Junio 01, 2009
Terminator Salvation, sayonara Arnold
Ha pasado una semana desde que la vi y he esperado hasta ahora para ver si soy capaz de recordar algo más que la secuencia inicial. No soy amigo de adelantar los contenidos y destripar los argumentos, así que no lo haré, sólo un poquito para explicar algunos de los detalles que me han llamado la atención de esta película.
El primer Terminator fue en su momento un original y deliberadamente oscuro film casi de serie B que se elevó por encima de lo normal gracias a dos factores: un guión excelente, con una gran historia detrás; y una interpretación única del muy limitado Arnold Schwarzeneggerr, que hizo de la necesidad virtud y se aprovechó de su legendaria inexpresividad para convertirse en un robot que ya figura en la historia del cine popular por derecho propio.
Después, su deseo de blanquear una carrera cinematográfica y política con la complicidad de Hollywood alargaron, y tal vez complicaron en exceso, la historia, diluyendo el apocalíptico final de la humanidad del film original al transformarlo en una sucesión de combates entre hombres y máquinas cada vez más sofisticadas. Es verdad que las secuelas, al incorporar el humor, transformaron al brutal y despiadado cyborg en un simpático y no menos brutal amigote torpe del protagonista: es decir, como un Bud Spencer robótico. Pero la historia perdió altura.
Así que ante Terminator Salvation, nueva vuelta de tuerca del mito -porque ya lo es-, hay que hacer un esfuerzo para no desconfiar. Y la desconfianza estaba algo justificada, porque sin ser un horror, tampoco es una maravilla: entretiene, que ya es bastante, sobre todo en una buena pantalla grande con un sonido de verdad.
Como ya es habitual en el cine de acción, la secuencia inicial es tan impresionante que hasta las butacas tiemblan y te deja sin aliento. Es quizá lo más memorable de un guión hecho a la medida de quien haya seguido la historia en las películas anteriores, porque no explica nada. Tras esa excelente secuencia bélica del principio, la acción decae y va deslizándose cuesta abajo, como si la película ya se hubiese justificado sólo por el principio. Y eso que el guión incluye alguna sorpresa para mantener la atención y explicar el final.
Entramos entonces en una zona gris que no sé cómo explicar, porque las referencias –no homenajes, sino calcos- a otros títulos clásicos de ciencia ficción se suceden: hay planos que parecen de Metrópolis, secuencias de Mad Max, máquinas de los Transformers y hasta localizaciones de Alien. No sé si es que he visto demasiadas películas o que el género ha establecido un canon muy estricto y tiene que tener esos elementos –desiertos, refinerías, blancos laboratorios, sótanos húmedos y con tuberías…- para conseguir que el espectador se sienta identificado.
Creo también que buena parte de la película está pensada para la aparición, cuando el guión se despista un poco, del verdadero Terminator –no digo más-, que arranca un suspiro de alivio en los espectadores. Christian Bale está bien, qué remedio, aunque reconozco que me aburre un poco la capacidad que tienen ciertos seres humanos –ni mutantes ni superhéroes- para sobrevivir a cualquier ataque, golpe y zambombazo contra las paredes. Del resto del reparto, que figura como es su obligación, sin aportar nada más allá de alguna muerte memorable y mucha angustia, me ha gustado mucho la presencia de Michael Ironside, que vuelve a su papel de inflexible líder de la resistencia ;-) ahora que vuelve V. La dirección está en manos de quien perpetró Los Ángeles de Charlie.
