14 de Octubre de 2006
Las partículas elementales, de Oskar Roehler
Hace casi tres semanas que no iba al cine, así que tenía un monazo espectacular. A la espera de que se despejen un poco las colas para ver El laberinto del fauno, que tiene una pinta estupenda, opté por Las partículas elementales y vaya película más descarnada y sugerente.
Está basada en la novela del mismo título de Michel Houellebecq (que no he leído) y narra la historia de dos hermanos de madre con destinos y vidas bien diferentes, aunque tienen una trayectoria común basada en el abandono, el aislamiento y la incapacidad para alcanzar la felicidad.
Nada complaciente en sus planteamientos ni en su desarrollo, el director Oskar Roehler consigue transmitir una profunda simpatía por los protagonistas, sin juzgarlos, comprendiendo y haciendo que el espectador los comprenda y los acepte con sus problemas y sus traumas.
Jugando con las tramas paralelas y una historia que va hacia delante y hacia atrás según conviene, sin que uno se pierda en ningún momento, el amor, el sexo, la rutina ("cuando tienes un trabajo fijo, todos los días son iguales" se dice en un momento dado), el sacrificio, la valentía y la felicidad, componen un cuadro de emociones y vivencias descarnadas.
No es una película triste, yo diría que es hasta alegre en su canto a la vida, que es la única que tenemos, pero con el fondo amargo de que las oportunidades hay que atraparlas, que hay que coger el tren aunque suponga un esfuerzo corretear por el andén.
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