20 de Agosto de 2007
Sympathy for Lady Vengance
Desde Hamlet en el teatro hasta El conde de Montecristo en la novela o Kill Bill en el cine, la venganza ha sido objeto de muy variadas aproximaciones. El deseo de castigar los agravios, de buscar una compensación por el dolor sufrido es un gran recurso narrativo y se presta a muchas interpretaciones, desde la política, la religión y la moral o los efectos sobre la mente humana. Nadie está exento de esa sed, un sentimiento que puede ser devorador, pero también enriquecedor.
El director coreano Chan Wook Park hace en Sympathy for Lady Vengance una excelente reflexión sobre la venganza y las consecuencias –en este caso, devastadoras- que puede provocar en quienes la convierten en el eje de sus vidas. Con una mirada propia, alejada de las convenciones habituales, Park describe con eficacia la red de contactos que una mujer joven, encarcelada por el secuestro y asesinato de un niño, teje a su alrededor para, cumplida la condena, ejecutar su venganza contra su acusador.
En busca de una expiación del crimen, del que da origen a la venganza pero también a lo que ésta va a suponer y que no se detiene ante la propia mutilación, la protagonista se oculta tras una máscara de bondad y sacrificio que le permite, primero sobrevivir en la cárcel y segundo, planear con precisión su respuesta.
La película, dura pero no violenta, no ahorra detalles, pero la música elegida –romántica, clásica y hasta dulce en ocasiones-, ejerce un contrapunto sorprendente sobre la narración. Hay algunos toques macabros dignos de cineastas como Buñuel y los habituales planos y ángulos del cine oriental, tan distintos a los occidentales y tan eficaces que asombran.
Cuando los preparativos se han terminado y la venganza cobra sentido, entonces Park despliega todo su talento para mostrar el vacío del después, la ausencia de emociones que deja en los personajes ver cumplidos sus deseos. Sin estridencias, Park retrata cómo todo el odio y la rabia contenida estallan, y cómo ese estallido -casi un orgasmo- no consigue satisfacer a nadie.
Park deja que sus criaturas se retraten solas, sin mostrar simpatía ni antipatía ante sus actos: son los que son, causados por estas razones y estas son sus consecuencias, parece decir: así somos. Y como espectador, no tengo más remedio que mirar en mi interior para comprender dónde nos lleva una venganza, qué consecuencias tiene dejar que ese deseo se convierta en el motor de mis acciones.
Sympathy... es en resumen, una película inteligente, mucho menos espectacular que Kill Bill, pero más realista e implacable en su disección de los sentimientos humanos, del odio y del vacío que éste deja. De la necesidad de expiación, de respuestas ante la propia conducta que nadie, ni siquiera uno mismo es capaz de encontrar.
