16 de Octubre de 2007
Nocturna, para disfrutar
Uno de los problemas del éxito temprano de las películas de Disney fue la progresiva infantilización de las películas animadas, que ha dejado instalada en el espectador la idea de que cualquier filme de animación es para niños y nada más. Aunque Blancanieves causara una honda impresión en un par de generaciones adultas y que buena parte de las mejores producciones anteriores a 1950 -El gato Félix, Betty Boop, Popeye…- y el trabajo de muchos creadores japoneses y europeos tuvieran al público adulto como destino, el binomio dibujos animados = niños es tan inseparable como Supermán y Metrópolis. Además, en los últimos años, muchos autores y productoras de este género suelen sucumbir a esta reducción y no se toman en serio a su público, convencidos de que todo vale.
Y no es así. Si hace unos meses, Miguelanxo Prado demostraba la capacidad expresiva inigualable de un filme de animación, el estreno de Nocturna rompe con la idea de que todo vale y seduce al espectador con una historia apta para todos los públicos, pero no infantil, cargada de poesía y muchas ganas de hacer un buen trabajo. Desde los diseños de los fondos al desarrollo de los personajes, Nocturna es un ejercicio de buen cine de animación y de respeto por el espectador.
Nocturna es la historia de un niño encerrado en una rutina de internado de la que sólo escapa por las noches, cuando contempla las estrellas y, sobre todo, una en particular. Nada se dice de sus antecedentes ni del carácter de la institución que le acoge, no hay adultos en la película, sólo niños y una sucesión de criaturas fantásticas que explican con sencillez la razón y los motivos de los muchos sucesos que suceden a lo largo de la noche. Los sueños, los cabellos enmarañados, los ruidos de los objetos y de los edificios, el rocío de la mañana… Todos esos fenómenos que se desarrollan por la noche son la actividad principal de los habitantes de Nocturna.
En lo visual, Víctor Maldonado y Adrián García, directores de la cinta, beben de fuentes muy diversas y se encuentran en ella rastros de Miyazaki, de Tim Burton, o de Sylvain Chomet, el autor de Las trillizas de Belleville, estrenada hace cuatro años y una de las mejores películas de animación de la historia del cine. Nocturna recoge hasta un pequeño homenaje a Disney, oculto tras la sombra temible contra la que se enfrenta el protagonista.
En resumen, si creéis que los dibujos animados son sólo para niños, esta es una excelente oportunidad para reconciliarse con el cine de animación. Y también para reconciliarse con el cine español, que no todo es Cómo agradar a Guillermo del Toro en diez secuencias.
