26 de Diciembre de 2006
Frenesí roedor
La fórmula "de los creadores de...", pensada para que los espectadores adultos se hagan una idea de lo que van a ver es también una garantía de la clase de película a ver.
Así que sumar el talento de los creadores de Shrek y de Madagascar supone que una película como Ratónpolis va a ser extraordinaria, pero lo cierto es que se queda en normalita. Y demuestra una vez más que sumar dos talentos, a veces no da cuatro sino medio.
Bastante mala fue El corral, una fiesta muy bestia, como para que también los creadores de… me defraudaran de esta manera.
Vayamos por partes.
Ratónpolis es, técnicamente, impecable. Fondos, expresiones, profundidad... La animación por ordenador está viviendo una edad de oro. Cincuenta años después del libro de la selva, el ordenador como herramienta para la animación ya es insuperable. No porque los animadores pretendan llegar a la realidad, sino precisamente para interpretarla, para que mientras estés viendo la película, el agua de esa película sea el agua, por ejemplo. Pero como entonces, cuando los fondos se dibujaban en en varios acetatos, si no tienes una buena historia de nada sirven las mejores herramientas.
Y la historia de Ratónpolis hace bastante agua, y no porque se desarrolle en las cloacas londinenses. Y esa incoherencia, esa falta de una historia provoca una especie de huida hacia delante. Así, el ritmo es tan frenético y alocado que no te deja disfrutar de nada. No pido que el cine de animación sea una constante película de Miyazaki, pero sí que no se deje contagiar por la fiebre de filmad, filmad, malditos sin tener ni la intención de hacer una buena película para pasar el rato.
Dibujar los personajes a base de retales de otras películas y de tópicos desganados o desarrollar la acción sin guardar el más mínimo orden no es una buena receta para hacer espectadores para el futuro. ¿O sí? Quizás ese sea el objetivo final: crear masas acríticas que lo consumen todo sin cuestionarse nada. Esto debe ser la depresión posnavideña.
Me voy a jugar un rato con el tren de Lego que me ha traído Santa, a ver si se me pasa.
