25 de Octubre de 2007
La pornografía amateur se hace profesional
Hace unos meses el ensayo ganador del premio Anagrama La ceremonia del porno -bastante flojo, por cierto- ya apuntaba cómo la pornografía amateur, es decir la pornografía supuestamente realizada por personas comunes y corrientes empezaba a arrasar en internet, cómo la etiqueta de amateur era ya un signo de éxito para cualquier vídeo.
Lo grande del caso es que ese supuesto amateurismo se ha desarrollado sólo como un lenguaje propio, a base de cámaras sin definición, malas imágenes y encuadres raros. Porque la pornografía sigue siendo la misma, los actos sexuales reproducidos son los mismos. Es sólo el hecho de que se ve mal, a saltos o con personas que no son modelos -como si los actores o actrices porno no fueran seres humanos normales-, o de que tiene un título sugerente, lo que convierte a estos vídeos en aficionados. Es un como si -y esto es lo importante- estuviese hecho a escondidas, aunque no lo esté realmente; de hecho, es dudoso que tantos seres humanos con acceso a internet y a cámaras de vídeo hayan decidido obviar su intimidad con tanta rapidez. Lo importante, pues, es la apariencia de vídeo "robado", de vídeo íntimo y no profesional.
Pero ahora el portal de vídeos xtube ha decidido pagar a sus modelos amateur. Dice su anuncio: "Para un momento y mira a tu alrededor... Si estás desnudo y estás a punto de subir un clip a Xtube, ¿por qué no te conviertes en un Modelo Amateur y ganas dinero por lo que haces gratis?"
Ya conocíamos las tarifas de las modelos profesionales de otras webs, pero en xtube nadie parece haberse dado cuenta de que pagar a los aficionados es convertirlos en profesionales. ¿En qué se va a diferenciar entonces un vídeo porno amateur de uno profesional, sólo en la mala calidad? Porque el hecho de compartir un vídeo que realizado con la pareja es parte del atractivo del vídeo aficionado, es parte del encanto pornográfico de las imágenes.
Si se paga a los aficionados, se convierten en profesionales y la pornografía se iguala, se sitúa al mismo nivel y su atractivo, como una especialidad más de la sexualidad humana, desaparece.
