6 de Marzo de 2010
Acantilado rojo, el arte de la guerra de John Woo
Con la excusa de la ambición del cruel y manipulador primer ministro de un emperador chino, el director John Woo dirige Acantilado rojo en busca de una reflexión sobre el arte de la guerra, la estrategia, el valor de los soldados y hasta el papel de las mujeres en la antigua China.
Primorosamente ambientada -aunque hay algunos diálogos más bien anacrónicos-, el resultado de tanta ambición cinematográfica es una interminable sucesión de batallas y combates tan previsibles como bien rodados. Los miles de extras y los efectos digitales no consiguen impresionar más allá de los primeros minutos.
Los personajes se mueven entre las armas y los proverbios de Confucio con mucha convicción, pero todo tiene un aire tópico, demasiado repetido. La moraleja final, que Woo pretende conmovedora, se queda corta, sin efecto, por la acumulación de situaciones anteriores. Las acciones paralelas no terminan de entenderse bien y en la única que podría haber algo de suspense, con la incursión de un espía en territorio enemigo, no hay la más mínima tensión.
Los combates cuerpo a cuerpo y las luchas a espada o lanza tienen unas coreografías perfectas, pero se me hicieron frías, distantes. Algunos actores, además, están tan caracterizados como auténticos dibujos orientales, que parecen caricaturas. Hasta los paisajes, extraordinarios, están desaprovechados y apenas lucen en esta película plana.
Recomendable solo para acríticos amantes de la antigua China y las artes marciales, que encontrarán nuevos y espectaculares movimientos con los que combatir.
