13 de Diciembre de 2006
Los derechos del lector
Este es un post de obviedades, y muy largo, pero me ayuda a aclarar mis propias ideas.
El lunes, el editor y escritor Enrique Murillo publicaba en El País (€) un artículo tan confundido como claro. El mensaje final era, por supuesto, que tenemos que seguir defendiendo a los fabricantes de galanes de noche y de bolsas de aspirador. El artículo mezcla sin sentido los libros electrónicos, la bibliofilia, los proyectos Gutenberg y GoogleBooks, las bibliotecas, la lectura, y por supuesto los derechos de autor.
Pero me temo que, además de los editores y escritores, los lectores también tenemos algunos derechos.
Vaya por delante que soy un bibliófilo aficionado y que tengo una biblioteca bastante amplia, que me gustan las primeras ediciones y los libros, sus encuadernaciones, y su carácter de objeto bello. Pero por encima de eso, soy un lector. Compro libros primero por su contenido, por su autor o por un algo indefinible que podríamos llamar "expectativa lectora", su capacidad de sugerencia desde el título o desde sus palabras en la contracubierta.
A la hora de comprar un libro, el lector paga por dos bienes, a saber: uno tangible, el libro en sí; y otro intangible, su contenido. Y ahora viene lo bueno: ¿qué pasa si sólo quiero el contenido? Hasta ahora, técnicamente no era posible disponer de un bien intangible sin su soporte tangible. No se podía separar el contenido -los pensamientos de Foucault, un suponer- del continente -la edición de 1976 del FCE de la Historia de la locura...-. Pero ahora sí.
Ahora, técnicamente puedo separar el objeto libro del pensamiento contenido en él. Puedo acceder al texto sin tener que almacenar un objeto asociado a él, sin que ocupe un espacio físico que quizás no tengo. Pero puedo leerlo.
¿Por qué tengo que pagar por dos bienes si sólo quiero uno?
¿Por qué tengo que pagar por leer el Quijote si Cervantes no va a ver ni un real?
¿Por qué no puedo pagar directamente al autor si me interesa su obra, pero no me interesa el objeto libro?
¿Por qué puedo prestar un libro pero no su contenido?
Como diría Juan José Millás, qué raro es todo.
