Noviembre 12, 2008
Quemar después de leer
Todo lo que no me gustó de No es país para viejos, me ha encantado de Quemar después de leer. No lo puedo remediar, me gustan las comedias de enredo y si el guión es como un set de Lego, en el que todo encaja con brillantes colores y se puede jugar con él, mejor. Y con el toque malvado de los hermanos Coen, ya es para no creerlo de bueno.
Es que da gusto ver estrellas, grandes nombres de Hollywood como Brad Pitt o George Clooney interpretando fuera de sus registros, sin complejos y dejando que sea la película la que atrape al espectador.
Quemar.., o mejor dicho, los Coen tienen vistas muchas comedias clásicas y hay momentos que recuerdan hasta a los vodeviles deFred Astaire y Ginger Rogers. Pero son los Coen y no hay un solo momento en que esta comedia no tenga un punto de acidez, una mirada esquinada que coloca al espectador un poco a la defensiva. Hay que escribir muy bien para que el espectador no sepa cuál de las muchas puertas que están abriendo los personajes se va a abrir. A mi lado había quién decía que era mejor Fargo. Bueno. Es cuestión de gustos.
Creo que, a diferencia de El quinteto de la muerte, que era más bien floja -¿o era Tom Hanks, totalmente fuera de reparto?-, Quemar... es una de las mejores comedias de los Coen y, desde luego, de lo mejorcito que se puede ver ahora mismo.
Septiembre 02, 2008
Festival de tráilers falsos
Ya está en marcha el Primer Festival Internacional de Trailers Falsos, dirigido por Xavi Bru. Cualquiera puede realizar un falso trailer de una película que no exista y colgarlo en Teaserland a partir del 15 de septiembre.
Las bases y condiciones están la web. El premio es de 30.000 € para realizar un cortometraje y lo otorgará en enero de 2009 un jurado compuesto por Jaume Balagueró (director de cine), Mirito Torreiro (crítico de cine), Gregorio Belinchón (periodista de cine), Esther García (productora), Angel Sala (director del Festival Internacional de cinema de Catalunya - Sitges) y Manel Vicaría (Vas a ver).
En esta primera edición se podrán ver en la web los tráilers de Jaume Balagueró, Paco Plaza, J.A. Bayona, Isabel Coixet, Enrique Urbizu, Jose Corbacho, Juan Cruz, Jaime Rosales, Bill Plympton, y Raúl García, a los que Sony ha cedido una cámara para realizar su falso trailer fuera de concurso.
Abril 20, 2008
La edad de la ignorancia
Desde los Tiempos modernos de Chaplin e incluso antes -estoy pensando en Metropolis-, el cine se ha ocupado de la alienación del hombre moderno, de cómo las personas son atrapadas por una telaraña de necesidades y ocupaciones sin posibilidad de huida. Después, Un día de furia o American Beauty analizaron las consecuencias de esa alienación y de las escapatorias: a través de la violencia en la primera, mediante la inacción en la segunda.
Ahora, Denys Arcand cierra de momento el círculo con la tercera de sus películas dedicada a dinamitar la sociedad del Canadá de comienzos de siglo. Si en Las invasiones bárbaras su historia de amistad se centraba en la desastrosa situación de la sanidad pública de su país, en La edad de la ignorancia consigue ampliar el campo y mostrarnos un demoledor análisis del estado y la sociedad canadiense, con un tono de humor grotesco y exagerado que arranca muchas carcajadas al principio pero que consigue silenciar la sala después, cuando el espectador empieza a comprender que no es sólo Canadá quien está enfermo.
El interminable trayecto hasta el trabajo de Marc Labrèche, el protagonista y espléndido actor, envuelto en los atascos, el metro, los cercanías que se averían un día sí y otro también; la ausencia de cualquier relación con sus hijas, permanentemente aisladas en su mundo de iPods, y también de su mujer, ejecutiva de éxito enganchada al teléfono; su estéril trabajo en la Administración escuchando los problemas de la gente sin poder hacer nada para ayudarlos más que remitirlos a otras instancias; el despotismo sádico de su jefa, la persecución por ser fumador y su precario refugio en inocentes y tópicas fantasías sexuales, componen un preciso retrato de la bomba de relojería en que se puede convertir cualquiera y del tipo de sociedad en la que vivimos.
Arcand exagera, por supuesto, sus pinceladas son gruesas, pero en mi opinión no abusa de esa exageración y la alterna con el contrapunto de las fantasías del protagonista para reflejar a la perfección la sensación de ahogo, el agobio de vivir una rutina comparable a la de la mosca atrapada en la telaraña. Agobio que no se cura mediante las fantasías llevadas a la realidad o las alternativas de ocio más o menos sofisticadas. Con el humor y la caricatura Arcand refleja también el abismo que separa los sueños y los anhelos de la juventud de la asfixiante realidad de una hipoteca o unas relaciones vividas como inevitables.
Aunque al final, no se ceba con su protagonista, dejándole una salida abierta, una pequeña puerta a la esperanza. Esperanza que no se amplía a lo que espera de su país, desde luego.
Abril 10, 2008
Love and Honor
Con la película japonesa Love and Honor he vuelto a plantearme cuál es el criterio que tienen las productoras para distribuir determinadas películas. No soy partidario del doblaje, pero entiendo que el mercado mayoritario de espectadores exija que las películas no tengan subtítulos, aunque sea una pérdida y el informe Pisa se encargue de recordar todos los años lo mal que vamos en idiomas.
Así que cuando una película como Love and Honor tiene todos los elementos para pasar al circuito comercial, por así decirlo, y se queda en la versión original, confieso que no lo entiendo. Porque Love and Honor no es una película abstrusa, conceptual, minoritaria y exigente con el espectador. Antes bien, es un drama apto para todos los públicos, con una historia interesante, buenos personajes y situaciones perfectamente comprensibles aunque esté ambientada en el Japón del siglo XVIII.
La tercera parte de la trilogía de samuráis de Yôsi Yamada es la historia de un samurái de poco rango, encargado junto a varios compañeros de una tarea aparentemente absurda: catar los alimentos del señor feudal antes de que lleguen a su mesa para evitar un envenenamiento. Y así se nos muestra todo el ritual de una pequeña corte rural, de la vida cotidiana en el campo, sus pequeñas miserias y sus grandes tragedias.
Yamada aprovecha cada giro de la historia para profundizar en los personajes, para que los veamos evolucionar y enfrentarse a los acontecimientos. La película está llena de planos muy expresivos, pero sin perder el ritmo. No se recrea, por así decirlo, en la belleza de un plano, sino que a través de ese plano explica y refuerza el conflicto que los personajes viven en ese momento.
Además, y esto es un rasgo singular, Love and Honor es un film para y de los sentidos: no sólo vemos o escuchamos lo que sucede en la pantalla, sino que las cosas huelen, saben y casi se pueden tocar. Hermosa y honrada película, en fin, apta para cualquier paladar.
Abril 04, 2008
Sweeny Todd, sólo para entusiastas
Hay cineastas por los que me pirro, directores a los que sigo aunque a veces abusen y me machaquen con bodrios infumables. Veo todas sus películas y hasta me sé el orden en que fueron estrenadas. Me pasaba con Kubrick y me pasa con Woody Allen, siempre encuentro algo en su mundo, en su cine, que me recompensa, aunque sea sólo un gesto o un plano. Y con Tim Burton me ocurre lo mismo, es como un amigo de toda la vida, tarambana y caótico, capaz de lo mejor y lo peor y al que siempre termino perdonando, aunque me lo haga pasar mal.
Por eso he visto Sweeny Todd, que es un horror, una película que jamás me hubiera atraído filmada por cualquier otro. Pero la ecuación burton + depp + bonham carter es irresistible, al menos para mí. Es verdad que para cualquiera lo menos que se puede decir de esta película es que era innecesaria, que no tiene ningún sentido. A partir de un musical particularmente sangriento y peculiar, y por eso muy atractivo, Burton construye una copia filmada, tan exacta como vulgar, apta sólo para freaks de Johnny Depp, que tampoco está ni bien ni mal: está, como Helena Bonham Carter. Ambos se dejan llevar.
Pero lo de menos son los actores porque es Burton en estado puro: qué Londres construye, qué personajes, qué trajes. Da igual el argumento, las canciones, los actores... Los planos, la luz, la atmósfera, los movimientos de cámara, el ritmo, todo es Tim Burton. Da la impresión de que la película se ha hecho sola, que ha cogido a sus actores, a su equipo técnico, les ha dado el guión y todos han interpretado la sinfonía sin mirar casi al director, sólo guiados por la partitura de muchas películas previas.
Asi que, ojo, es una película para verdaderos entusiastas de la obra de este director impagable y a veces maravilloso que es Tim Burton.
