25 de Marzo de 2009
Vamos a la Luna
Hace años que las grandes productoras saben que si no mejoran la experiencia del espectador, si no desarrollan mejores productos, el cine en grandes salas puede pasar a ser un negocio residual. Si hasta Almodóvar apuesta por el cine en casa, no digamos el espectador medio con menos poder adquisitivo.
Como el sonido no se puede mejorarar mucho más, en todo caso extenderlo a todas las salas, igual que las butacas cómodas, la gran apuesta que queda es el cine en tres dimensiones o en relieve, cuyas primeras experiencias son de mediados del siglo pasado y siguen basadas en el mismo principio de aprovechar la peculiar arquitectura del ojo humano, alternando lo que perciben ambos ojos mediante unas gafas, ahora polarizadas, antes con dos colores.
He visto ya unos cuantos experimentos, con mejor o peor fortuna, pero la experiencia con la película de animación Vamos a la Luna, ha sido bastante satisfactoria. El problema es separar las buenas calificaciones técnicas, con las regulares calificaciones cinematográficas. Aunque la película esté destinada al público infantil, eso no significa que no tenga que tener argumento y cierta entidad, como otras productoras se molestan en demostrar constantemente.
A pesar de la flojedad del argumento y de los personajes y de la tentación que sienten todos los responsables de las películas en 3D por poner en las narices de los espectadores, sin venir a cuento, pinchos y llamas, Vamos a la Luna vale la pena. La experiencia con las gafas es hasta agradable: no pesan y llega un momento que no te das cuenta de que las llevas. Como la historia que narra la película es la de la primera misión a la Luna de Armstrong, Aldrin y Collins -con el añadido de las moscas protagonistas-, hay momentos de una realidad alucinante en los movimientos del cohete, de la cápsula e incluso de los astronautas.
El tratamiento de la luz, del agua y, atención, del cristal de los escenarios es fantástico. Las texturas de los personajes en primer plano, los movimientos y la profundidad de campo son notables en general, aunque hay algunas áreas desenfocadas en algún momento. Lo malo es que, a estas alturas y después de Bichos, crear mundos con los insectos es tan difícil como estéril y el resultado es flojo.
En fin, como experiencia 3D, es muy recomendable; pero haced abstracción del argumento hasta el final, que, es por cierto, lo mejor -y también lo más disparatado- de toda la película.
