16 de Mayo de 2010
Baarìa, Tornatore en estado puro
He oído decir que los italianos siempre están intentando explicarse a sí mismos, que su cine más personal es aquél que busca a través del pasado respuestas a su presente. No sé, porque las generalizaciones no suelen ser muy fiables. En el caso de la película Baarìa, de Giuseppe Tornatore, los tópicos parecen hacerse realidad.
No digo que sea una película tópica ni que sea mala, sino que responde a ese tópico de autoexplicación histórica atribuido a los italianos. El director de Cinema Paradiso, una de las grandes películas de tema cinematográfico, aborda en Baarìa la historia de un pueblo siciliano desde principios del siglo XX hasta ahora.
Con una puesta en escena excelente y un equipo de actores espléndido, Tornatore explica paso a paso la transformación de los paisajes y las personas a lo largo de más de un siglo. Transformaciones que, parece ser su tesis, no afectan a la esencia, a lo más profundo de la tierra y sus habitantes.
Es una película coral, y también biográfica del hijo de un cabrero que llegará a ser una modesta autoridad política del pueblo, convertido para entonces en una ciudad. Por su vida, atravesándola -siempre con consecuencias-, están los acontecimientos, Mussolini, la guerra mundial, la política italiana, la mafia…
Tornatore añade algunos homenajes a sí mismo y no faltan las secuencias en torno al cine, primero de todo el pueblo y después de barrio. La película se mueve cerca de las referencias al cine político e histórico, pero no desaprovecha la oportunidad para recordar las comedias italianas clásicas y hasta el cine erótico más tierno.
Baarìa es quizá un poco larga, aunque no llega a cansar al espectador por el permanente juego que Tornatore introduce, basado en varias historias y un montaje a rachas. El riego ha sido que alguna de las tramas no se resuelve bien y hay momentos confusos, en los que no queda claro en la pantalla de quién está hablando Tornatore.
Pero es una buena película, llena de una luz mediterránea brillante, con momentos muy hermosos y otros con trampa emocional. Me quedo con uno de los primeros, cuando la tormenta de calor amenaza con asfixiar a la familia y la mujer empapa el suelo de baldosas y enseña a sus hijos a tumbarse a la sombra sobre el piso húmedo, mientras charlan aliviados.