Febrero 27, 2008
Coen 0, Bardem 1
Reconozco que me gustó más el Bardem de Antes que anochezca o de Mar adentro que este de No es país para viejos. Pero que el oscar se lo merecía no se puede negar, sobre todo en versión original, porque con el doblaje los espectadores se pierden todo su inmenso trabajo con una lengua que no es la suya.
Dicho esto, reconozco también que la última película de los hermanos Coen no me ha gustado especialmente y me he quedado con las ganas de algo más, de recuperar a los Coen de Muerte entre las flores o de Fargo. No es país para viejos sufre de una especie de esquizofrenia cinematográfica: excelentes actores, desaprovechados, sobre todo Tommy Lee Jones; buen guión, con parlamentos fuera de contexto o no situados en su sitio; buena fotografía, pero repetitiva...
Pero lo peor es que no hay un verdadero hilo conductor. La novela original, como la intención de los Coen es reflexionar sobre la perplejidad, sobre el paso del tiempo y contraponer los sentimientos y vivencias de un policía al que la realidad le supera. Sin nostalgias, pero con el pasado presente en su pensamiento, el sheriff descubre que este ya no es su país, que no es ni siquiera su mundo y que no entiende nada. Creo que los Coen desaprovechan esa capacidad de evocación del personaje y su mirada aturdida ante unos crímenes o unos acontecimientos para los que no encuentra el más mínimo sentido.
Los Coen barajan la novela, las situaciones y los personajes y los lanzan al aire, bastante despreocupados de cómo caigan, de cuál debe ser el efecto que produzcan. O puede que sea yo, que empiezo a estar mayor para cierto cine con pretensiones, medios e intenciones pero que no rompe esa barrera que separa la magia del cine del pasar un rato frente a cualquier pantalla.
Febrero 23, 2008
Los crímenes de Oxford
Uno de los rasgos que más me gustan del cine de Álex de la Iglesia es su capacidad para arriesgarse, su voluntad de hacer algo diferente asumiendo que se puede equivocar. Sus películas tienen siempre un plus, una búsqueda que sólo él conoce, ya que los a los espectadores sólo nos deja con los hallazgos: a veces un personaje, un plano, un diálogo, siempre el guión.
Y Los crímenes de Oxford son fieles a esa forma de hacer cine, para lo bueno y para lo malo. Es verdad que he echado de menos ese toque gamberro marca de la casa y algo más de humor, pero he disfrutado con esta película, una de las mejores cintas españolas de los últimos tiempos.
Primero por esa fidelidad a un modelo honesto de trabajo, contar una buena historia, buscar y hacer creíbles los elementos que la integran y, sobre todo, mantener la atención del espectador más allá de las cuatro anécdotas a las que luego los medios reducen una película: que si fulano folla por primera vez en pantalla; que si mengana se desnuda… Y que después se revelan como naderías.
Segundo por su ritmo, aunque haya planos en los que la cámara se mueve demasiado, como si quisiera compensar la falta de acción con exceso de movimiento. Y tercero, por el reparto. Mira que me gusta Leonor Watling, pero me he llevado una sorpresa con el trabajo de Julie Cox, que está francamente bien. John Hurt está mejor que Elijah Wood, pero es que el papel de profesor loco es más lucido. Me cuesta creerme al inspector, que se da un aire a Poirot, pero puede ser cosa mía.
¿Defectos? Poca cosa: que la música es muy mala, o está mal elegida, o yo soy demasiado exigente. A ratos, y probablemente por culpa de la novela, los diálogos son un poco ampulosos y trascendentes, y algún detalle queda inexplicado.
Por cierto, que habrá que ampliar esta lista del Garaje Kubrick para añadir su hermoso y arriesgado plano secuencia de la librería.
Febrero 06, 2008
Un funeral de muerte
Ahora que vuelve a ponerse de moda el concepto "cine español", si de algo puede presumir el cine británico es de sus comedias, normalmente un paso más allá del humor guarro o simplemente de idiotas haciendo tonterías. Y Un funeral de muerte es el último -al menos en nuestras pantallas- ejemplo de este género.
Un funeral de muerte es una comedia clásica de enredo, y es precisamente ese clasicismo lo que la hace encantadora: no se sale ni un fotograma del esquema. Una excusa argumental mínima, un muy buen guión y unos actores excelentes bastan para pasarse un rato muy divertido viendo las peripecias de una familia normal durante el funeral del padre.
Bastan unas pastillas y un secreto del finado para que el apacible y flemático mundo de una típica familia de clase media inglesa se ponga patas arriba en todos los sentidos. Un funeral... es una película divertida e inteligente, que tiene secuencias delirantes, personajes únicos y situaciones francamente divertidas. No es una obra maestra ni lo pretende, aunque tenga la carga justa de mordacidad como para que nos sintamos identificados con algún personaje que no se merece el mal trato que recibe.
Por si fuera poco atractivo, la película la dirige Frank Oz, uno de los personajes más curiosos del mundo del cine. Como actor, su papel de Yoda en las películas de Lucas bastaría para situarle en nuestro corazón; pero como director es el responsable de una de las películas de fantasía épica más hermosas que se hayan rodado jamás: El cristal oscuro.
Febrero 04, 2008
Apuntes sobre los Goya
Como en años anteriores, la gala de los Goya se desarrolló sin muchas novedades y cada cual puede elegir de su medio online favorito la crónica que mejor le guste. A mí me llamaron la atención algunas pequeñas cosas.
Primero, que José Corbacho mantuviera un buen tono durante toda la retransmisión, aunque tuviera altibajos, lo cual es normal. Su particular visión de cada película nominada hizo parodias muy estimables. Y regalar un minigoya al niño nominado como mejor actor revelación fue un excelente detalle.
De la realización, hubo algunos fallos incomprensibles, como los extraños movimientos de cámara durante el memorial a los fallecidos, que impedían en muchos casos leer el nombre de la persona y su papel en la industria del cine. O no seguir a las presentadoras para que se pudiera apreciar al detalle los vestidos, que para eso se los ponen, en los largos –y absurdos- paseos de un extremo a otro del escenario para entregar los premios.
Con las tablas que tiene, y sabiendo perfectamente que lo iban a premiar, no entiendo el balbuceante discurso de Alfredo Landa, un trabajador del cine al que le pudo en exceso la emoción. Por cierto, ya les vale a los medios la coletilla permanente de “enfrentado a Garci” que sigue al nombre de Landa cuando nadie quiere publicar porqué y parece un misterio tan grande como el de las cuentas de la casa real.
Los discursos fueron en su mayoría una confusa relación de agradecimientos, con la excepción de Luis Rosales, director de La soledad y triunfador de la noche, que reivindicó el papel de los padres como formadores de nuevos espectadores, con el atrevimiento añadido de pedir que no se lleve a los niños a ver una de Walt Disney. A destacar también el productor de la mejor película de animación, Nocturna, que exigió a las autoridades medidas contra la piratería. Y, claro, la petición de Alberto Sanjuán -mejor actor protagonista- de disolución de la Conferencia Episcopal.
En cuanto a los premios, la sorpresa de premiar La soledad llevaba consigo un acto de verdadera justicia: fue la mejor del año pasado, como ya comenté aquí mismo. El resto de los premios era previsible y las reacciones de algunos nominados, como Belén Rueda -muy tensa ante su derrota frente a la Verdú-, también entran dentro de lo normal. No tan normal es que nos dé la una de la madrugada viendo una ceremonia que podía empezar antes y dejar que cineastas y espectadores concilien sus vidas con un horario más civilizado.
Enero 16, 2008
El bosque del luto, puro cine oriental
A veces una película, más allá de ser una alternativa de ocio, se muestra desnuda, como la obra de arte que es. Es entonces cuando la sensibilidad, la poesía, el arte en definitiva, aparecen como la última razón de ser de un film.
Es muy difícil permanecer indiferente ante una película como El bosque del luto para bien o para mal. Porque reúne todos los problemas y todas las virtudes del cine oriental visto con nuestros ojos de espectador occidental.
Primero por su ritmo, deliberadamente lento, no cansino pero si contemplativo, concentrado. Las imágenes de este film se deslizan por la pantalla con la cadencia de la meditación. Están para ser miradas antes que vistas, paladeadas. Es una caricia: la del viento en las cosechas, el agua de la lluvia, la intensidad de una mirada.
La historia -más bien el momento- de unas personas discurre ante el espectador llena de matices, pero sin la sensación de que te estás perdiendo algo. Una joven comienza a trabajar en una residencia de ancianos y se hace cargo de uno de ellos, obsesionado hasta la violencia con su esposa muerta. La naturalidad de los actores y la espléndida secuencia final son un prodigio de sensibilidad.
