2 de Noviembre de 2007
El caso Wells, sólo para fans de Richard Gere
Ayer estuve viendo El caso Wells, película que francamente se despacha en tres frases: una, que Richard Gere, muy atractivo como siempre, sigue siendo igual de inexpresivo que hace veinte años, aunque hay que agradecerle que esté envejeciendo sin intentar detener el proceso con patéticas operaciones y tintes.
Dos, que hay jorobarse con la moda de los guionistas de Hollywood de seguir haciendo apología de que tomarse la justicia por la mano es lo mejor. El discurso facha de las instituciones que no funcionan, o como en este film, de que los trabajadores sociales deben implicarse emocionalmente para acabar con los delitos sexuales, es cansino y peligroso, pero ahí siguen, escribiendo películas con la misma idea. Bueno, seguirán con eso cuando dejen la huelga.
Tres, que es una lástima que una idea interesante como la de la reinserción de los delincuentes sexuales, la naturaleza humana, la perversión, en fin, explorar los límites de lo que se puede considerar normal y quién puede estar capacitado para juzgar eso, se quede en nada, en un montón de diálogos idiotas y estereotipados. Qué pena.
Lo único llamativo de la tarde fue que antes de comenzar la proyección no hubo ni un solo anuncio, sólo tres tráilers de la misma distribuidora, DeAPlaneta. No lo entiendo. Una sala con cerca de 400 personas cautivas, sin mando a distancia, ¿no son atractivas para ningún anunciante?
Hace unos días leí que se ha pasado de 5 inserciones publicitarias por sala en el año 2002 a casi la mitad (2,8) en 2006, y el número de minutos también ha caído un 50 por ciento. Parece que la televisión, la radio y ahora la Red están devorando la publicidad audiovisual, pero a la vista de cualquier sala de cine, con un público atento y, sobre todo, que no puede cambiar de canal o eludir el banner de turno, la publicidad cinematógrafica debería correr mejor suerte que la de ahora.
