Febrero 04, 2008
Apuntes sobre los Goya
Como en años anteriores, la gala de los Goya se desarrolló sin muchas novedades y cada cual puede elegir de su medio online favorito la crónica que mejor le guste. A mí me llamaron la atención algunas pequeñas cosas.
Primero, que José Corbacho mantuviera un buen tono durante toda la retransmisión, aunque tuviera altibajos, lo cual es normal. Su particular visión de cada película nominada hizo parodias muy estimables. Y regalar un minigoya al niño nominado como mejor actor revelación fue un excelente detalle.
De la realización, hubo algunos fallos incomprensibles, como los extraños movimientos de cámara durante el memorial a los fallecidos, que impedían en muchos casos leer el nombre de la persona y su papel en la industria del cine. O no seguir a las presentadoras para que se pudiera apreciar al detalle los vestidos, que para eso se los ponen, en los largos –y absurdos- paseos de un extremo a otro del escenario para entregar los premios.
Con las tablas que tiene, y sabiendo perfectamente que lo iban a premiar, no entiendo el balbuceante discurso de Alfredo Landa, un trabajador del cine al que le pudo en exceso la emoción. Por cierto, ya les vale a los medios la coletilla permanente de “enfrentado a Garci” que sigue al nombre de Landa cuando nadie quiere publicar porqué y parece un misterio tan grande como el de las cuentas de la casa real.
Los discursos fueron en su mayoría una confusa relación de agradecimientos, con la excepción de Luis Rosales, director de La soledad y triunfador de la noche, que reivindicó el papel de los padres como formadores de nuevos espectadores, con el atrevimiento añadido de pedir que no se lleve a los niños a ver una de Walt Disney. A destacar también el productor de la mejor película de animación, Nocturna, que exigió a las autoridades medidas contra la piratería. Y, claro, la petición de Alberto Sanjuán -mejor actor protagonista- de disolución de la Conferencia Episcopal.
En cuanto a los premios, la sorpresa de premiar La soledad llevaba consigo un acto de verdadera justicia: fue la mejor del año pasado, como ya comenté aquí mismo. El resto de los premios era previsible y las reacciones de algunos nominados, como Belén Rueda -muy tensa ante su derrota frente a la Verdú-, también entran dentro de lo normal. No tan normal es que nos dé la una de la madrugada viendo una ceremonia que podía empezar antes y dejar que cineastas y espectadores concilien sus vidas con un horario más civilizado.