Pero sus virtudes son también sus defectos: es muy difícil apreciar esta película sin haber visto antes alguna otra, sin un poco de, digamos, entrenamiento. Sólo si el espectador está dispuesto a aceptar que todos tenemos dentro nuestro propio bosque del luto, y cuánto dolor, pero también cuánta liberación provoca saberlo, se fascinarán con ella. No digo que sea para minorías, porque cualquiera puede apreciar la belleza y los sentimientos que muestra, pero no es una película para “estrenarse” en el cine oriental.
Actualización: al príncipe Felipe tampoco le gustaría El bosque del luto.
Enero 14, 2008
This is England
Seguí el amable consejo de Bo Peep de ver This is England, la segunda película del director Shane Meadows y me alegro de haberle hecho caso. En las últimas semanas han coincidido en las carteleras tres películas británicas bien distintas y, desde luego, esta es la mejor. Aunque tiene un final un poco complaciente, que estropea el trabajo, es un film muy interesante, en el que hay, como es habitual en el cine británico, un excelente reparto con grandes actores, aunque por aquí se haya sobrevalorado un poco la actuación del niño protagonista, Thomas Turgoose, que está muy bien, sí, pero que en algunas secuencias se muestra bastante inexpresivo, dejando el peso de la acción en manos de la propia historia.
Porque el verdadero protagonista de la cinta es Stephen Graham, Combo en la ficción, que hace un trabajo magistral en un papel muy difícil, lleno de matices y con una violencia contenida que llega a dar miedo. La película, que arranca con un impagable prólogo de imágenes caseras y de la televisión sobre los primeros 80 -un mashup con la Tatcher, barbacoas familiares y hasta Lady Di-, narra la historia de un chico de 12 años que se siente desplazado hasta que una banda de skinheads lo acoge en su seno, aunque esto último es lo haga literalmente una de las integrantes de la banda en un papel tan tierno como dulce.
Aquellos primeros skinheads de hace casi 30 años basaban todo su pensamiento en la música, el pelo rapado, los vaqueros estrechos con los bajos vueltos, los tirantes y unas inevitables botas del doctor Martens. Nada que ver con lo que han llegado a ser hoy día. Y de esa transformación, de la aparición de los primeros discursos racistas y de la violencia como forma de expresión trata la película. Pero hay más.
Shane Meadows plantea además una reflexión sobre el sentido de pertenencia, sobre la soledad en un periodo de la vida especialmente complicado. El paso de la niñez al mundo adulto nunca es sencillo, y todos hemos pasado por ese momento aterrador en el que no sabes dónde estás y, sobre todo, no sabes quién eres. Cualquier referente entonces es válido, aunque este te lleve por un sendero poco recomendable. Meadows deja que sean sus personajes los que expliquen cómo una pandilla de amigos, gamberros pero inofensivos, pueden convertirse en un grupo de descerebrados violentos capaces de cualquier atrocidad en defensa de una supuesta superioridad.
Muchas de las actitudes, de las frases y pintadas que se dicen y escriben en la película son las mismas que pueden hoy escucharse y leerse en nuestro país. Es un racismo absurdo, de frases vacías, sin más argumento que la diferencia. Hay una secuencia en la película, en la que un político del National Front (este enlace puede herir la sensibilidad) -un partido de extrema derecha británico- explica las razones por las que hay que defender Inglaterra de una supuesta invasión extranjera, que debería enseñarse en las escuelas, como parte de la Educación para la ciudadanía. Para enseñar a los niños cómo se construye el odio desde la idiotez, cómo con cuatro palabras carentes de significado real se puede construir un discurso profundamente mentiroso.
Sitio oficial del film
Diciembre 29, 2007
El silencio antes de Bach, cine musical de verdad
Pere Portabella es un personaje inclasificable de la cultura auténtica, de la que no vive de ningún canon sino de arriesgarse continuamente. Productor de películas como El cochechito o Viridiana, después de un porrón de años sin dirigir, Portabella vuelve al cine con una película que exige del espectador sólo lo justo: que te guste la música y que estés dispuesto a dejarte arrastrar por ella.
Y así, El silencio antes de Bach se convierte en una experiencia individual, muy difícil de compartir porque no tiene un argumento sino varios, porque no hay más hilo conductor que las piezas elegidas de Juan Sebastian Bach y de los espacios en silencio que hay entre éstas. Película sobre la música, es también una declaración de intenciones de lo que el cine puede ser.
La película se desarrolla con la estructura de una pieza musical: empieza y termina y en silencio y las historias se suceden como los movimientos o las variaciones de una melodía. Portabella no desarrrolla un argumento concreto, aunque se narran algunas historias, de nuestro tiempo y del pasado. Su intención es que sea el tiempo de la música lo que se muestra.
No es una colección de cortos unidos por la música, sino segmentos de historias diferentes en las que la música de Bach es la clave. Es una reflexión sobre lo que es la música y lo que ésta nos dice de nosotros mismos, que recupera un pensamiento de Bach: la música ya estaba ahí, no la he creado yo. Así, los personajes, con Álex Brendemühl a la cabeza de uno de los segmentos, interpretan, viven o teorizan acerca de lo que es la música y lo que ésta hace en sus vidas.
Diciembre 05, 2007
Juntos, nada más: Audrey Tautou como siempre
Desde el estreno de Amélie, la actriz francesa Audrey Tautou ha ido construyendo una carrera basada en un único personaje, profundamente enraizado en sí misma, indisoluble, que en producciones posteriores ha cultivado con mejor o peor acierto. De hecho, se recuerda más su nombre en la ficción -Amélie- que su propio nombre. Y en su último estreno Juntos, nada más añade un matiz más a su, por lo que se ve, eterno personaje.
Y eso es precisamente lo que da credibilidad y encanto a esta película, muy taquillera en Francia. Porque la actriz desarrolla sus papeles plenamente identificada con el arquetipo de muchacha inteligente, un poco perdida, de gran corazón y a la que la vida trata a veces con cierta maldad. Con una expresión ingenua pero determinada, convencida de que hay que defender las propias convicciones sin desmayo para hacer más humanas las ciudades, Audrey Tautou se deja llevar por las emociones y acaba triunfando en su búsqueda de la felicidad. Y por eso, en el fondo, reulta fácil identificarse con ella porque eso es lo que buscamos todos, a despecho de lo malo que sea lo que nos rodea.
El director, Claude Berri, compone una película sencilla, con muy pocos personajes que se retratan con facilidad y en los que podemos reconocer a más de uno de nuestros compañeros de viaje. Sin grandes conflictos, ni dramas agobiantes, sus personajes viven, con todo lo que eso supone. Si hay algo difícil en el cine es mostrar sin aspavientos la vida común, la vida de cualquiera con sus pequeñas luces y sus pequeñas sombras. Berri dirige con soltura y mucho rigor una película de actores, en la que todos están espléndidos. Aunque hay que mencionar el trabajo de la veterana François Bertin, que hace un papel de abuelita con sobresaliente.
Noviembre 20, 2007
Michael Clayton, la denuncia de Clooney
Poco a poco, George Clooney está construyendose una carrera cinematográfica bastante interesante, al margen de sus papeles en producciones comerciales. Desde Buenas noches y buena suerte hasta Michael Clayton, Clooney ha conseguido que su indudable encanto físico no oculte un talento especial para participar en producciones más comprometidas y con un discurso que, para Estados Unidos, resulta bastante de izquierdas. Con ello, Clooney se acerca a las carreras de dos grandes actores, de físico también atractivo, pero metidos a fondo en un cine con un poco más de compromiso: Redford y Newman.
Michael Clayton, su última película estrenada en España, es una de estas obras. No tiene un argumento original –una malvada compañía y un herbicida mortal- ni tampoco un discurso especialmente beligerante –las grandes compañías son malas, pero son peores las personas-, ni mucho menos una puesta en escena espectacular –es una película oscura y grisácea, de invierno-, aunque pueda resultar un poco confusa para públicos maduros, por el orden en el que se narra la historia. Pero es la suma de esos elementos y la presencia de buenos actores y bien dirigidos: Sidney Pollack, Tilda Swinton o Tom Wilkinson, lo que convierte a Clayton en una película recomendable.
Bien dirigida por Tony Gilroy –guionista creador de las películas de Bourne-, sólo Clooney parece un poco inexpresivo, bien es verdad que su papel de abogado perdedor, necesitaba de la perplejidad que muestra en toda la película, abrumado por la vida en general, dolido ante la mala suerte que le persigue, sin que sus esfuerzos por meterse en la corriente principal de sus compañeros y familia, tengan éxito. No corren buenos tiempos para la ética personal, para la moral propia: antes bien, son un lujo que pocos pueden permitirse, viene a decir Clooney.
