23 de Enero de 2007
De profundis, de Miguelanxo Prado
Hace años, Arthur C. Clarke respondió a una pregunta sobre el significado de 2001 una odisea en el espacio, contando que era la mejor explicación de lo que es dios que un ateo y un judío habían encontrado.
Algo así me he imaginado después de ver De profundis, el casi largometraje (80 minutos) que han creado Miguelanxo Prado y Nani García. Sólo que Miguelanxo y Nani no pretenden explicar qué es dios, sino qué es la mar, en femenino.
Para los lectores de Prado, acostumbrados a la calidad de su trabajo, De profundis es de todo, menos una sorpresa. Todo su arte, toda su extraordinaria técnica está en la película, dibujada casi plano a plano al óleo. Sólo por ver la expresividad de sus personajes, que actúan con muy pocos movimientos, jugando solo con los ojos y las bocas, ya vale la pena verla en pantalla grande.
Y, además Nani García. Todo lo que sé de Prado lo ignoro de Nani, el compositor de una de las mejores bandas sonoras que he oído nunca. Es un verdadero regalo el trabajo conjunto que han llevado a cabo. No sobra un dibujo, no falta una nota, es una pequeña maravilla que, además, te hace soñar y reflexionar.
De profundis, que lleva el mismo título que un poema de Oscar Wilde, es también un canto íntimo, pero sin amargura, feliz de explicar dónde van los pintores que se embarcan cuando naufragan, quiénes son las sirenas, quién Neptuno. Y por qué las ballenas son lo que son.
El viernes, decidiendo el menú cinematográfico del fin de semana me topé con una frase de Miguelanxo Prado a propósito de su poema gallego y marino filmado: El que no sea capaz de estar 15 minutos delante del mar, es mejor que no vaya a ver esta película.
Y no lo dudé.
Manuel Rivas, sobre De Profundis.
Dario Sanz a las 12:47 AM | Referencias 0