6 de Mayo de 2007
Sunshine promete mucho, pero…
Sólo por haberlo intentado, ya se merece cierto crédito Danny Boyle por Sunshine, película que arranca de muy buenas maneras, mostrando sin complejos los tópicos más queridos de la ciencia ficción: la nave hecha de andamios, la cocina, el comunicador personal que los tripulantes llevan, los pasillos claustrofóbicos, el puente de mando de lucecitas y pantallas, la tripulación mixta de actores desconocidos, la misión heorica y trascendental… En fin, una gozada para amantes del género, con mucha referencia a películas clásicas, pero también con sus momentos originales: ese mirador del sol, por ejemplo.
Buen planteamiento, diálogos, personajes, decorados, intenciones. Buena dirección de actores, la cámara bien situada y planos sofocantes: vamos camino del sol y eso se nota, y lo digo sin ironía. Pero…
Al rato empecé a sentirme incómodo y la fascinación se acabó. Y no lo digo por sus disparates científicos, que no es precisamente lo que hay que ver en estos filmes, que para eso está Scientific American. No. Lo digo por la sucesión de acontecimientos y desgracias que van amontonándose a cada secuencia. Vale que este género necesita que la misión tenga dificultades, pero ¿tantas? Lo siento, pero hacia la mitad me convencí de que director y guionistas se habían metido en un jardín (hidropónico, eso sí) y no sabían cómo salir.
Del homenaje y la referencia a los clásicos Alien y 2001, Sunshine pasa a ser un enloquecido catálogo de películas de los últimos 25 años, incluyendo Hellraiser, las de Elm Street, las galaxias, Atmósfera Cero y, me dejo la mitad, seguro. No sigo, porque no quiero destriparla con spoilers.
Asi que al final estaba deseando salir y preguntándome ¿por qué no has hecho caso y has ido a ver El buen pastor?