Noviembre 13, 2007
Tierra, ecología para todos los públicos
A estas alturas de la historia, está claro para todo el mundo –salvo excepciones- que la presión humana está acelerando la destrucción de muchos recursos naturales y que nuestro planeta está en peligro. Llámese calentamiento global, contaminación o lo que sea, es una realidad con muchos matices y muchas soluciones y también un fenómeno lo suficientemente complejo como para no tomarlo a broma y, menos, para simplificarlo.
Por eso, que lleguen a las pantallas proyectos como Tierra es muy importante, aunque sean más simples y menos agresivos que otros. Sin desmerecer para nada Una verdad incómoda de Al Gore, Tierra es un producto clásico de la BBC: exquisita corrección formal, músicas reconocibles, gran calidad de la imagen, montaje de escuela; en fin, la BBC en todo su esplendor y en el de los contribuyentes británicos. Qué diferencia con otras televisiones públicas sostenidas por otros contribuyentes a los que no se tiene el más mínimo respeto. Vamos a dejarlo, que me caliento.
Siguiendo las estaciones a lo largo de un año, Tierra recorre desde el aire nuestro mundo desde el Ártico hasta la Antártida, con una narración sencilla y accesible a todos los públicos de las peripecias de algunas especies animales, desde los osos polares a las aves del paraíso, los elefantes y las ballenas jorobadas. Aunque suene a conocido, doy fe de que los autores han conseguido soprender y mostrar imágenes de animales inéditas y de especies todavía hoy, en esta era de Discovery y National Geographic.
Un título muy recomendable para pasar una hora y media disfrutando de nuestro planeta en pantalla grande.
Noviembre 05, 2007
Persépolis, la libertad por encima de todo
Pocas veces la función educativa, la función pedagógica que el buen cine ha de tener se ha expresado con tanta contundencia como sencillez. Si ya la historieta original era espléndida, su traslado a la pantalla no podía ser mejor. Persépolis es una pequeña obra maestra, que narra en toda su intensidad y con altas dosis de humor, la vida de una mujer obligada a abandonar lo que es suyo por sus ideas, perseguida por una sociedad incomprensible.
Cuando estamos empezando a plantearnos el debate sobre los símbolos religiosos en las escuelas, a raíz del caso del velo en una escuela de Girona, llega Marjan Strapi y nos enseña en qué consiste realmente el islam en versión antigua, qué es el velo y lo que representa en las sociedades en las que la religión, y no la política, establece las reglas del juego.
Película profundamente femenina, es también una lección de libertad y de historia del siglo pasado y de lo que vendrá, atrapados como estamos desde Occidente en la ignorancia más absoluta de lo que sucede y porqué sucede en los países de Oriente Medio.
Sin caer en el panfleto, Marjan explica los últimos 30 años de Irán a través de su propia experiencia, hija de una acomodada familia que acaba literalmente expulsada por su propio bien de su país. Marjan, incapaz de adaptarse a la realidad opresiva de Irán, tampoco encuentra fácil acomodo en Occidente, perpleja ante nuestra ignorancia e indignada por nuestra indiferencia.
Marjan, además, centra su mensaje de tolerancia y al mismo tiempo de reivindicación, en la figura de su abuela, a la que retrata como una mujer extraordinaria, íntegra y poco complaciente con los desvaríos del tiempo que le ha tocado vivir. Y es en torno a la integridad, a la honradez, en donde se articula el mensaje principal de Marjan. “La gente puede elegir –dice-, siempre puede elegir” entre la cobardía y la integridad, entre la mera supervivencia y la verdadera resistencia.
Noviembre 02, 2007
El caso Wells, sólo para fans de Richard Gere
Ayer estuve viendo El caso Wells, película que francamente se despacha en tres frases: una, que Richard Gere, muy atractivo como siempre, sigue siendo igual de inexpresivo que hace veinte años, aunque hay que agradecerle que esté envejeciendo sin intentar detener el proceso con patéticas operaciones y tintes.
Dos, que hay jorobarse con la moda de los guionistas de Hollywood de seguir haciendo apología de que tomarse la justicia por la mano es lo mejor. El discurso facha de las instituciones que no funcionan, o como en este film, de que los trabajadores sociales deben implicarse emocionalmente para acabar con los delitos sexuales, es cansino y peligroso, pero ahí siguen, escribiendo películas con la misma idea. Bueno, seguirán con eso cuando dejen la huelga.
Tres, que es una lástima que una idea interesante como la de la reinserción de los delincuentes sexuales, la naturaleza humana, la perversión, en fin, explorar los límites de lo que se puede considerar normal y quién puede estar capacitado para juzgar eso, se quede en nada, en un montón de diálogos idiotas y estereotipados. Qué pena.
Lo único llamativo de la tarde fue que antes de comenzar la proyección no hubo ni un solo anuncio, sólo tres tráilers de la misma distribuidora, DeAPlaneta. No lo entiendo. Una sala con cerca de 400 personas cautivas, sin mando a distancia, ¿no son atractivas para ningún anunciante?
Hace unos días leí que se ha pasado de 5 inserciones publicitarias por sala en el año 2002 a casi la mitad (2,8) en 2006, y el número de minutos también ha caído un 50 por ciento. Parece que la televisión, la radio y ahora la Red están devorando la publicidad audiovisual, pero a la vista de cualquier sala de cine, con un público atento y, sobre todo, que no puede cambiar de canal o eludir el banner de turno, la publicidad cinematógrafica debería correr mejor suerte que la de ahora.
Octubre 23, 2007
Barcelona (un mapa) y teatro filmado también
Qué actores tan buenos, qué diálogos tan extraordinarios y qué película tan mala. Ya sé que es una reducción, pero a la vista de Barcelona (un mapa) uno se queda con la dualidad establecida en el pensamiento. Y es que la última película de Ventura Pons es más un Estudio Uno de antes que un verdadero filme; es teatro filmado con muy pocos elementos cinematográficos.
Barcelona… narra la historia de dos ancianos que deciden desalojar a los inquilinos con los que comparten un inmenso piso del Ensanche barcelonés. Y a través de esos inquilinos -una profesora, un vigilante y una cocinera- se va tejiendo una historia en la que los habitantes y la ciudad contemplan el paso del tiempo sin poder controlarlo y sin poder controlar tampoco sus vidas.
Los diálogos, morosamente filmados –plano y contraplano, sin más-, son excelentes, y el trabajo, primero de Rosa María Sardá, Jose María Pou y Núria Espert y del resto de los interprétes después, vale la pena, pero terminan por aturdir al espectador al cabo del rato, dada su densidad y su origen teatral. Varias décadas de historia de la ciudad se van desarrollando en las palabras, y no en los paisajes, lo que convierte la película en una tortura sin ritmo.
Pons, autor de estimables películas como Amigo / Amado o Animales heridos, no ha querido en este caso arriegar en lo más mínimo. Ha tomado una obra de éxito –público asegurado-, casi no la ha alterado –el autor no pone pegas-, la ha filmado correctamente –los actores no protestan- y, yo creo, que hasta se ha asegurado la financiación a base de garantizar a todo el mundo que no iba a tocar ni una coma.
En fin, una lástima, porque la historia y las reflexiones de Lluïsa Cunillé, autora de la obra original -Barcelona, mapa de sombras-, se merecían una verdadera adaptación, quizá con actores desconocidos, pero ofreciendo una mirada que sabemos que Pons tiene, porque sólo al final, con un par de planos, dice más que con varios de los diálogos anteriores.
Octubre 19, 2007
Por qué no voy a ver Las 13 rosas
No voy a ver Las 13 rosas, pero no es por la crítica de Carlos Boyero que se estrenaba hoy en El País, o mejor dicho, que volvía hoy a El País. No sé si es mala o no. Pero no tengo ganas de verla.
Mi madre tenía cinco años en 1939 y estuvo encerrada con mi abuela en esa misma cárcel de Ventas que la película reconstruye. Allí estuvieron varios meses, los que tardaron en decidir si le conmutaban la pena de muerte a mi abuela. A mi madre la he oído contar algunas veces, con pocos detalles, que una de aquellas chicas, no sé cuál, le enseñó las primeras letras porque mi abuela era analfabeta.
Muchos años después, mi madre me enseñó a mí a leer. No sé cuáles serían las primeras letras que me enseñó. Pero seguro que eran las mismas.
No sé por qué me duele, pero no tengo ganas de ver la película. Tampoco tengo muchas ganas de escribir, pero a lo mejor estas letras me ayudan a dormir esta noche.
Las letras, las palabras, siempre ayudan.
Octubre 16, 2007
Nocturna, para disfrutar
Uno de los problemas del éxito temprano de las películas de Disney fue la progresiva infantilización de las películas animadas, que ha dejado instalada en el espectador la idea de que cualquier filme de animación es para niños y nada más. Aunque Blancanieves causara una honda impresión en un par de generaciones adultas y que buena parte de las mejores producciones anteriores a 1950 -El gato Félix, Betty Boop, Popeye…- y el trabajo de muchos creadores japoneses y europeos tuvieran al público adulto como destino, el binomio dibujos animados = niños es tan inseparable como Supermán y Metrópolis. Además, en los últimos años, muchos autores y productoras de este género suelen sucumbir a esta reducción y no se toman en serio a su público, convencidos de que todo vale.
