23 de Febrero de 2008
Los crímenes de Oxford
Uno de los rasgos que más me gustan del cine de Álex de la Iglesia es su capacidad para arriesgarse, su voluntad de hacer algo diferente asumiendo que se puede equivocar. Sus películas tienen siempre un plus, una búsqueda que sólo él conoce, ya que los a los espectadores sólo nos deja con los hallazgos: a veces un personaje, un plano, un diálogo, siempre el guión.
Y Los crímenes de Oxford son fieles a esa forma de hacer cine, para lo bueno y para lo malo. Es verdad que he echado de menos ese toque gamberro marca de la casa y algo más de humor, pero he disfrutado con esta película, una de las mejores cintas españolas de los últimos tiempos.
Primero por esa fidelidad a un modelo honesto de trabajo, contar una buena historia, buscar y hacer creíbles los elementos que la integran y, sobre todo, mantener la atención del espectador más allá de las cuatro anécdotas a las que luego los medios reducen una película: que si fulano folla por primera vez en pantalla; que si mengana se desnuda… Y que después se revelan como naderías.
Segundo por su ritmo, aunque haya planos en los que la cámara se mueve demasiado, como si quisiera compensar la falta de acción con exceso de movimiento. Y tercero, por el reparto. Mira que me gusta Leonor Watling, pero me he llevado una sorpresa con el trabajo de Julie Cox, que está francamente bien. John Hurt está mejor que Elijah Wood, pero es que el papel de profesor loco es más lucido. Me cuesta creerme al inspector, que se da un aire a Poirot, pero puede ser cosa mía.
¿Defectos? Poca cosa: que la música es muy mala, o está mal elegida, o yo soy demasiado exigente. A ratos, y probablemente por culpa de la novela, los diálogos son un poco ampulosos y trascendentes, y algún detalle queda inexplicado.
Por cierto, que habrá que ampliar esta lista del Garaje Kubrick para añadir su hermoso y arriesgado plano secuencia de la librería.
