16 de Enero de 2007
La revolución no mola
He empezado el año con María Antonieta y todavía no tengo claro que me ha parecido. Asi que, nada como un post para poner en orden las ideas. Primero lo que recuerdo con placer y aprovechamiento: Kirsten Dunst.
La protagonista está muy bien. Hay quien piensa que está hiératica y poco expresiva pero yo creo que no, que hace un espléndido ejercicio de contención, de mujer apasionada que no puede expresarse, atrapada en una corte asfixiante y un protocolo exagerado.
La ambientación, los decorados, el vestuario, todo es muy hermoso y un disfrute para la vista. Con la música tengo dudas. Sofía Coppola apuesta por arrfiesgarse y la película tiene una ambientación musical contemporánea, de punk y rock & roll y... Para mí, a veces funciona bien y a veces no. Por ejemplo, en una secuencia en la que la reina y sus damas de compañía se prueban y re-prueban docenas de zapatos y complementos, el ritmo pop es extraordinario.
En la secuencia de la fiesta de disfraces, también. Creo que eran los Adam & the Ants y le dan un contrapunto a los vestidos y las máscaras del siglo XVIII muy conseguido.
Sin embargo, en otras secuencias más íntimas, la música chirría lo suyo. Y me parece una tontería hacer la comparación con Kubrick al revés: como él hizo bailar una nave espacial con un vals, por que María Antonieta no va a poder bailar un rock. Pues no, en esta película al menos, no.
No entendí, en la secuencia de los zapatos, a qué vienen las zapatillas de deporte del siglo XX. Pero debo ser corto.
A lo largo de la película tuve la impresión de que Sofía Coppola me estaba haciendo una metáfora sobre el mundo moderno. Mostraba a una reina disparatada, exagerada en su frivolidad, pero no muy distinta de lo que hoy protagonizamos todos los habitantes -o la mayoría- del primer mundo. María Antonieta se mostraba como el epítome del lujo, la reina de la moda, de la ostentación, del despilfarro. Hoy ese papel es el nuestro, el de nosotros mismos rodeados de lujos y comodidades, alimentos de sobra, agua despilfarrada y mil tonterías inútiles.
Aquella reina era contemplada y envidiada por las masas hambrientas de una Francia prerrevolucionaria y atónita. Hoy son los habitantes del Tercer Mundo los que nos ven y los que quieren tener las mismas cosas que tenemos. Ni una más, ni una menos. La guillotina acabó con un estilo de gobierno y un descaro de la riqueza. No sé qué acabará con la desigualdad que reina hoy en el mundo.