Y no es así. Si hace unos meses, Miguelanxo Prado demostraba la capacidad expresiva inigualable de un filme de animación, el estreno de Nocturna rompe con la idea de que todo vale y seduce al espectador con una historia apta para todos los públicos, pero no infantil, cargada de poesía y muchas ganas de hacer un buen trabajo. Desde los diseños de los fondos al desarrollo de los personajes, Nocturna es un ejercicio de buen cine de animación y de respeto por el espectador.
Nocturna es la historia de un niño encerrado en una rutina de internado de la que sólo escapa por las noches, cuando contempla las estrellas y, sobre todo, una en particular. Nada se dice de sus antecedentes ni del carácter de la institución que le acoge, no hay adultos en la película, sólo niños y una sucesión de criaturas fantásticas que explican con sencillez la razón y los motivos de los muchos sucesos que suceden a lo largo de la noche. Los sueños, los cabellos enmarañados, los ruidos de los objetos y de los edificios, el rocío de la mañana… Todos esos fenómenos que se desarrollan por la noche son la actividad principal de los habitantes de Nocturna.
En lo visual, Víctor Maldonado y Adrián García, directores de la cinta, beben de fuentes muy diversas y se encuentran en ella rastros de Miyazaki, de Tim Burton, o de Sylvain Chomet, el autor de Las trillizas de Belleville, estrenada hace cuatro años y una de las mejores películas de animación de la historia del cine. Nocturna recoge hasta un pequeño homenaje a Disney, oculto tras la sombra temible contra la que se enfrenta el protagonista.
En resumen, si creéis que los dibujos animados son sólo para niños, esta es una excelente oportunidad para reconciliarse con el cine de animación. Y también para reconciliarse con el cine español, que no todo es Cómo agradar a Guillermo del Toro en diez secuencias.
Octubre 13, 2007
Mataharis, cine de cualquier parte
Siempre me ha fascinado la etiqueta de "cine español" utilizada para clasificar alguna película o, lo más frecuente, para descalificarla. Es difícil utilizar la nacionalidad para definir algo, y más allá de tópicos, lo normal es que la definición llegue a ser racista. Otra cosa es la cinematografía, que sí puede responder a rasgos supuestamente nacionales. Así, hablar de una película estadounidense nos remite a la gran superproducción de Hollywood. Pero esto es muy peligroso por excluyente, que es lo malo de las etiquetas.
Este fin de semana lo pensé después de ver Mataharis, la última película de Iciar Bollain, que se puede despachar diciendo: es un filme español que no parece español. Y eso es muy injusto, aunque al decirlo, todos sepamos de que estamos hablando. Mataharis es una excelente película, al margen de su nacionalidad y precisamente por ella, porque cuenta historias que están sucediendo a nuestro alrededor en todo momento y lo que es mejor, nos suceden, o nos han sucedido o nos sucederán.
La clave está en la universalidad de los conflictos, de los sentimientos y de los motivos de las personas para actuar y vivir como lo hacen. Las tres protagonistas, tan bien elegidas como dirigidas, son detectives y la metáfora de la indagación en la que viven, interior y exterior, es el eje de la historia. Tres mujeres, tres edades, tres conflictos en sus vidas que durante un instante lo altera todo, que provoca cambios y que al final las deja como supervivientes de sí mismas.
El cine de Bollain, y esta si es una etiqueta necesaria, es un cine sencillo, íntimo, lleno de ritmo e historias de hoy mismo, de mostrar y reflexionar sobre lo que nos pasa. De poner el acento en unos diálogos espléndidos y de unos movimientos de cámara al servicio de la narración.
Su mirada, como demostró en Te doy mis ojos, es la de una persona comprometida, sin aspavientos, con una concepción del mundo que excluye la intolerancia y la violencia y que respeta y se identifica con los movimientos sociales de izquierda.
Octubre 03, 2007
Conversaciones con mi jardinero
Viendo Conversaciones con mi jardinero recordé la conversación entre Guillermo y Hernán Casciari sobre radioteatro, porque esta es una película de diálogo fundamentalmente, y no puede concebirse de otra manera. Las imágenes apenas si subrayan la historia, que es la de dos amigos de la infancia que vuelven a encontrarse, situados en la vida en posiciones diferentes, pero que conservan la misma mirada sobre las cosas y, lo que es más importante, una complicidad que ha sobrevivido al tiempo.
Son las conversaciones, los intensos –que no largos- diálogos que mantienen ambos personajes los que sostienen una película sencilla, pero muy reflexiva sobre el acto de mirar y de percibir, con la excusa de contraponer el arte y la naturaleza. La amistad a través del tiempo y ese mismo discurrir del tiempo visto a través de dos miradas diferentes son el eje de estas Conversaciones.
Ni que decir tiene que las interpretaciones y la elección de los actores son excelentes y aunque haya alguna secuencia prescindible por tópica, como un discurso en una galería de arte en el que se abunda en la idea de que los críticos de arte no tienen ni idea y se limitan a acumular frases sin sentido para explicar porqué un cuadro “transmite”.
Una buena, sencilla e interesante película para tardes tranquilas.
Septiembre 11, 2007
Death Proof, una gamberrada genial
Que el director Quentin Tarantino es uno de los mayores gamberros del cine es una obviedad y que es un cineasta que roza la genialidad, también. Asi que su última película, Death Proof, es una prueba más de ambos rasgos: es una gamberrada genial. Tarantino suele explicar en cada película qué piensa del cine a través de sus propias películas y, de paso, dar un repaso a las tendencias actuales. Y en Death Proof no podía ser menos.
La película es un homenaje completo y certero a los programas dobles del cine de serie B de los 70: desde el montaje a saltos, la mala calidad de la copia –con rayajos, una secuencia sin color y saltos en la música y los diálogos-, a los primeros planos gratuitos de los culos de sus actrices. En Death Proof todo está medido, ajustado al milímetro para que la película sea un homenaje cariñoso y no una parodia infumable. El argumento es sencillo y hasta tópico: psicópata más chicas de excursión; y sin embargo qué forma de darle la vuelta, qué punto de vista tan diferente es capaz de mostrarnos.
Excelente director de actores, Tarantino convierte a un Kurt Russell único en un psicópata tan creíble como malvado, aunque al mismo tiempo es capaz de situarlo en otro tiempo, de convertirlo en un personaje fuera de lugar, no por su maldad, sino por su propia vida. Por ejemplo, en una secuencia memorable, Russell deja de ser amenazante –luego volverá a serlo- para resultar patético, mientras relata sus peripecias televisivas como doble de acción delante de tres veinteañeras que no tienen ni idea de a qué series o actores se refiere.
En su discurso sobre lo que es y lo que no es el cine, Tarantino deja claro que nada de efectos digitales, que la tensión, el suspense, el interés del espectador se tiene que sostener por la historia, por la narración, a despecho de las técnicas empleadas para su filmación y, por supuesto, que siempre es mejor sugerir que mostrar. Si tienes que mostrar, hazlo, pero hazlo bien y con sencillez, parece decir en dos secuencias especialmente brutales. Por lo demás, su apuesta por las mujeres como verdaderas heroínas se mantiene intacta, así como un par de guiños al espectador “marca de la casa”: su presencia en el filme como propietario de un bar decorado con carteles de cine que incluye una película de Charo López (¡!), y el diálogo de dos policías, padre e hijo en un hospital en una secuencia que es para tirarse al suelo de la risa.
Septiembre 06, 2007
Ratatouille, una fiesta de los sentidos
Conocí a John Lasseter durante su gira promocional para presentar Bichos en 1998, tres años después del estreno de Toy Story, la película que cambió para siempre el concepto de cine de animación. Para ganar tiempo y dar cabida a todos los medios, esas giras incluyen entrevistas colectivas de unos veinte minutos con tres o cuatro periodistas a la vez. Y son una pesadilla, porque el personaje está aburrido, no sabes con qué compañero te puede tocar y puede ser un plasta que no deje meter baza o, peor aún, haga todas las preguntas "originales" que llevabas preparadas.
Pero aquella entrevista colectiva, realizada tras ver la película, salió redonda: eramos tres enamorados de la animación, sintonizamos con el personaje, Lasseter no estaba muy cansado y nuestras preguntas -que incluían referencias a los grandes maestros-, le animaron. Hasta le preguntamos por Cruz Delgado, el más importante de los cineastas españoles de animación, y lo conocía. Ya no me acuerdo qué le preguntamos exactamente, porque muchas preguntas eran impublicables: sólo para iniciados, pero no he olvidado dos cosas. Una, el cariño con el que sujetaba un peluche muy detallado de Hopper, la malvada langosta. Y dos, el brillo de sus ojos cuando hablaba del cine que le gustaba hacer.
