13 de Febrero de 2009
Vals con Bashir, de Ari Folman

Ari Folman durante la presentación de la película en Madrid y su personaje en la película
Qué gran película, qué buen documental, duro y lúcido sobre la guerra y la memoria, con la invasión israelí de Líbano de 1982 como telón de fondo. Este Vals me ha recordado un poco el Maus de Art Spiegelman: una envoltura suave, inusual, atrevida para muchos y un fondo brutal y demoledor. Vals con Bashir es la historia de un cineasta que se propuso recordar una guerra de la que nadie habla en Israel y, de paso, recuperar un periodo perdido de su propia memoria.
En Israel, el servicio militar dura hasta los 50 años y todos los años pasan unos días haciendo instrucción militar. “Así que –cuenta Ari Folman, director de la película- un día pregunté qué tenía que hacer para dejar el Tsahal (el Ejército israelí) definitivamente. Y me contestaron que podía irme si participaba en unos experimentos psicológicos del Ejército. Acepté y durante ocho sesiones hablé de mi participación en la guerra de Líbano. Fue la primera vez que hablé de mis recuerdos en más de 20 años”.
Con esa conciencia de su propio silencio, Folman empezó a entrevistarse con los amigos y compañeros que participaron de sus experiencias. El resultado es una película espléndida que muestra las consecuencias de una guerra, antes, durante y después. Realizada como un documental con entrevistas a varios personajes que nos cuentan sus recuerdos de aquella guerra, su tono onírico, los diálogos y el ritmo hipnotizan desde el primer momento.
Recién terminada otra guerra de Israel contra sus vecinos, resulta muy interesante ver cómo Folman reflexiona sobre la sociedad de su país, su militarismo, las diferencias entre las guerras de su infancia –defensivas, en las que todo el país estaba implicado- y las de ahora, ciegas y casi imperialistas. Además, Folman insinúa cómo el paso por el Tsahal está considerado como una especie de iniciación imprescindible en la vida adulta para los jóvenes que después se revela como inútil.
Vals con Bashir tiene la mejor secuencia de amanecer que yo haya visto nunca en el cine de animación y una banda sonora –realizada por el compositor Max Richter- angustiosa y fúnebre, que une los golpes de efecto de las canciones más cool de los 1980, con el tratamiento discreto de explosiones y disparos. Técnicamente, la película se ha producido a lo largo de cuatro años; primero rodando las entrevistas con los personajes, y a partir de la banda sonora, haciendo un storyboard y después dibujando. Sólo un diez por ciento es animación tradicional, el resto se hizo en flash.
Por cierto que Ari Folman ha contado cómo, cuando ya llevaban la mitad de la película animada, visitó Macromedia (Hoy propiedad de Adobe) con la intención de enseñarles el trabajo y lo echaron –literalmente- por loco. Ahora su película es candidata al Oscar a mejor película extranjera.
Discrepo un poco de las pretensiones de que Vals con Bashir sea el primer documental de animación, ya que hay varias películas animadas de Disney de las décadas de los 40 y los 50 del siglo pasado y también de los rusos y los checos, explicando matemáticas, el átomo, etcétera.
Pero nada de eso resta valor a esta excelente película, realizada con animación para poder ilustrar con libertad una guerra olvidada y que incluye al final imágenes reales. Una decisión ideológica, según su director, que pretende que el espectador “no se olvide a las dos horas de la muerte de miles de personas. Me conformo con que en cada pase dos espectadores busquen en google Sabra y Chatila”.
Increíble pelicula, me gusto mucho el manejo de la animacion, la musica, los dialogos, en fin, me parece una historia muy bien contada para un tema tan delicado y me siento absolutamente identificada, ya que en mi pais, han sucedido y suceden cosas parecidas y esto me hace reflexionar y entender que no podemos ser un pais sin memoria, y mucho menos sin desición ....
LIliana | 6 de Julio de 2009 - 08:07 PMCreo que el éxito de la narración se debe en parte al efecto casi mágico de tratar un tema tan crudamente real en forma de animación, con una cantidad de información y riqueza gráfica tan abrumante que produce un choque con el realismo de la historia. Impecables los planos nocturnos donde el claroscuro y el movimiento de las sombras funcionan a la perfección. Las imágenes reales del final de la película consiguen sacarte de forma brutal de la narrativa a la reflexión.
Mis felicitaciones también a Darío Sanz por el artículo sobre la película.
Gracias Liliana y Ba Bot por vuestros comentarios. La película es excelente como decís.
Darío Sanz | 26 de Septiembre de 2009 - 11:23 AM