23 de Mayo de 2006
De latir mi corazón se ha parado
Con un título tan poético es difícil resistirse a la tentación de entrar en el cine y ver esta película. Y la verdad es que no defrauda mucho en términos poéticos, cargada como está de imágenes muy sugerentes y de impacto, aunque el resultado final deja algo que desear. Da la impresión que el director, Jacques Audiard, tenía entre manos varias buenas ideas, buenos planos, maravillosos actores y una mirada muy personal y no ha sido capaz de elegir entre todo y hacer una sola película.
De latir... contiene varias historias en una sola mal unidas por querer abarcarlo todo. Hay una historia brutal, de arribistas mafiosos que explotan un negocio inmobiliario especialmente sórdido: recalificaciones, violencia contra los inquilinos, abuso de poder... Historia que no termina de ninguna manera, no hay la más mínima reflexión del director sobre ello.
Otra historia es policiaca, violenta y oscura, de las de cine negro francés de toda la vida, que tampoco acaba aunque cubre todo el metraje. Una tercera lectura es la de las relaciones padres e hijos, que es la que abre la película con un arranque excelente, pero... que también se queda en nada. La última, y quizás más trabajada, es la historia de superación del protagonista, de su obsesión por la música, de su búsqueda de sí mismo a través de algo que dejó pendiente y que ahora trata de retomar sin saber que a lo mejor ya no se puede. Es también una reflexión sobre la incomunicación humana y cómo las palabras pueden ser un obstáculo a la hora de expresar algo.
De latir... no es mala ni mucho menos, pero quiere ser demasiadas cosas y pierde un poco la perspectiva y se la hace perder al espectador, aunque los movimientos de cámara, la imaginación de las imágenes y, sobre todo, el espléndido trabajo de Romain Duris, el protagonista, valgan la pena.
