13 de Febrero de 2007
El libro negro
En el puerto normando de Caen, muy cerca de las playas del Desembarco y del cementerio americano de Utah Beach, se encuentra el Memorial, un excelente museo dedicado a la II Guerra Mundial. Tiene muchos fondos interesantes y está organizado de una forma muy didáctica. Una de las secciones del museo está dedicada a la Resistencia, la red de organizaciones, comandos e individuos que lucharon contra la ocupación nazi. Allí se conservan los aparatos, grabaciones y documentos utilizados durante la guerra. Una de las imágenes que más me impresionó fue la de un mural con la historia de un agente y de las torturas a las que fue sometido por la Gestapo.
Me he acordado del Memorial de Caen viendo El Libro Negro. Siendo como es un director muy irregular, capaz de hacer Desafío Total y Showgirls, el cine de Paul Verhoeven consigue no dejar indiferente. Y cuando tiene entre manos una buena historia, personajes creíbles y actores buenos, el resultado está garantizado, como ahora con El libro negro, una muy buena película de guerra, con una Resistencia llena de activistas con claroscuros, con nazis malvados y buenos y, en general mucha acción y mucho amor.
Verhoeven hace una lectura de la guerra muy cercana y cotidiana, de pueblo pequeño metido en medio de un conflicto enorme que saca lo mejor y lo peor de cualquiera. Y lo hace con una intriga sencilla en la que nada es lo que parece y que sólo al final sitúa a cada personaje en su lugar. Es una película de espías, con la tensión calculada y sin necesidad de sobresaltos innecesarios. La protagonista está espléndida, y no sólo físicamente, y el resto del reparto es sencillamente perfecto.
Crítica
