Febrero 16, 2010
Nacidas para sufrir, comedia oscura con dos actrices excepcionales
El director Miguel Albadalejo ha conseguido con Nacidas para sufrir una comedia, oscura pero comedia, con los materiales de un drama: la manipulación de las personas y el abuso sobre quien no puede defenderse. Podía haber hecho una tragedia que explorase zonas muy oscuras de las personas, pero al elegir la comedia se ha arriesgado más y el resultado ha valido la pena.
Es verdad que sin la ayuda de dos actrices que hacen una interpretación insuperable, Petra Martínez y Adriana Ozores, Albadalejo lo habría tenido mucho más difícil. Con la anécdota mínima de la convivencia de dos mujeres en un pueblo, unidas por la mutua necesidad, Albadalejo muestra con sencillez y un humor casi berlanguiano la preocupación por el futuro de una anciana, las decisiones que se ve obligada a tomar y cómo las circunstancias pueden dar al traste con sus previsiones.
A través de las miradas y un cuidadoso tratamiento de los diálogos, Adriana y Petra desarrollan una relación tan intensa como sorprendente, un ejercicio de interpretación para mostrar en las escuelas de teatro. El resto del reparto cumple con creces, incluyendo a Malena Alterio, que ha disfrutado de un papel corto pero jugoso. La pirueta final de la historia demuestra que Albadalejo ha alcanzado la madurez como autor y que podemos esperar de él grandes películas.
En la gala de los Goya el ganador fue Álex de la Iglesia
Al margen de los premios -cada cual juzgará según sus gustos-, creo que esta gala de los premios Goya puede marcar un antes y un después, gracias a la presidencia de Álex de la Iglesia, verdadero triunfador de la noche. Primero por su elección de presentador, después por su decisión de posponer su discurso hasta la mitad de la gala y, por último, por convertir al público en el eje de su discurso. La presencia de Almodóvar y de casi todos los candidatos, de la Sardá como complemento y de actores y actrices normalmente ausentes dicen mucho de la capacidad de convocatoria de un gran director de cine convertido en excepcional presidente de la Academia. Pero escucharle un discurso sin lamentos por las 'descargas', su apuesta por el público -para quien el cine trabaja- y su insistencia en que el glamour es sólo una pequeña parte de la industria, fue de agradecer. Eché en falta en su discurso -sólo mencionó a RTVE- una mención a Telecinco, que ganó por goleada como productora.
Ángeles González Sinde pasó sin pena ni gloria por la presidencia de la Academia y parece empeñada en dejar huella en un ministerio que le viene grande y en el que se amontonan los conflictos con el cine, con la danza, con la gestión del patrimonio, con el mundo del arte, con las bibliotecas y con los ciudadanos. Qué lástima.
Pero estábamos con la gala, la primera emitida sin publicidad y con un locutor innecesario, que apostillaba a destiempo y sin ganas. Dos horas y 40 minutos en los que la mayoría de los premiados volvió a aprovechar su minuto de gloria para soltar la habitual y penosa retahíla de agradecimientos familiares. Fue divertido ver a Pocoyó, 'pirateado' hasta la saciedad y representante de otra forma de hacer negocio, entregando goyas a la animación, otra vez lo único como producto que lleva el cine español a los Oscar.
En fin, me sigue resultando un misterio porqué comparamos tanto los Goya con los Óscar y nos empeñamos en la comparación, lo que ni los César de Francia o los Bafta británicos soportan. Quizá Álex consiga reconciliar al público con una industria y unos creadores que son de los nuestros. Habrá que esperar al año que viene, en el 25 aniversario de la Academia, para saberlo.
