18 de Agosto de 2008
Una de ignorantes
Leo con retraso el artículo que el sábado publicó el escritor José María Guelbenzu en El País llamando ladrones a cualquiera que no compre un ejemplar físico de un libro con la excusa de defender a los traductores. La música sale a relucir como ejemplo de lo que puede pasarle al libro. Y el canon, según él, son sólo unas monedas.
Pero sin necesidad de llamar a nadie ladrón, una cosa está clara: ¿qué va a pasar cuando la tecnología permita una traducción automática, fiable y de coste cercano a cero? El problema no es que te prestes este libro o que te lo descargues, el problema es la tecnología y lo que ésta puede hacer.
Hay oficios que desaparecen y otros que aparecen: cambio y movimiento son la historia de la humanidad. (Y resistencia y miedo, también).
Concuerdo contigo.
Damian Davila Rojas | 23 de Agosto de 2008 - 04:02 AMPara traducir un texto se necesita conocimientos literarios, sensibilidad, capacidad de decisión y criterio estético. ¿Podrá una máquina tener esas cualidades? No creo. Como tampoco habrá máquinas capaces de escribir Guerra y paz, de componer la novena sinfonía o de pintar Los girasoles.
Hola Rocío. Gracias por tu comentario. Por supuesto que tienes razón y las obras literarias necesitarán ser supervisadas por un ser humano, pero hay muchos otros ámbitos en los que los matices no cuentan tanto.
Darío Sanz | 7 de Junio de 2009 - 03:52 PM