22 de Enero de 2010
Un tipo serio, el sueño de dos cineastas
Después de verla, tengo la convicción de que la película con la que soñaban ser directores de cine los hermanos Cohen era Un tipo serio y que, sólo después de hacerse un nombre, han podido lanzarse a realizarla. Película inteligente y rítmica, rodada con una cierta distancia irónica y mucha autobiografía, Un tipo serio narra el derrumbe, inesperado y tajante, del mundo que rodea a un profesor de universidad judío, responsable, cabal y, por supuesto, serio.
La película es fascinante en su desarrollo, en el plano de igualdad en el que sitúa las convicciones religiosas, los ritos y la propia vida de sus personajes. De un lado, una tradición que puede ser asfixiante, de otro un mundo que está cambiando sin recordar sus raíces. Tras una primera secuencia que puede descolocar al espectador, los Cohen reflejan la destrucción con una mirada tierna, sin ensañarse.
Por momentos, Un tipo serio recuerda en su judaísmo a un Woody Allen, pero mucho más ácido e interior. De ahí el carácter incómodo y el perturbador análisis que los Cohen hacen de la sociedad, de los individuos serios, acomodados, satisfechos y por supuesto honrados. El hecho de que el protagonista sea físico y explique en clase el principio de incertidumbre, añade la dimensión extra del azar al análisis.
Porque, en el fondo, los Cohen nos explican que la imposibilidad de preverlo todo, de que los acontecimientos se desarrollen linealmente, tal y como nos gustaría, no existe sin esa incertidumbre, sin contar con que la vida se cruce y se vuelva a cruzar con otras muchas vidas.
