Octubre 03, 2007
Conversaciones con mi jardinero
Viendo Conversaciones con mi jardinero recordé la conversación entre Guillermo y Hernán Casciari sobre radioteatro, porque esta es una película de diálogo fundamentalmente, y no puede concebirse de otra manera. Las imágenes apenas si subrayan la historia, que es la de dos amigos de la infancia que vuelven a encontrarse, situados en la vida en posiciones diferentes, pero que conservan la misma mirada sobre las cosas y, lo que es más importante, una complicidad que ha sobrevivido al tiempo.
Son las conversaciones, los intensos –que no largos- diálogos que mantienen ambos personajes los que sostienen una película sencilla, pero muy reflexiva sobre el acto de mirar y de percibir, con la excusa de contraponer el arte y la naturaleza. La amistad a través del tiempo y ese mismo discurrir del tiempo visto a través de dos miradas diferentes son el eje de estas Conversaciones.
Ni que decir tiene que las interpretaciones y la elección de los actores son excelentes y aunque haya alguna secuencia prescindible por tópica, como un discurso en una galería de arte en el que se abunda en la idea de que los críticos de arte no tienen ni idea y se limitan a acumular frases sin sentido para explicar porqué un cuadro “transmite”.
Una buena, sencilla e interesante película para tardes tranquilas.