Ha pasado el tiempo y tanto Lasseter como Pixar han crecido en todos los sentidos, pero sobre todo creativamente. El cine de Pixar sigue en mi opinión un esquema muy sencillo, narrativamente eficaz y técnicamente impecable. El argumento es clásico: un viaje iniciático, la amistad, el compañerismo, un poquito de nostalgia por tiempos pasados, malvados con un punto de ironía y una ternura sensata, no sensiblera. Sus historias se dividen en dos clases: las que tienen protagonistas colectivos (Toy Story, Monstruos S.A.) y las que tienen un protagonista soñador y visionario, casi marginado de su entorno, incomprendido y genial, como en Bichos o en Buscando a Nemo.
Es en estas últimas donde el discurso de Lasseter -o de Pixar, dirija quien dirija- es más personal e íntimo, donde la historia que cuenta deja de ser un cuento para niños para ser algo más profundo sin perder la sencillez. Y aqui nos encontramos con Ratatouille, la última y verdadera obra maestra del cineasta californiano. Ratatouille es una historia de marginados, de afanes de superación, de exaltación de la amistad y de un sueño imposible hecho realidad: una rata de alcantarilla, ladrona por definición, portadora de todas las enfermedades, criminal desde la cuna, convertida en chef, reina de las cocinas más impolutas.
Ratatouille se articula en torno al discurso más radical -y yo creo que más verdadero- de Lasseter, el que expresa la cultura de Pixar: vale la pena arriesgarse. Vale la pena darle la vuelta a los tópicos y explicar a través de una comedora de basura qué es la comida, qué son los sabores y cómo se articulan éstos en nuestro paladar, cómo nuestra relación con los alimentos puede ser una necesidad biológica, pero también una cultura y una fiesta.
Ratatouille es una obra de madurez desde el principio, pero cuando alcanza su cénit se convierte en una pieza maestra. Llegado el final, cuando nadie le hubiese reprochado tirar de manual y cerrar el film de una forma convencional, Lasseter se descuelga con un extraordinario parlamento sobre la crítica, el riesgo, las convenciones humanas y los prejuicios, capaz de cortar el aliento. Pensada como una comida -francesa, asi que el orden de los platos es diferente-, Ratatouille se cierra con un café aparentemente ligero, pero sin azúcar y un impagable plano de París a través del cartel de un restaurante que inaugura una nueva era.
Como en los carteles publicitarios que entrecomillan las frases favorables de los críticos, no se me ocurre nada mejor que decir: No se la pierdan.
Agosto 28, 2007
La soledad, casi una obra maestra
Si algo hay que agradecerle a Jaime Rosales es el riesgo que ha aceptado, la valentía de hacer cine español, pero radicalmente diferente a lo que cualquiera llamaría así. Su segunda película, La soledad, no es una obra maestra y arrastra varios defectos, pero quien no se arriesga, no gana. Y Rosales acabará ganando.
La soledad es una propuesta radical, en su puesta en escena y en su temática. En su puesta en escena porque Rosales ha decidido experimentar en lo posible con las posiblidades de la cámara y del encuadre. En la temática porque hace un retrato minucioso y fiel de la vida cotidiana de un par de familias, unidas ante el espectador porque dos de sus miembros comparten la vivienda.
Es la vida cotidiana en estado puro: monótona, premiosa, casi vulgar. Cualquiera puede reconocerse en los muchos momentos diarios que muestra la película: ante la plancha, en una cena, en la terraza de un bar, sentados en un autobús. Ni siquiera la muerte logra romper el ritmo por mucho tiempo: el ser humano siempre se recupera, nos dice Rosales. Y lo hace como sabe: recuperando las rutinas, la cadencia de la vida, con sus trabajos aburridos y sus conversaciones insustanciales.
Si Alexander Sokurov fue capaz de filmar en un solo plano secuencia El Arca Rusa, Rosales recupera recursos expresivos muy cinematográficos pero poco utilizados, como partir la pantalla en dos partes en las que los personajes entran y salen. Abusa un poco de ello, pero en los diálogos a dos, la pantalla partida –un personaje de perfil y el otro de frente- se muestra mucho más efectiva que el habitual plano/contraplano del cine convencional.
A diferencia de las propuestas casi documentales de un Guerín (En construcción) o de Mercedes Álvarez (El cielo gira), que utilizan la cámara como testigo "invisible", La soledad es un relato completo de ficción, una ficción naturalista y que no oculta la presencia de la cámara: la técnica se usa también como parte de la ficción. Rosales ha intentado elevar la vida cotidiana a la altura del arte. Y el resultado es sobresaliente, aunque en general, creo que a La soledad le sobra un poco de metraje y le falta un poquito más de diálogo.
Su narración y la ausencia de las convenciones habituales del cine intimista, establecen una distancia frente al espectador que provoca muy poca empatía con los personajes y la frialdad se nota. Hay algo de científico social en este director, que mira y nos obliga a mirar con distancia. Es una película para ver varias veces, para entrar en su poesía y en esa distancia, en su fluir de pequeños acontecimientos diarios que lo son todo para las personas.
Rosales tiene una mirada propia, a veces lejana y fría y otras de una intensidad poética muy difícil de encontrar en el cine de hoy en día. Es un director a tener en cuenta, que si sobrevive a la jungla de la distribución y al ninguneo de crítica y colegas, va a hacer grandes películas.
Agosto 21, 2007
Dos días en París, una tosca comedia
Sesión doble el fin de semana pasado y muy diferente. Si el sábado fue una inteligente reflexión sobre la venganza, que ya comenté ayer, el domingo tocó una especie de comedia bufa y disparatada, Dos días en París, dirigida por la polifacética y casi hiperactiva Julie Delpy.
Delpy no se complica mucho y se limita a contraponer dos mundos muy diferentes para arrancar las carcajadas del espectador, sin intentar nada más original. El problema es que los dos mundos no son tan diferentes, ni tan extremos y ni siquiera están medianamente dibujados. Delpy, que cuenta haber empleado a sus amigos y parientes para rebajar los costes de producción, consigue transmitir cierta sensación de miscasting, de error de reparto.
La pareja protagonista –la propia Delpy y el actor Adam Goldberg- no tienen mucha química que digamos y, aunque se supone que tienen la misma edad, no conseguí creérmelo en ningún momento. Quizás lo más llamativo de todo sea que el protagonista masculino, un decorador estadounidense maniático y ligeramente hipocondríaco, sofisticado, ecologista y demócrata, esté tan tatuado como un ángel del infierno y fume un cigarrillo tras otro.
Delpy, nacida francesa y habitante en Nueva York desde hace años, conoce bien ambas sociedades, pero da la impresión de no querer manejarse ante la sutileza: todos los chistes son gruesos, las conversaciones toscas, la cámara se mueve con frenesí y los planos son de academia, aunque nos ahorra la visita turística a la ciudad de la luz y consigue darle algo de agilidad.
Tiene buenos momentos, sobre todo a la hora de retratar la vida más cotidiana, aunque sea excepcional, y algunos diálogos de la pareja protagonista demuestran que quiere a sus personajes. Delpy se interpreta bien a sí misma aunque en algunos momentos es como un Woody Allen femenino sin talento. El tono de autobiografía atropellada, de querer acumular chistes privados porque sí, terminan por agobiar un poco. Por cierto, la publicidad de la película incluye la presencia -en tercer lugar, tras los dos protagonistas- de Daniel Brühl y éste aparece en pantalla un par de minutos mal contados.
Agosto 20, 2007
Sympathy for Lady Vengance
Desde Hamlet en el teatro hasta El conde de Montecristo en la novela o Kill Bill en el cine, la venganza ha sido objeto de muy variadas aproximaciones. El deseo de castigar los agravios, de buscar una compensación por el dolor sufrido es un gran recurso narrativo y se presta a muchas interpretaciones, desde la política, la religión y la moral o los efectos sobre la mente humana. Nadie está exento de esa sed, un sentimiento que puede ser devorador, pero también enriquecedor.
El director coreano Chan Wook Park hace en Sympathy for Lady Vengance una excelente reflexión sobre la venganza y las consecuencias –en este caso, devastadoras- que puede provocar en quienes la convierten en el eje de sus vidas. Con una mirada propia, alejada de las convenciones habituales, Park describe con eficacia la red de contactos que una mujer joven, encarcelada por el secuestro y asesinato de un niño, teje a su alrededor para, cumplida la condena, ejecutar su venganza contra su acusador.
