21 de Enero de 2010
Sherlock Holmes, un dúo imparable para el futuro
No sé quién fue el que decidió darle el papel de Holmes a Robert Downey y el de Watson a Jude Law, pero hay que reconocerle una genialidad difícil de explicar, porque la química entre ambos actores es absoluta, tan buena como la de los legendarios Newman y Redford, salvando todas las distancias que queráis.
Ambos se lo han pasado bien juntos y eso se nota en sus juegos de miradas, en su presencia en las secuencias. Si a eso le añadimos un diseño de producción excepcional, hecho de máquinas de vapor y vestidos vaporosos -puro steampunk-, Sherlock Holmes se convierte en una apuesta, naturalmente previsible y hecha a ritmo de videoclip, pero agradecida de ver, ágil y hasta divertida. Es verdad que el malo de la película parece Voldemort y que la presencia de una bella antagonista le resta un poco de la mucha diversión gamberra y misógina que tienen el detective y su ayudante.
Pero en general, el riesgo aceptado por Guy Ritchie de revivir de nuevo al más famoso detective de todos los tiempos, le ha salido bien, aunque la historia que se narra sea más bien floja y halla un más que evidente paralelismo entre Holmes y Watson y los televisivos House y Wilson. Eso sí, abierta la franquicia, está claro que en los próximos años veremos más de una vez -hasta que los dos actores se cansen o se compren una isla- a esta pareja.
