18 de Enero de 2007
Mirones de pago
Uno de los pequeños y perversos placeres que tiene alojarse en hoteles buenos -además de llevarse los champús y las libretas que hay junto al teléfono- es la posibilidad de atisbar un pedazo de vida ajena. Una puerta abierta mientras caminamos por el pasillo hacia el ascensor, las cortinas descorridas de una habitación al otro lado del patio interior, las conversaciones en el ascensor en un idoma que conoces, esas cosas.
Y, por supuesto, la posibilidad real de tener como vecinos a una pareja fogosa dispuesta a aprovechar al máximo el precio de la suite. Pues ya no hace falta prestar atención. Llega el sexo bajo demanda a los hoteles. No vídeos bajo demanda, ni canales porno. No, una conexión en directo con una actuación porno y, atención, con la posibilidad de enviar sms para interaccionar con los actores, entre otras posibilidades.
No deja de ser una extensión de las cabinas de peepshow de los sexshops, pero con más intimidad. Tal vez me estén entrando delirios, pero también puede resultar interesante una buena bronca entre recién casados, por ejemplo, con sms en la pantalla: dile que su madre es una bruja o su hermana una guarra, esas cosas. O asistir a la elaboración de un programa de radio con un locutor enloquecido, aunque devoto y pedirle insultos o llamamientos a un golpe de estado en directo.
El caso es que en España no nos faltarían actores para esos papeles.