En busca de una expiación del crimen, del que da origen a la venganza pero también a lo que ésta va a suponer y que no se detiene ante la propia mutilación, la protagonista se oculta tras una máscara de bondad y sacrificio que le permite, primero sobrevivir en la cárcel y segundo, planear con precisión su respuesta.
La película, dura pero no violenta, no ahorra detalles, pero la música elegida –romántica, clásica y hasta dulce en ocasiones-, ejerce un contrapunto sorprendente sobre la narración. Hay algunos toques macabros dignos de cineastas como Buñuel y los habituales planos y ángulos del cine oriental, tan distintos a los occidentales y tan eficaces que asombran.
Cuando los preparativos se han terminado y la venganza cobra sentido, entonces Park despliega todo su talento para mostrar el vacío del después, la ausencia de emociones que deja en los personajes ver cumplidos sus deseos. Sin estridencias, Park retrata cómo todo el odio y la rabia contenida estallan, y cómo ese estallido -casi un orgasmo- no consigue satisfacer a nadie.
Park deja que sus criaturas se retraten solas, sin mostrar simpatía ni antipatía ante sus actos: son los que son, causados por estas razones y estas son sus consecuencias, parece decir: así somos. Y como espectador, no tengo más remedio que mirar en mi interior para comprender dónde nos lleva una venganza, qué consecuencias tiene dejar que ese deseo se convierta en el motor de mis acciones.
Sympathy... es en resumen, una película inteligente, mucho menos espectacular que Kill Bill, pero más realista e implacable en su disección de los sentimientos humanos, del odio y del vacío que éste deja. De la necesidad de expiación, de respuestas ante la propia conducta que nadie, ni siquiera uno mismo es capaz de encontrar.
Agosto 13, 2007
Zodiac, un thriller muy bueno
Basada en una sucesión de crímenes inexplicables ocurridos en California hace cuarenta años, Zodiac es una minuciosa reconstrucción de la investigación policial y periodística de un caso que sigue sin resolverse, aunque la película y la percepción del espectador es que podría haberse resuelto. Está dirigida por David Fincher, autor de Seven, por ejemplo, un poquito sobrevalorada en mi opinión, pero también un buen título, aunque me ha gustado más ésta.
Zodiac es también una sorpresa muy agradable en una cartelera llena de títulos violentos y descerebrados, sin el más mínimo guión. Con el ritmo justo, sin acelerar, dando tiempo al espectador a asimilar los datos y las pistas, Zodiac ofrece un catálogo completo de buenos diálogos al servicio de una historia, de caracterizar los personajes lo suficiente como para que sean verosímiles, y de dejar claro, con algunas secuencias de una violencia fuerte, que las muertes no fueron un juego, sino especialmente crueles.
La acción discurre ordenada y aunque abusa un poco de los rótulos de situación, es muy clara y llega a ser por momentos apasionante. La película retrata un mundo policial y periodístico que hoy nos resulta lejano, en el que no hay adn ni coordinación entre policías, en el que el fax es una novedad y las máquinas de escribir y los teléfonos fijos forman el paisaje informativo.
Ambientada de una forma espléndida y fotografiada con un tono que recuerda a los títulos de los 1970 (Harry el sucio, que aparece en su estreno, o las de Shaft), Zodiac se permite jugar con varios géneros y hasta hacer un emocionante homenaje a las películas de terror más clásicas.
¿Una pega? Siguiendo la moda imperante en Hollywood -que explica muy bien el guionista Alex Epstein- el tabaco, el acto de fumar está casi proscrito, aunque sea esencial para comprender cómo se vivía entonces, y sólo fuma uno de los personajes (no es el "malo"), pero que también le pega a otras sustancias adictivas y, por qué no, más peligrosas. En fin, un peaje a la intolerancia.
Agosto 09, 2007
Takeshis, el desconcierto
Llevo varias semanas intentando escribir algo sobre la última película del director japonés Takeshi Kitano, precisamente titulada Takeshis. Y francamente, no lo consigo. Nada más salir de la sala me encontraba en un estado de perplejidad difícil de describir: ¿me han tomado el pelo, o he visto una obra maestra? Y en esas estoy aún, aunque este tiempo me ha permitido asentar algunas impresiones sobre este film.
De entrada, Takeshi desarrolla sin cortarse una monumental gamberrada en la que se convierte en un yakuza que hace lo que le da la gana, un tema que ya trató en El verano de Kikujiro, donde un hombre y un niño viajan por Japón en busca de un imposible, dejando tras de sí un rastro de facturas impagadas y travesuras.
Asi que tengo la impresión de que es el contraste entre la muy educada sociedad nipona, casi rígida en normas sociales, y un elemento distorsionador –maleducado en El verano, violento en Takeshis-, el eje de parte del cine de Kitano. Su creación del concurso Castillo de Takeshi –el Humor amarillo televisivo en España-, iría también en esa línea. Pero Takeshis se desliza como un sueño, o esa al menos mi impresión. No como una sucesión de sueños entrelazados, sino más bien con el desorden con el que soñamos los humanos.
Dentro de ese sueño, las reflexiones sobre el éxito social, sobre el desprecio, la violencia, el sexo y las relaciones entre jefes y empleados ponen por así decirlo la nota seria en una película que a veces hace reír con ganas. Hay algo fascinante en Kitano, capaz de mantener al espectador en la butaca durante casi dos horas sin cansarse, aunque llegando al final, reconozco haberme sentido un poco saturado. No es una película fácil, y el trabajo de los actores roza por momentos el tópico del “inescrutable rostro oriental” de Fu Manchú.
En resumen, una película llena de contradiciones: interesante y penosa, incomprensible y divertida, soñada y tan realista que conmueve. Lo dicho: una tomadura de pelo o una genialidad.
Aqui hay una entrevista con Takeshi en la que explica su visión de la película
Agosto 07, 2007
Los Simpson, decepcionante y divertida
Este ha sido el verano de los Simpson. Entre la política de serie quemada de Antena 3, promocionando, emitiendo y volviendo a emitir hasta en las cortinillas a la familia de Springfield y la promoción de anuncios sobre la película y productos derivados, reconozco que estoy un poco saturado de Bart y demás.
Asi que he visto Los Simpson: la película con la simpatía justa. Y lo peor es que me ha dejado un poco indiferente. No es un episodio alargado, pero tampoco es una película y si algo de amontonamiento de gags sin mucho pegamento. Además de la secuencia inicial, frenética y divertida, tiene momentos brillantes, sobre todo al hacer referencia al mundo audiovisual y a compartir archivos. Ojo, que no me resisto a poner uno de ellos:
Bart, con las copas de un sujetador negro sobre la cabeza, como un ratón, le dice a su madre: mira, soy la mascota de una malvada compañía.
Pero tanto en el planteamiento como en el desarrollo de la historia, el balance es un poco decepcionante. No llega a los niveles de Transformers, que es lo peor. Pero no deja de ser una comida cocinada con ingredientes tradicionales, y después de 20 años está sabrosa, sí, y quita el hambre, pero no deja de ser monótona.
La elección de los personajes secundarios tiene un punto arbitrario y la mayoría de las secuencias fueron concebidas originalmente para los episodios de la serie y aquí se retoman con fondos diferentes: reflexiones mágicas de Homer, amores de Lisa, enfados de Marge, etcétera. Hay, pues, mucho reciclaje de situaciones, gags y personajes y el nivel de crítica social o política no sobrepasa lo justo para que la película pueda emitirse en televisión.
Junio 12, 2007
History Boys
Lo más llamativo de esta película es que hay que empezar por el final para hablar de ella. Porque mira que es difícil cerrar un guión, cualquier obra. Saber acabar es muy difícil y son muchas las películas que terminan naufragando después de arrancar con fuerza para irse desinflando después. Pero estos chicos de Historia acaban con las mismas ganas con las que empiezan, lo que me dejó un buen sabor de boca, que todavía me dura.
History Boys es tan sencilla como divertida, y aunque tenga un origen teatral y un poco inverosímil –un grupo de adolescentes a los que les gusta estudiar, que quieren a sus profesores y pretenden obtener una beca-, el desarrollo, los excelentes diálogos y unos actores perfectos, acaba siendo como un bombón de la especialidad que más nos guste. El mérito está en su credibilidad, en la experiencia que muestran todos y cada uno de los personajes.
Esta es una película para detenerse en tres claves: actores, diálogos y final. Del final poco más voy a decir para no destriparlo. Excelente. De los actores: son la prueba de para qué sirven las escuelas de teatro, las obras que se representan en los colegios, enseñar desde niños a hablar y entender lo que se está diciendo. Y en eso, la lección que dan los británicos es de sobresaliente. Suena a utopía, pero a nuestros institutos y colegios no les vendría mal como ejemplo. Sé que soy injusto, pero tengo la impresión de que a buena parte de los actores y actrices españoles de 30 años para abajo no se les entiende, son incapaces de vocalizar como un mínimo de claridad. Y eso se ve en las series televisivas en las que comparten escena con compañeros más veteranos: véase El internado o Cuenta atrás.
