12 de Septiembre de 2007
La situación de la prensa en España
Faltan unos meses para las elecciones y se avecina una gran guerra mediática entre los periódicos. Asi que me he puesto a reflexionar un poco sobre la situación actual de los periódicos y estas son mis conclusiones, siempre provisionales.
Nunca como en los tres últimos años el modelo de la prensa en España se había mostrado tan claramente ante la sociedad y también, en mi opinión, más alejado de lo que debería ser con respecto a sus clientes: los lectores. Si seguimos el modelo de mi profesor de historia del periodismo Jesús Timoteo Álvarez sobre los dos grandes modelos de la prensa en el mundo, tradicionalmente el español se basa en la prensa política, lo que supone una clara subordinación de las cabeceras a los intereses políticos, por encima en muchas ocasiones de su propio negocio.
En esta situación –bien alejada del modelo anglosajón: primero el negocio y después la influencia, por simplificar-, son los partidos, en el poder o la oposición, los que sostienen a los periódicos, bien por la calidad de las informaciones interesadas, los contactos y las filtraciones, bien por la publicidad institucional de las administraciones en manos de un partido u otro. Son los medios afines, supervivientes de muchas trampas políticas.
Durante los primeros veinte años tras la muerte de Franco el modelo se mantuvo, aunque muchas cabeceras fueron capaces de desarrollar un espacio de negocio propio que ocultaba, o al menos disimulaba, los intereses políticos del grupo de presión correspondiente. Así, El País, durante muchos años y aún ahora con el PSOE. Diario 16 primero y El Mundo después con el PP; ABC con la derecha más clásica y el franquismo; El Correo con las grandes fortunas vascas y el nacionalismo menos soberanista… Y así con todas las cabeceras.
Durante el segundo Gobierno de José María Aznar, el relativo disimulo dio paso en la primera guerra del fútbol a una batalla en la que se desprendieron bastantes caretas, sobre todo en las grandes cabeceras, alineadas a uno u otro lado, o incluso al mantenerse al margen. Por decirlo claramente, los periódicos arrastraron a sus lectores a un mundo de arrieros pendientes de un encuentro futuro en el camino.
Fueron tiempos –y bucear en las hemerotecas es mejor que una novela de aventuras- en los que si el lector no leía al menos dos periódicos le resultaba imposible entender nada. Los diarios se enviaban recados a través de sus páginas dejando al margen cualquier principio del periodismo. La tormenta pasó y, en honor a la verdad, algún diario se disculpó por haber entrado en ese juego, descuidando y despistando a los lectores.
En esas estábamos cuando llegó al Gobierno el PSOE y las cabeceras de la prensa generalista decidieron abandonar cualquier vergüenza. En estos tres años, los grandes periódicos han dejado atrás cualquier prudencia y han entrado en una batalla política con precedentes pero no tan intensos: instituciones como la Policía o la Justicia, normalmente alejadas del ruido salvo en sucesos puntuales, se han cuestionado de raíz en una escalada de paranoias y conspiraciones dignas de estudio.
Hoy son dos los rasgos principales de la situación de la prensa en España. Por una parte, la prensa generalista, y por tanto política, está embarcada en una guerra sin cuartel, aunque han pasado del apoyo casi monolítico a los partidos a introducir algunos matices, por ejemplo: El País no aprecia a Zapatero ni Abc a Gallardón, aunque ambos apoyan a sus respectivos partidos. Las encuestas futuras confirmarán o desmentirán si el alejamiento de los periódicos de la realidad de sus lectores es sólo una apreciación mía.
Pero hoy también se constata otra realidad: mientras la prensa “modelo”, de pago, se daba caña, otros periódicos consolidaban su modelo de negocio puro y duro: los gratuitos. Francamente, no puedo etiquetar políticamente a ninguno de los cuatro. Ni 20 Minutos, ni Qué, Metro o ADN. No digo que sean políticamente neutrales, tienen tendencias, pero en mi opinión no se los puede adscribir a un partido concreto. Y tal vez ahí radique buena parte de su éxito. Al menos los publicados en Madrid reparten críticas o elogios por igual y cumplen una función de vigilancia, de control, sobre las administraciones que la prensa de pago, profundamente política, no ejerce, salvo contra los contrarios.
Asi que en los próximos meses, me aventuro a pronosticar que para saber lo que le preocupa de verdad a la opinión pública habrá que estar más atento a las cabeceras gratuitas que a las de pago. Sin descuidar la actitud –o adscripción- política de los nuevos proyectos periodísticos ya en marcha.
Pues yo creo que la prensa en general tiene un marcado acento socialista,incluida la gratuita y en las revistas del corazon como !que me dices,pronto,lecturas,etc,etc,las simpatias por zp son bien visibles,cuidandose mucho al gobierno.por ello,sin ningun genero de dudas,se puede afirmar Que la prensa en españa es coto Del psoe,al igual que radio y television,como en tiempos de franco.
Toni | 24 de Julio de 2008 - 10:44 AM