30 de Marzo de 2009
Los abrazos rotos, mucha puesta en escena, poca emoción
Lo siento, pero no me ha gustado mucho la última de Pedro Almodóvar. Y lo siento porque es un director con el que es difícil llevarse mal, a pesar de sus excesos o precisamente por ellos y con una filmografía de grandes películas. Pero últimamente tengo la impresión de que está empezando a convertirse en el "director de nuestros padres".
Me explico: no se trata de que tenga una modernidad a toda prueba y se dedique ahora a filmar comedietas descerebradas con actores de la televisión, preo sí de que su cine siga teniendo esa personalidad iconoclasta, avanzada y arriesgada de años anteriores. No me gustaría verle convertirse en un director conservador, que es lo peor que podría pasarle y va camino de ello, de reunir a su alrededor a "nuestros padres" y filmar siempre lo mismo.
Los abrazos rotos tiene un envoltorio espectacular, una puesta en escena para estudiar en cualquier escuela de cine. Qué decorados, qué movimientos, qué luz, qué actores. Y se acabó. Es un huevo de fabergé, espléndido por fuera, pero hueco. Dejando fuera a Lluis Homar, que salvo por el hecho de que dispone de una buena carrocería, está frío como un pez y no transmite nada, y dejando también fuera a Penélope Cruz, el reparto demuestra hasta qué punto Almodóvar sabe dirigir actores. O mejor dicho, actrices, porque mientras sus personajes femeninos son un prodigio de matices -esa Ángela Molina, ¡goya a la mejor secundaria, pero ya!-, a los hombres los deja siempre como si fueran trapos. O tontos.
Los diálogos y la propia historia cojean, quedan cabos sueltos y acaba por ser mejor la película que ruedan Homar y Cruz -con el extraordinario homenaje a Chus Lampreave y Rossy de Palma-, que la propia historia de amores y tragedia monumental. En algunos momentos da la impresión de que las escenas se han creado a partir de una frase muy buena, como si se tratase de cuadros estáticos, sin continuidad.
En fin, habrá que soñar con que se cure de sus migrañas y vuelva a deslumbrarnos, como es su obligación, con su mejor cine.
