Junio 09, 2009
Corazón de tinta, casting de chorlito o Brendan Fraser: no, por favor
Me gusta Brendan Fraser. Me parece un actor de comedia de aventuras muy especial y con una inexpresividad muy expresiva, tan alejado del modelo Jim Carrey como del modelo Ben Stiller, pero capaz de hacer que su limitado repertorio de gestos y de muecas funcionen, y que sus películas tengan un toque de cine familiar único.
Pero Brendan Fraser tiene su sitio y, sintiéndolo mucho, no está en Corazón de tinta, el filme basado en las novelas de Cornelia Funke que ahora llega a las pantallas. Fraser no es creíble en absoluto como encuadernador y amante de los libros, ni como padre angustiado, ni como marido abrumado por la desaparición de su esposa. Su inexpresividad, que tan bien le funcionó como tarzán de andar por casa en George de la selva, o como arqueólogo en la franquicia de La momia, es más que un lastre en esta película, por otra parte entretenida, familiar y también bastante previsible.
Porque Corazón de tinta no es exactamente una comedia con un punto de disparate, sino lo que podríamos llamar un drama infantil. Es decir, y para entendernos, está más cerca de Lemony Snicket y de Charlie y la fábrica de chocolate que de Noche en el museo, por ejemplo, pero sin el toque gótico. Y Fraser no da la talla, mientras el resto del reparto cumple con eficacia.
En general, no deja de ser una adaptación, lo que empobrece las ricas novelas originales a pesar de los buenos efectos. No obstante, para quien no la haya leído, es ideal para amantes de los libros, aunque precisamente por eso se puede sufrir mucho en las secuencias iniciales, cuando la maldad alcanza la más hermosa y rica de las bibliotecas de este mundo.
