Marzo 09, 2010
El libro de Eli, apología del apocalipsis
Hay películas cóctel y películas receta. El libro de Eli es de esta últimas. La mayoría de sus ingredientes por separado son buenos, pero unidos, forman un plato difícil de digerir. El argumento es impecable: en un mundo que ha sufrido la devastación nuclear, un solitario caminante es portador de un libro que muchos ambicionan. Se dirige al oeste de Estados Unidos mientras sobrevive en medio de la nada a los ataques de quienes se han animalizado tras el desastre. Pero en una parada en un pueblo, alguien reclama su libro y tendrá que hacerle frente.
Denzel Washington, un actor que me gusta mucho, está espléndido en su papel de caminante, igual que Gary Oldman; el resto del reparto no desentona en absoluto. La narración -un poco previsible- funciona como un reloj. Pero cuando se desvela el misterio del libro y la misión del caminante, el estupor invade al espectador. No porque sea un truco -que no lo es-, sino porque la sabia manipulación que hacen los hermanos Hughes de su excusa final suena a cobardía, a que se han dejado llevar por el pensamiento dominante, en vez de arriesgarse hasta el final.
Así, de una película sobre la moral tras un desastre nuclear, los Hughes la convierten en una película moral sobre el fin de la humanidad y el apocalipsis, que no es lo mismo. Como desvelar la carga que porta Eli me parece de mal gusto, no insistiré. La película, no obstante, es muy interesante por muchas razones aunque provocará más de un debate. Es un buen guiso, pero con un ingrediente equivocado, al menos para mí.
La gala de los Oscar, peor que los Goya
Hoy hace seis años que empecé con este blog. Para celebrarlo, un par de posts que no tienen nada que ver con aniversarios, ni autobombo ni brasas.
Afronté con ilusión la posibilidad de ver la gala de los Oscar en directo porque los presentadores y ciertos detalles abrigaban la esperanza de asistir a un espectáculo de primera magnitud, al margen de los premios. Pero de lo dicho, nada. Fue plana, sin chispa, interminable y con algunos cabos sueltos incomprensibles.
Un vídeo con secuencias de películas de horror sustituyó al habitual Oscar honorífico, que se había entregado previamente en una ceremonia privada, pero no tenía sentido ninguno, máxime cuando el homenajeado, Roger Corman, estaba en la sala. Los chistes no terminaron de funcionar: “El bigote de Brad Pitt en Malditos Bastardos fue el mismo que usó Salma Hayek en Frida”.
Un final un poco atropellado y sólo pocos buenos momentos para recordar: la presencia de Ben Stiller, disfrazado como un habitante de Avatar y hablando como ellos; lo guapa a rabiar que estaba Charlize Theron; el homenaje a los fallecidos en el año, con actuación en directo de James Taylor, y las palabras de Juan José Campanella -merecido Oscar por El secreto de sus ojos- en la alfombra roja: “Aquí estamos, en este zoológico, tan alejado de nuestra cultura”. Como dijeron en twitter, “Buenafuente, aprende inglés y ayúdales”.
En cuanto a la victoria de En tierra hostil, ¿qué puedo decir? Que no me gustó cuando la vi. Que Sandra Bullock ganó a Meryl Streep y con eso se dice todo. Que Jeff Bridges es el p... amo. Y que no premiar el diseño visual de El imaginario del Doctor Parnassus que es prodigioso, es lamentable.
