24 de Marzo de 2009
Street Fighter, La leyenda de Chun-Li
¿Se puede hacer una película con los escasos minutos dedicados a dar cobertura argumental a un videojuego de lucha? Hay productores que piensan que sí, que se añade un poco de misticismo oriental, una mínima intriga policial y varias caricaturas con pretensiones de personajes y ya tienen película. Eso es Street Fighter, la leyenda de Chun-Li.
No sé cuántas veces habré visto la historia de un/una joven que pierde a su familia y es entrenada/entrenado por un mega-archi-único maestro que le ayuda a enfrentarse a su némesis particular, después, claro está, de penurias, peligros y milagrosas resucitaciones en el último momento. Por ahí leí hace unas semanas que era más mala que comer madera. No sé si es tan mala como eso porque nunca he comido madera, pero si me ha resultado sorprendente que disponiendo de medios y actores el resultado sea bastante flojo y previsible.
Aunque mal dirigido, Neal McDonough está llamado a hacer grandes cosas y no hay nadie como Michael Clarke Duncan para hacer de armario ropero con iniciativa propia; pero temo que el director Andrzej Bartkowiak no ha aprovechado la oportunidad de saltar desde la dirección de fotografía que ha tenido y acabará como director de segunda unidad, por no mandarle al paro directamente, que no están los tiempos para esas maldadades.
Hasta se echa de menos a Van Damme, protagonista de otra de las muchas adaptaciones de un videojuego tan exitoso como bastante maltratado por el cine.