En cuanto a los diálogos, exigen atención, pero no son verborrea, se deslizan, añaden, explican lo que está pasando sin resultar cargantes. Pero además son divertidos y las réplicas y contrarréplicas entre alumnos y profesores son brillantes. La película plantea sin vergüenza los problemas de las aulas, de los jóvenes en plena adquisición de su identidad, las relaciones con los adultos, la homosexualidad… Sin ligereza y sin aburrir tampoco. Mención aparte merece el director del instituto: una mezcla del superintendente Vicente de Mortadelo y Filemón y el director Skinner de Los Simpson.
Mayo 25, 2007
El poder de la Justicia
Cuando tienes tratos con abogados en seguida descubres que en ningún país hay Justicia, así con mayúsculas, sino Derecho, también con mayúsculas. Y de eso trata la última y excelente película del maestro francés Claude Chabrol. Como los franceses y nosotros compartimos un sistema judicial muy parecido (basado en el que desarrolló Napoleón), Borrachera de poder es una película que se entiende muy bien, cercana.
Es muy diferente de la anterior (Dama de honor), más sencilla, pero con un discurso subterráneo mucho más subversivo. Una jueza se empeña en desmontar una trama de corrupción que afecta a las altas instancias del país: el cobro de comisiones y el despilfarro de caudales públicos. ¿A que suena familiar?
Sin efectos especiales ni crímenes, Chabrol construye una película policiaca, con momentos angustiosos y de suspense, pero también deja claro dónde están las instituciones del Estado, cómo actúan y hasta dónde se puede llegar a la hora de evitar la corrupción. Es una película de diálogos, que exige cierta atención, pero que compensa plenamente por la inteligencia, la facilidad con la que Chabrol describe la vida cotidiana y las relaciones personales. Es a la vez, un testigo, y un padre del comportamiento de sus personajes.
Mueve la cámara con distancia, pero los planos son cercanos, nada de lo que retrata es inocente: ni el desagüe de un fregadero, ni la longitud de un pasillo de hospital. La música y los gestos, la luz y los pequeños detalles son cruciales. Borrachera de poder es, además, un ejemplo de lo que es el cine europeo y su diferencia con el estadounidense: la protagonista tiene 53 años y los luce, no es una joven heroína enfrentada a los entresijos de Washington como en El informe Pelicano, por ejemplo. Y eso sin desmerecer este filme del, por otra parte, buen director Alan J. Pakula.
Mayo 08, 2007
Martín Patino con internet
El director de cine Basilio Martín Patino contó hace unos días en un festival de cine en Italia que, tras comprar los derechos de sus películas, va a ponerlas a disposición del público en internet, para que "las vean todos, las veces que quieran".
Así que pronto podremos disfrutar de títulos fundamentales como Queridísimos verdugos o Canciones para después de una guerra. Esto sí que es hacer cultura.
Mayo 06, 2007
Sunshine promete mucho, pero…
Sólo por haberlo intentado, ya se merece cierto crédito Danny Boyle por Sunshine, película que arranca de muy buenas maneras, mostrando sin complejos los tópicos más queridos de la ciencia ficción: la nave hecha de andamios, la cocina, el comunicador personal que los tripulantes llevan, los pasillos claustrofóbicos, el puente de mando de lucecitas y pantallas, la tripulación mixta de actores desconocidos, la misión heorica y trascendental… En fin, una gozada para amantes del género, con mucha referencia a películas clásicas, pero también con sus momentos originales: ese mirador del sol, por ejemplo.
Buen planteamiento, diálogos, personajes, decorados, intenciones. Buena dirección de actores, la cámara bien situada y planos sofocantes: vamos camino del sol y eso se nota, y lo digo sin ironía. Pero…
Al rato empecé a sentirme incómodo y la fascinación se acabó. Y no lo digo por sus disparates científicos, que no es precisamente lo que hay que ver en estos filmes, que para eso está Scientific American. No. Lo digo por la sucesión de acontecimientos y desgracias que van amontonándose a cada secuencia. Vale que este género necesita que la misión tenga dificultades, pero ¿tantas? Lo siento, pero hacia la mitad me convencí de que director y guionistas se habían metido en un jardín (hidropónico, eso sí) y no sabían cómo salir.
Del homenaje y la referencia a los clásicos Alien y 2001, Sunshine pasa a ser un enloquecido catálogo de películas de los últimos 25 años, incluyendo Hellraiser, las de Elm Street, las galaxias, Atmósfera Cero y, me dejo la mitad, seguro. No sigo, porque no quiero destriparla con spoilers.
Asi que al final estaba deseando salir y preguntándome ¿por qué no has hecho caso y has ido a ver El buen pastor?
Abril 30, 2007
Edith Piaf sufrió, pero no tanto
Las películas biográficas no suelen ser buenas: o están escritas para fans, o son tan minuciosas y exhaustivas que aburren a una oveja, o son blanditas para que el personaje (o sus herederos) no ponga una querella… También se da el caso de que sean magistrales, pero eso es más raro.
Las hay, como Factótum, que se centran en un periodo concreto; las que son muy previsibles e implacablemente cronológicas, como Ray, y, por fin las que no son ni una cosa ni otra sino todo lo contrario, que es lo que le pasa a La vida en Rosa, un retrato desordenado y caótico, bastante lacrimógeno en varias secuencias de la vida de Edith Piaf, el mito musical francés.
Toda la película es un continuo vaivén de atrás hacia delante, de un año al anterior, del pasado al futuro y de éste al presente de la biografiada. En fin, que a pesar de la buena ambientación, la excelente banda sonora y el pedazo actuación de Marion Cotillard en la piel del gorrión parisién, la película se cae sobre el espectador como una colección de cromos o estampitas.
Dice el director que ha querido enlazar de forma emocional los episodios más significativos de la vida de la cantante, pero lo cierto es que lo único que consigue es marear al espectador. Y si es aficionado o conoce a la Piaf tiene un pase, pero un espectador que no sepa quién era y se acerque de buena fe a esta película, lo tiene un poco complicado.
Porque el director, además de desordenar en la sala de montaje una vida ya de por sí desordenada (al menos para la burguesía), sólo incide en el lado más doliente y desgraciado de una mujer que tuvo una vida muy dura, sí, pero que también tuvo momentos de gloria, de tranquilidad y de amor. Da la impresión de que Edith Piaf fue una desgraciada toda su vida y eso no es cierto.
Por otra parte, en aras de una corrección política cada vez más idiota, nada se dice de los muchos amantes y amores que se trajinó la Piaf: entre ellos la mayor parte de los grandes nombres de la canción francesa, empezando por Aznavour; o los actores como Yves Montand.
Mujer única y cantante excepcional, Edith se merecía algo mejor en forma de biografía filmada más arriesgada y valiente, como lo fue ella.
Abril 05, 2007
Algunos ideas sobre 300
Todavía quedamos algunos a los que el nombre Termópilas no les suena a baterías ni a cómic de Frank Miller, merecido sucesor de los grandes del noveno arte en su versión estadounidense: Raymond, Hogarth y Eisner, no necesariamente por ese orden. Asi que, sin haber leído la obra, pero con el recuerdo de lo que ese nombre representó cuando intentaban enseñarme griego, he estado viendo 300 en una pantalla bien grande.
Miller es un genio y tratar de llevarlo a la pantalla es difícil, por no decir absurdo, asi que me concentré en la película como lo que es, sin pararme en el tratamiento de la imagen, las músicas y los efectos. La batalla de las Termópilas forma parte de las enseñanzas militares desde hace siglos: por su táctica, por el uso inteligente de los recursos y, naturalmente, por el valor de sus participantes. Pero la historia es la que es, y ya es suficientemente hermosa sin adornos.
El espectáculo no defrauda, pero me llamó la atención la diferencia estética y hasta sociológica con la que ambos contendientes se presentan. Diferencias que me aclararon la polémica con la que los iraníes acogieron el estreno. Los griegos se muestran con la imagen más tópica y clásica: musculosos héroes semidesnudos vestidos con una capa y armados de espada, lanza, yelmo y escudo, se obvian las muchas protecciones que llevaban, en aras de insistir en su heroísmo.
Son paladines de una libertad y un destino que, desgraciadamente para sus mujeres, esclavos y contemporáneos, no existía ni en su imaginación. Poner en boca de guerreros brutales de hace 2.500 años discursos como los que se oyen en el filme dan un poco de risa, porque a despecho de lo que parece, si no machacaron a los filósofos atenienses (como llega a decir Leónidas en un momento dado), fue porque Atenas era más poderosa, y así con todo.
Pero, rodada
