26 de Agosto de 2008
Periodismo y accidentes
Vistos, oídos y leídos unos cuantos medios, ya se pueden sacar algunas lecciones de la cobertura periodística del accidente aéreo de Barajas.
1 Un accidente aéreo grave es una tragedia para las familias y los allegados de las víctimas, pero no para los periodistas, que se han hinchado a acumular adjetivos para lo que debería ser sólo un accidente para ellos. El espectador/lector/oyente es quien le tiene que poner los adjetivos y quien se tiene que encontrar afectado o no. En general, los medios han confundido pasión por el trabajo con emoción desbocada.
2 La relación entre cobertura y despliegue con la información o las noticias ha sido casi nula. Sobre todo en el primer día, cuando se sucedían las conexiones entre los estudios y los diferentes lugares, para que todos dijesen lo mismo, cambiando sólo unas pocas palabras y sin aportar ninguna información.
3 Los medios han renunciado a su labor pedagógica, dejándose llevar por una corriente emocional y compitiendo por titulares e informaciones aventuradas y poco rigurosas en los primeros días.
4 Hay medios y periodistas con una falta de escrúpulos completa. Ni un MD-82 es un YAK-42, ni la seguridad aérea está descuidada en España. Los anunciantes y lectores de esos medios deberían plantearse su papel frente a los periódicos y emisoras a los que les importa muy poco la información y muy mucho su influencia política o sus intereses particulares.
5 El COI -que es COI en castellano y no CIO- estuvo en su papel. Si una guerra entre dos miembros de la "familia olímpica" -Rusia y Georgia- ni paraliza la competición, ni deja las banderas a media asta, acusar al COI de insensibilidad por un accidente aéreo es, a mi entender, exagerado, por mucho que a los españoles nos afectase el suceso.
6 Los políticos no han estado a la altura. Los ministros de Interior y Fomento deberían haber sido asesorados bien para no hacer promesas de rápido esclarecimiento e identificación que no se pueden cumplir. Sólo en los episodios de CSI un análisis de ADN o la reconstrucción de un accidente llevan un cuarto de hora. En la vida real se tardan días, semanas y meses. Y que desde el Jefe del Estado hasta el último consejero autonómico se haya producido una carrera a ver quién era el primero en ver un vídeo de AENA que recoge el despegue es lamentable.
7 Los medios no escarmientan y los periodistas no conocemos enmienda. Que las asociaciones de la prensa tengan que seguir apelando "a todos sus asociados y muy especialmente a los editores, a los directores y los jefes de redacción para que, en el ejercicio del derecho y el deber de informar, tengan presente el equivalente y simétrico derecho a la intimidad y el respeto al dolor." Y que requieran "a los editores, jefes de redacción y redactores para que los contenidos informativos sobre la catástrofe aérea de Barajas se ajusten rigurosamente a la ‘lex artis’ del periodismo y que en ningún caso sean objeto de tratamiento en espacios de entretenimiento o por profesionales sin la experiencia y capacidad que exigen situaciones de esta naturaleza." Es una vergüenza. Lo peor es que en el próximo accidente o catástrofe, volveremos a las andadas.
Por cierto. Si hasta hace unos días a nadie -en los medios- le importaban los accidentes aéreos que ocurrían en el mundo, ¿a santo de qué son interesantes ahora? ¿Para que veamos cómo saltan del avión y se salvan unos cuántos? ¿Para compararnos con Kirguizistán?
