13 de Abril de 2010
La nana, la niñera mágica al revés
Con qué pocos medios se puede hacer una buena película, a caballo del drama y la comedia costumbrista como esta La nana, que incluye una interpretación sobresaliente de la actriz Catalina Saavedra. No es perfecta, por supuesto, y hay aspectos mejorables, pero su director, Sebastián Silva, ha conseguido narrar con brillantez una historia, al menos, interesante.
Raquel es una mujer que ya tiene 40 años y más de la mitad de ellos sirviendo en casa de una acomodada familia chilena con cuatro hijos: un chico y una chica en la pubertad y dos pequeños. El agotamiento de la nana, de la chacha que decían en España antes de la llegada de las cuidadoras, lleva a la señora de la casa a contratar a otra mujer para que la ayude. En mala hora.
Toda la frustración y el cansancio de Raquel se vuelven contra la recién llegada, en un ejercicio de crueldad psicológica primario y aterrador. A esta mujer sucederá otra y cuando parece que este clímax de maldad -con un punto de humor, eso sí-, va a prolongarse, aparece una tercera que conseguirá alcanzar el corazón de Raquel. Es una pirueta arriesgada, pero divertida: la nanny que llega para solventar un problema con otra nanny y no con los niños como estamos acostumbrados.
Sebastián Silva plantea los problemas de convivencia de quienes, por razones laborales, habitan la misma casa: la intimidad con los adolescentes y los padres, el cariño de los niños acostumbrados a unos cuidados y atenciones que son tan maternales como mercenarios, aunque sinceros. La dependencia que se establece entre amos y criados, incapaces los unos de imponerse y los otros de reclamar una atención afectiva más normal.
Ganadora de varios premios -entre ellos en Sundance- por la portentosa interpretación de Catalina Saavedra, La nana está rodada cámara en mano en los espacios cerrados de una vivienda, grande pero limitada, lo que provoca un efecto de mirón en el espectador, que llega a convivir y compartir la rutina de todos los días con esta familia. Silva, autor también del guión, comete algunos errores en el tercio final.
Muy bien resueltos los personajes al principio, hacia el final el tiempo de la narración se acelera y algunos cambios psicológicos de gran calado no terminan de funcionar. No obstante, esta película chilena y su director merecen una buena nota, aunque sólo sea por mostrar un lado del racismo cotidiano que no es, precisamente, de los más visibles.
