dragón, apareció un hermoso caballero en su caballo, todo de blanco. El rey le prometió la mano de su hija si mataba al dragón y el caballero no se lo pensó dos veces. Cabalgó hasta el dragón y, zis, zas, lo mató. Todos estuvieron muy contentos y respiraron aliviados. El caballero devolvió la princesa a su padre. Entonces, de la sangre del dragón brotó una preciosa rosa, que el caballero cogió y ofreció a la princesa con estas palabras: -Toma esta rosa, ya que no puedo aceptar la invitación de tu padre de casarme contigo, pues hay en el mundo muchos dragones a los que combatir".
¡¡Cómor?? Salté yo. ¿Se largó? Sí, dijo mi madre, mientras me mostraba la última página del cuento, donde se veía a Sant Jordi cual Lucky Luke, el caballero solitario en la lejanía, diciendo adiós. ¿Y esas cosas le enseñas al niño?, le espeté, medio indignada, medio divertida.
Total, que así aprendí que lo de la rosa es una especie de premio de consolación, un: Toma guapa, coge esto y aún gracias, que aquí te quedas.
Ahora entiendo que algunos hombres actúen como actúan, si les programan para ser así ya desde pequeños. Y, además, se lo cuentan nuestras madres y nuestras abuelas :)
Feliç Sant Jordi, país petit. Visca Catalunya i els bons catalans!
Mercè a las 12:05 PM | Referencias 0Espero que haceptes esta rosa y este libro virtual. No por ser mujer, las mujeres no se merecen una dosis de cultura y entretenimiento.
Gracias por regalarnos tus palabras.
Visca! i enhorabona per el teu blog!
(¡Viva! y ¡enhorabuena por tu blog!)
Pues ami me parece bien, porque obligarle a la pobre princesa a casarse con el caballero ese que habia venido todo chulo en plan "tranqui peña, que yo mato al dragón!", cuando la princesa estaba (probablemente) enamorada del hijo del tabernero, un chico sencillo y dulce.
;)
Gartzen | 23 de Abril de 2006 - 01:15 PMPues yo lo que aprendí es que para que surja el caballero que mate al dragón es necesario amenazar la vida de la princesa. Por las pobres que trabajan en el campo y le dan de comer a los cerdos no mueve un dedo ni Mambrino, por muy doncellas que sean.
alejo | 23 de Abril de 2006 - 02:19 PMMe gusta más la versión en la que Sant Jordi es un pastor del pueblo que, grosso modo, mata una oveja y deja tan sólo la piel. La piel la rellena de clavos, piedras y veneno. La vuelve a coser con forma de tierna oveja y la ofrece en sacrificio al dragón que, tras ingerirla, muere. No recuerdo donde tengo esa versión del cuento pero más o menos era así.
josuered | 23 de Abril de 2006 - 03:06 PMPues yo estoy con Gartzen. No sabe de la que se libró la princesa, gestiones domésticas inexistentes hasta su llegada, soporte emocional y de salud física, limitaciones, nada más que limitaciones. Total, para conseguir alguna inseminación que otra, tampoco es necesario que se queden toda la vida... sobre todo si una es princesa.
serv-i-dora | 23 de Abril de 2006 - 05:07 PMBueno, desde mi humilde punto de vista, si educamos ya al niño para que a priori deba ser un lobo solitario, igual termina siendo un geek redomado.
Nah, hablando ahora en serio creo que ni tantos ni tan calvos, y que la imaginería popular anda sobrada de motivos para ser llevada contínuas revisiones y censuras. Y al final, muchos cuentos deberían dejar de ser cuentos.
Quizá lo ideal sería hacer una suerte de anotación al final de los cuentos con una aclaración para padres y niños: "Las autoridades sociales advierten que este cuento va a favor de la tradición estáticamente perversa del mundo. Cualquier modificación, además de incurrir en la violación del copirait, puede llevar al descarrie del niño."
Entonces los padres serían más padres y hablarían más con los hijos.
Les explicarían que King Kong no necesariamente era malo, que El Padrino no es una figura digna de seguir, que caperucita tampoco hizo bien en matar al lobo, y en fin, todas esas cosas que desde pequeños y a lo largo del tiempo, explican las pequeñas y grandes cosas acerca del mundo. De los cuentos a las grandes historias.
En definitiva, que entre todos se dieran cuenta que hay cosas que se dan por supuestas que habría que vigilar. Por supuesto, para llegar al final feliz.
Creo yo.
Otacon | 24 de Abril de 2006 - 09:10 AMLa encontré en el Flickr
Bonitas rosas de papel de periódico. La rosa de Sant Jordi pensada para una periodista.
http://static.flickr.com/54/133451026_43b7adb31d_m.jpg
quien me da su msn
