21 de Diciembre de 2006
La ministra de Sanidad está enferma
La entrada en vigor del Decreto que obliga a congelar el pescado que se sirve en los restaurantes es un divertido disparate si no fuera porque encubre un proceso mucho más grave.
El anisakis no es un parásito del pescado en general, sino circunscrito a unas determinadas especies de peces marinos y puede detectarse durante su preparación. La presencia del rastro que el parásito deja en todo tipo de pescado (incluso de río) se produce por la proliferación de las piscifactorías, que alimentan a sus peces con harinas de pescado en donde se encuentran esas sustacias, ese rastro. No es un problema de higiene de los restaurantes, algo que sí sería necesario abordar y muy en serio.
A diferencia de la triquinosis, por poner un ejemplo, que es un parásito del cerdo que puede afectar al hombre, y gravemente, los casos de ingestión del anisakis son más bien pocos, aunque también son graves. Pero la anisakiasis no es sólo una enfermedad sino sobre todo una alergia a determinadas sustancias del parásito.
Prohibir el consumo de pescado crudo es como prohibir a los alérgicos al polen que respiren en primavera. A nadie se le ocurre que para ayudar a las personas alérgicas haya que talar todos los árboles.
El problema no es que los restaurantes ya no puedan cobrar 60 euros por un plato de pescado fresco que no es tal, sino la progresiva medicalización de la sociedad. Nos están convirtiendo, ante nuestra pasividad, en débiles mentales incapaces de decidir sobre nuestra salud, sobre lo que podemos comer o no.
Y esa medicalización, ese decidir lo que mejor nos conviene despreciando nuestra libertad, lo contamina todo, incluyendo lo que podemos pensar, lo que podamos escuchar, lo que podemos leer o cómo vestir. Se criminaliza a los fumadores y a los bebedores, a los drogadictos y a los que comparten música. Y este proceso parece imparable. Es como aquel viejo poema de Bertolt Brecht: "Primero vinieron a por los judíos, y no me preocupé..."
Elena Salgado, ministra de Sanidad, puede que lleve una vida muy sana, pero está enferma, muy enferma.
