5 de Septiembre de 2006
Tiempos de amor, juventud y libertad
Me gusta el cine. Me gustan las películas. Entre las salas de cine y la televisión veo al año unas sesenta. Y al decir que veo digo que me concentro en ellas, que presto atención a la fotografía, a la música, los actores, los movimientos de cámara. Veo de todo: desde guerras galácticas a documentales, películas comerciales, comprometidas o inclasificables. De algunas de ellas escribo aqui y no escribo de todas porque no tengo tiempo. No escribo de ellas porque sea crítico de cine, sino para compartir mis reflexiones sobre lo que veo.
Pues bien, hacía mucho tiempo que no veía una película tan deslumbrante, tan increíble como Three Times (en España Tiempos de amor, juventud y libertad) del director Hou Hsiao Hsien. Es cine. No una lección de cine, ni de dirección, ni de nada. Es sólo cine. Si alguna vez tengo que definir lo que es el cine, esta película será el ejemplo perfecto, el paradigma.
La película está dividida en tres segmentos diferentes, épocas diferentes y sólo comparten los actores. Cada segmento empieza por el final, así como suena. Pero el espectador no lo sabe. Solo ves una secuencia breve, un momento de la historia en la que te presentan a los personajes y el escenario, pero sin antecedentes, nada. Sólo lo que ves. Y la cámara es tan objetiva que da miedo: hay momentos en que uno gira el cuello para poder apartar al que se ha puesto en medio y no te deja ver, atrapado en la ilusión de que estás metido hasta las trancas en la pantalla. Entre la secuencia inicial, el prólogo podríamos decir y el segmento en sí, un simple fundido en negro.
En el primer segmento, un hombre juega al billar con una mujer. No se cruzan ni una palabra. Las miradas, la actitud, el desarrollo de la partida explican qué hay algo naciendo entre ambos. Después se explica todo. De dónde han salido, cómo se conocen.
En el segundo, dos hombres y una mujer charlan y beben ante una mesa, mientras una mujer canta y toca una especie de guitarra. No hay más sonido que la desgarradora voz de la cantante y el rasgueo de la guitarra. Hay mucha soledad y dolor. Después sabremos que la mujer es una geisha, cuál es su relación con el hombre que atiende y porqué hay tanto dolor.
En la tercera parte, una pareja recorre calles y un puente en moto, en medio del tráfico, la mujer abrazada con fuerza a la espalda del hombre, muy atento al intenso tráfico. Sabemos que hay una historia muy intensa entre ellos que se explica a continuación.
La música, ajustada al milímetro al tempo de la historia y la película es muy especial. Aunque tiene muy pocos diálogos, toda la película gira alrededor del sonido, de la comunicación en sentido amplio, de lo que se dice y de lo que no, de lo que se escucha y de lo que no. Y también de lo que se escribe, pues en los tres segmentos, las cartas, adecuadas a cada época representada, son clave para el desarrollo de las historias, que en el fondo son una sola.
La fotografía, los movimientos de cámara, que son de seda de lo suaves y engrasados, los fondos, la luz. Es una experiencia inolvidable.
Tiempos de amor, juventud y libertad
El último film del cineasta Taiwanes Hou Hsiao-Hsien tiene como prólogo unas hipnóticas imágenes en el que vemos a unos jóvenes jugando una partida de billar, mientras escuchamos una canción de los Platters. Diríase que repite la jugada de Wong Kar-Wai, quien utilizara canciones de artistas populares occidentales (como Nat King Cole) como fondo de imágenes igualmente estilizadas, en su inolvidable Deseando amar. Más adelante veremos que Hsiao-Hsien no se conformará con recurrir al estilo de su homólogo en Hong Kong, sino que sólo lo utilizará para el primer episodio de un film que consta de tres. En éste, "Tiempo de amor", parece remitirnos a esa inocencia de tiempos pasados que lloró Tarkovsky en Sacrificio, pero sin necesidad de aludir a épocas medievales, sino a 1966 en la ciudad de Kaohsiung, donde los protagonistas se mueven por impulsos naturales, en un canto al amor que posee un optimismo cegador.
Para el segmento central, que se desarrolla en Dadaocheng en 1911, el realizador toma una decisión fallida, al rodar el material con un estilo narrativo convencional en términos actuales, pero aplicándole las limitaciones del cine mudo: no hay sonido, sólo unas espectaculares piezas de cuerda de acompañamiento, de modo que se nos dan a conocer los diálogos de los personajes a modo de intertítulos. El problema se debe a que esta forma primitiva de cine se llevaba a cabo en su momento mediante una técnica cinematográfica que trataba de ocultar esas limitaciones, mientras que Hsiao-Hsien rueda como si el audio no le fuera negado, para después eliminarlo en el montaje final, precisamente en la historia donde el diálogo hablado de los actores es menos accesorio. No obstante, el mensaje final está claro, y la extraña experiencia vale la pena, gracias sobre todo a unos minutos finales realmente emotivos. Al contrario que en el primer tiempo, donde los personajes encontraban el amor, en este "Tiempo de libertad" la joven protagonista perderá la oportunidad de vivir libre.
De esta forma, puede concluirse también el episodio final, en "Tiempo de juventud" es eso precisamente lo que no encuentran los jóvenes: la juventud. A cambio viven en un extraño estado de infancia, pero manchada por la enfermedad y la impureza de la edad adulta. La acción se desarrolla en el actual Taipéi, pero podía ser cualquier gran urbe occidental, así como la ciudad del futuro donde veían pasar la vida a gran velocidad los protagonistas de Solaris, también de Tarkovsky. La conclusión de este capítulo (y del film) es tan desoladora como enigmática, es uno de esos "lugares" de la historia del cine a los que vale la pena volver una y otra vez. El realizador nos ha hablado de épocas pretéritas con la ventaja que da el paso del tiempo, pero no encontrará ningún problema en proyectar su mirada sobre la malsana sociedad actual como lo haría un observador adelantado a su tiempo.
Manué | 7 de Septiembre de 2006 - 06:07 PMla película parece que promete, pero si no supiera lo que cuentas (darío) la descubriría con más gusto, esas cosas no se cuentan, el argumento, el final...
samuel | 24 de Octubre de 2006 - 03:25 PM