4 de Abril de 2005
Más doctrina que información
En general, la cobertura de los medios audiovisuales de la muerte de Juan Pablo II ha sido más doctrinaria que informativa. Para la televisión lo importante es estar, aunque la imagen sea nula televisivamente hablando. Y no se salva ninguna cadena, al margen de que con mis impuestos se le está dando una relevancia excesiva en los medios públicos. En los otros, la audiencia de las interminables conexiones es la que ha sido.
Creo que se ha producido una conjunción de tres factores: primero generacional, ya que ninguno de los muchos comunicadores y presentadores de telediarios desplazados a Roma vivió las anteriores muertes y lo han tomado como un desafío personal tipo “yo estuve allí” y “esto es historia”.
El segundo es lo que yo llamo el síndrome cnn, es decir, la posibilidad de ser una cadena todo noticias durante al menos unas horas, perdiendo de paso su personalidad y abrumando a la espectadores con toda clase de datos, inconexos la mayoría, sin analizar y, sobre todo, repetitivos.
El tercero es una consecuencia del anterior y se resume en el refrán: burro grande, ande o no ande. Cuántas más horas mejor o vamos a darlo todo, parecen pensar. Todo para que en los resúmenes y memorias que se harán sobre la cobertura informativa la cadena tal figure con 700 horas de emisión, 35 desplazados, etc.
No mencionarán que la audiencia les dio la espalda. Y si no les dio la espalda, ¿cuál es el porcentaje de cautivos de una emisión que retransmiten todos y para la que no hay alternativa? Por cierto, que este es un fenómeno cíclico todos los 24 de diciembre. ¿Qué audiencia real tendría el discurso del Jefe del Estado si hubiese alternativas?
