Diciembre 29, 2007
El silencio antes de Bach, cine musical de verdad
Pere Portabella es un personaje inclasificable de la cultura auténtica, de la que no vive de ningún canon sino de arriesgarse continuamente. Productor de películas como El cochechito o Viridiana, después de un porrón de años sin dirigir, Portabella vuelve al cine con una película que exige del espectador sólo lo justo: que te guste la música y que estés dispuesto a dejarte arrastrar por ella.
Y así, El silencio antes de Bach se convierte en una experiencia individual, muy difícil de compartir porque no tiene un argumento sino varios, porque no hay más hilo conductor que las piezas elegidas de Juan Sebastian Bach y de los espacios en silencio que hay entre éstas. Película sobre la música, es también una declaración de intenciones de lo que el cine puede ser.
La película se desarrolla con la estructura de una pieza musical: empieza y termina y en silencio y las historias se suceden como los movimientos o las variaciones de una melodía. Portabella no desarrrolla un argumento concreto, aunque se narran algunas historias, de nuestro tiempo y del pasado. Su intención es que sea el tiempo de la música lo que se muestra.
No es una colección de cortos unidos por la música, sino segmentos de historias diferentes en las que la música de Bach es la clave. Es una reflexión sobre lo que es la música y lo que ésta nos dice de nosotros mismos, que recupera un pensamiento de Bach: la música ya estaba ahí, no la he creado yo. Así, los personajes, con Álex Brendemühl a la cabeza de uno de los segmentos, interpretan, viven o teorizan acerca de lo que es la música y lo que ésta hace en sus vidas.
