5 de Abril de 2010
El pastel de boda, apuntes del natural
Existen dos ceremonias ideales para retratar una clase social: las bodas y los funerales. Tanto en uno como en otro caso se dan cita lo mejor y lo peor que los seres humanos somos capaces de ofrecer en nuestras relaciones con los demás. Así que ambas ceremonias son un asunto recurrente para cualquier cineasta.
En este caso, Denys Granier-Deferre ha optado por la boda en un castillo bordelés para retratar a un grupo de personas juntas y hasta revueltas en lo que uno de los personajes acierta a definir con mucha precisión: “míranos, cuánta hipocresía para nada, ¡si no vamos a volver a vernos!”.
Denys Granier-Deferre -que no es Claude Chabrol-, en vez de un retrato, ha tomado unos cuantos apuntes, con buen pulso y dominio, pero que se quedan sólo en un bosquejo. No importa. El pastel de boda es una ácida comedia con una buena historia de secretos familiares detrás y un momento hilarante y demoledor en medio de la celebración en la iglesia.
Los personajes, aún a medio trabajar, son reconocibles y Denys Granier-Deferre ha conseguido dotar del mismo ritmo a las diferentes tramas. Los celos, la frustración y el miedo sólo se combaten con valor, determinación y confianza, nos dice Deferre que señala con el dedo nuestro principal defecto: la hipocresía y el falso sentido del deber.
En resumen, una buena comedia, nada ampulosa, con los diálogos naturales -está basada en una novela de éxito en Francia- y unos cuantos personajes reconocibles a poco que miremos a nuestro alrededor.
