21 de Junio de 2006
Factótum
Henry Chinaski, estás despedido. Esa puede ser la frase resumen, el leit motiv de esta película, protagonizada con esmero y credibilidad por Matt Dillon. Siempre he tenido a Dillon por una estrellita de Hollywood, pero en este papel de Henry Chinaski, el trasunto del escritor Charles Bukowski, está inmenso. Bukowski, uno de los más grandes poetas del siglo XX, fue un tipo desabrido, que vivió en la calle alcoholizado la mayor parte de su vida. Ahora, Matt Dillon da una lección de cómo interpretar un personaje de forma tan contenida como creíble. Me ha encantado.
Por cierto, que uno cree que sabe inglés hasta que se mete en una película como esta y descubre que no entiende nada, que el slang, la jerga de la calle en Estados Unidos es un gruñido incomprensible para los oxonianos como yo. En fin, está ambientada ahora, pero podría ser en los 30 o en los 60 o dentro de 25 años, y sería igual de intensa, porque no hay un solo plano superfluo ni sobrante. Es una película sencilla, que establece desde el principio un ritmo, una pauta muy precisa, ese Chinaski, you’re fire, que se dice varias veces, pero no se repite. A lo largo del relato, la voz en off de Dillon lee una selección de apuntes autobiográficos de Bukowski que, para quien no conozca al escritor, dan buena idea de cómo y qué escribía.
Dirigida por Bent Hamer, autor de la extraña y divertida a su manera Kitchen Stories, tiene un reparto excelente, sin cargar las tintas, contenido pero intenso, y una cadencia que es como un poema: empleo, despido, alcohol, resaca, cuadernos grandes rayados, libretas pequeñas, cigarrillos, sexo y mucha gente. Personas en un lado u otro de la vida: marginales que comparten una petaca de licor; empleados que apuestan a los caballos para escapar de sus trabajos de mierda; chicas perdidas que comparten esas pérdidas; trabajadores rastreros, para quienes el empleo por mísero que sea es dios; jefes hijos de puta o alcohólicos comprensivos.
No es un relato triste, pero sí te coge por el pelo y te obliga a mirar. Factótum empieza con Chinaski entregando hielo en un bar y quedándose a tomar copas mientras la carga congelada se derrite en la acera. Y claro, Chinaski, estás despedido. Para mi, la secuencia más dura es el retrato de una sociedad que es la nuestra a través del retrato del padre de Chinaski, que lo considera un monstruo por no tener un empleo, por pensar siquiera en dedicarse a escribir. Mientras, en un rincón, la madre les mira sumisa sin atreverse a intervenir.
La única pega que le pondría es que es un filme para fans del escritor: si no se conoce algo de su vida, si no te has leído al menos alguno de sus poemas autobiográficos, no se comprenden algunas cosas. Por ejemplo, su relación especial con la música clásica. Por cierto que su banda sonora es muy buena, con blues urbano de Chicago y otros temas clásicos.
Es una película sobre la creación, sobre el acto de crear sin que haya nada más, sobre lo que se siente cuando tienes palabras dentro que lo único que quieren es salir, salir, quedarse fuera en un pedazo de papel. Comer, beber, follar todo es accesorio si tienes esa fuerza interior. Y el valor, claro para no dejarte engañar de ninguna manera y dedicarte a lo que te gusta de verdad. Es la historia de una pasión que no se puede detener y pocos escritores la han tenido de una forma tan radical como la de Charles Bukowski.
Estupendo artículo, Darío.
Ya tenía yo ganas de disfrutar de esta película.
Muchas gracias, Eva. La verdad es que la película es muy buena y si encima te gusta Bukowski, más.
Darío | 22 de Junio de 2006 - 11:45 AM