14 de Enero de 2008
This is England
Seguí el amable consejo de Bo Peep de ver This is England, la segunda película del director Shane Meadows y me alegro de haberle hecho caso. En las últimas semanas han coincidido en las carteleras tres películas británicas bien distintas y, desde luego, esta es la mejor. Aunque tiene un final un poco complaciente, que estropea el trabajo, es un film muy interesante, en el que hay, como es habitual en el cine británico, un excelente reparto con grandes actores, aunque por aquí se haya sobrevalorado un poco la actuación del niño protagonista, Thomas Turgoose, que está muy bien, sí, pero que en algunas secuencias se muestra bastante inexpresivo, dejando el peso de la acción en manos de la propia historia.
Porque el verdadero protagonista de la cinta es Stephen Graham, Combo en la ficción, que hace un trabajo magistral en un papel muy difícil, lleno de matices y con una violencia contenida que llega a dar miedo. La película, que arranca con un impagable prólogo de imágenes caseras y de la televisión sobre los primeros 80 -un mashup con la Tatcher, barbacoas familiares y hasta Lady Di-, narra la historia de un chico de 12 años que se siente desplazado hasta que una banda de skinheads lo acoge en su seno, aunque esto último es lo haga literalmente una de las integrantes de la banda en un papel tan tierno como dulce.
Aquellos primeros skinheads de hace casi 30 años basaban todo su pensamiento en la música, el pelo rapado, los vaqueros estrechos con los bajos vueltos, los tirantes y unas inevitables botas del doctor Martens. Nada que ver con lo que han llegado a ser hoy día. Y de esa transformación, de la aparición de los primeros discursos racistas y de la violencia como forma de expresión trata la película. Pero hay más.
Shane Meadows plantea además una reflexión sobre el sentido de pertenencia, sobre la soledad en un periodo de la vida especialmente complicado. El paso de la niñez al mundo adulto nunca es sencillo, y todos hemos pasado por ese momento aterrador en el que no sabes dónde estás y, sobre todo, no sabes quién eres. Cualquier referente entonces es válido, aunque este te lleve por un sendero poco recomendable. Meadows deja que sean sus personajes los que expliquen cómo una pandilla de amigos, gamberros pero inofensivos, pueden convertirse en un grupo de descerebrados violentos capaces de cualquier atrocidad en defensa de una supuesta superioridad.
Muchas de las actitudes, de las frases y pintadas que se dicen y escriben en la película son las mismas que pueden hoy escucharse y leerse en nuestro país. Es un racismo absurdo, de frases vacías, sin más argumento que la diferencia. Hay una secuencia en la película, en la que un político del National Front (este enlace puede herir la sensibilidad) -un partido de extrema derecha británico- explica las razones por las que hay que defender Inglaterra de una supuesta invasión extranjera, que debería enseñarse en las escuelas, como parte de la Educación para la ciudadanía. Para enseñar a los niños cómo se construye el odio desde la idiotez, cómo con cuatro palabras carentes de significado real se puede construir un discurso profundamente mentiroso.
Sitio oficial del film
